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TV El sueño del programa propio

Según un dicho ya popular, aquel o aquella que no están en televisión no existen. Usted puede evitar esa peligrosa sensación de transparencia. Para eso está el democrático cable, una opción que dista de ser imposible. En esta guía, pautas, precios y riesgos de la aventura

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LA NACION
Domingo 01 de agosto de 1999

Con 5.200.000 abonados, la Argentina está entre los primeros países del mundo en cantidad de personas que cuentan con televisión por cable. De un lado, millones de televidentes. Del otro, muchos canales y una oferta potencialmente infinita. Haciendo un rápido zapping por las decenas de señales de cable, se encuentran las personas y personajes más diversos. Desde cocineros, periodistas, amantes del deporte, divulgadores de hobbies, cultores de lo esotérico, viajeros y vendedores ambulantes. Hay de todo, en un variado espectro de más de 60 canales que transmiten las 24 horas.

Varios han alcanzado algún tipo de suceso, pero es conveniente saber que el riesgo se multiplica en el caso de los que no tienen experiencia. Primero hay que ver si el tema y su realización son aprobados por la emisora (sí, hay una selección, aunque usted no lo crea). Después, vencer la timidez. Y, por último, cuidarse de los tropezones económicos.

Los costos han bajado bastante: contando con un mínimo de 3000 pesos mensuales, ya se puede pensar en hacer un programa básico de media hora, una vez por semana. Para agregarle calidad (y tentar a los anunciantes), la cifra puede ascender a 6000 o 7000 pesos. Pero recuperarlos no es la tarea más fácil, ya que los auspiciantes no abundan.

Los costos dependen de la habilidad que cada uno tenga para negociar
Los costos dependen de la habilidad que cada uno tenga para negociar.

A pesar de las dificultades, llegan a las productoras de cable miles de propuestas de personas que ansían tener su propio programa.

Quizá, lo primero que habría que preguntarse en caso de querer incursionar en este terreno es si se tiene habilidad para negociar, ya que todos los costos son conversables.

Rosario Lufrano, por ejemplo, aterrizó en el cable después de su salida de Telefé. Pero, con su programa, tuvo que ajustarse a una nueva modalidad: "Me he convertido en empresaria. Hay que salir a buscar los anunciantes, negociar los costos con el canal, negociar los costos del piso, contratar a productores. Se acabó el hecho de cobrar un sueldo. Ahora, en el cable, yo decido, pero también corro los riesgos", dice Lufrano, conductora de Luces de neón.

Dónde dirigirse. Los que viven en la Capital, tienen dos opciones: CableVisión o Multicanal. Ambas emisoras tienen una empresa que se encarga de la comercialización de los espacios: Pramer, de CableVisión, y Buenos Aires Televisión, de Multicanal.

"Mucha gente cree que es fácil hacer un programa, pero se equivoca. Tener una idea no es suficiente. Esa idea necesita desarrollo y producción, y hay gente que no está decidida a invertir" , dice Sergio Bevilacqua, gerente general de Pramer.

"Hay que pagar un productor, un buen estudio y demás elementos que se necesitan para tener un buen programa. Pero así como hay miles que se rechazan, también es cierto que hay cientos que están en el aire", dice el gerente.

En primer lugar, les preguntan qué tipo de programa se va a hacer. De esto depende en qué señal se podría emitir: de arte, documentales, infantil, interés general, deportes, música, un magazine.

"Por ejemplo -dice Bevilacqua-, si la persona quiere hacer un programa político, podría ir en P&E (un canal dedicado a política y economía), o en canales de noticias.

"Acto seguido hay que acercarse a quien maneja la señal. Cuando esta persona reciba la propuesta, seguramente va a pedir un piloto, que podría convertirse en un programa número uno si se aprueba el proyecto. Una vez aprobado, cada uno de los canales va a tener una diferente forma de encarar el negocio", continúa.

Según Fabián Vázquez, responsable de programación de Plus Satelital, para integrar la programación de esa señal hay que tener una cara más o menos conocida, y la temática debe ser de interés general. Pero canal à, por ejemplo, "tiene otros códigos y una expectativa diferente en cuanto a programación", dice Guillermo Patiño Meyer, encargado de programación.

En el canal de deportes América Sports se tiene en cuenta la gran competencia con otros canales como Fox, ESPN y TyC, y se exigen programas de gran calidad.

Cuánto cuesta. Hoy, en el cable, todo es negociable. Los costos no son rígidos, pero se requiere habilidad para bajarlos. De todos modos, la tendencia es a la baja, por tres motivos.

Los equipos son más baratos: hasta las cámaras son más accesibles.

Muchos profesionales que trabajaban en relación de dependencia en los canales abiertos se quedaron sin empleo e instalaron su propia productora, por lo que la oferta de fierros (cámaras y demás aparatos) es muy interesante.

La recesión hace que la competencia sea feroz, y que una persona con un proyecto pueda recurrir a varios estudios solicitando mejores precios. "El cliente se ha acostumbrado a regatear constantemente el precio, cosa que no ocurre en otros países que tienen costos más bajos en cuanto a equipamiento, y por otro lado tarifas más altas", dice Eduardo Plátano, gerente de planta de Videograbadora, empresa dedicada a la posproducción.

A la hora de hacer un presupuesto, Gabriel Buono, gerente de Buenos Aires Televisión, recomienda calcular hasta el último gasto de teléfono, remises y biromes. "Ahí están los grandes desfases que tiene la gente que calcula que el programa le va a costar determinada suma, pero que termina costándole mucho más."

Pero, ¿cuál es el costo concreto? A grandes rasgos, se podría decir:

Un espacio en cable cuesta entre 1000 y 2000 pesos la hora. Depende del horario y de la señal. El horario más caro es entre las 19 y las 23. En algunos casos (en pocos, en realidad) hay acuerdos de coproducción con el canal. Pero el canal prefiere, casi siempre, cobrar el espacio sin correr riesgos ni involucrarse en la publicidad.

"El criterio lo maneja quien está a cargo del canal, que sabe qué programas tienen posibilidad de tener una buena audiencia, que sería más o menos medio punto de rating, es decir, unos 40.000 televisores encendidos", dice Bevilacqua.

En el canal à, por ejemplo, pueden llegar a dar el espacio en forma gratuita si el programa es interesante, porque los buenos programas levantan y mantienen la calidad de la señal. "A veces el canal no tiene un ingreso, pero lo atractivo del programa hace que el canal lo tenga en el aire", agrega el gerente de Pramer.

En Plus Satelital, el costo del espacio varía de acuerdo con el horario en que se emite. Cuesta, de 6 a 12, $ 1000 por programa; de 12 a 19, 1500, y de 19 a 1, 2000 la hora. Es una tarifa general, conversable. Este canal es más caro que el resto porque va a todo el país y también al exterior: llega a casi todos los países de América del sur, menos a Brasil. Ofrece una salida con 5 millones de hogares y 15 millones de televidentes. "A veces cobramos un poco más barato y damos tiempo para que el programa se encarrile", dice Fabián Vázquez, responsable de programación.

En una señal satelital de Multicanal se cobra entre 1500 y 2000 pesos la hora y se llega a dos millones de hogares. "Hay que tener en cuenta que éste es el precio de lista -dice Gabriel Buono, de Buenos Aires Televisión-. Si el programa se graba en nuestros estudios, hacemos un paquete y bajan los precios."

En P&E el costo es de 1500 pesos por hora, en cualquier horario, y 750 por media hora. Adrián Cibin, director de programación, explica que si el programa es bueno, pero tiene dificultades para sostenerse, la emisora realiza lo que llama rescate o salvataje del programa. "Se lo toma en consideración para que pueda remontar los primeros meses, que son críticos para atraer a los anunciantes."

El espacio suele ser lo más caro. Después están los gastos propios de la producción del programa. Rosario Lufrano dice que su programa le insume entre 6000 y 7000 pesos por mes, en total. Esto incluye el espacio en el aire.

Hay programas más baratos. Según los cálculos de Buono, "a un señor solo, sentado a la mesa en un estudio, hablando de filosofía, puede costarle el programa unos $ 3000 por mes. Ahora, dudo que alguien lo vea".

En cambio, para Patricia Miccio los costos son mucho más elevados. Más del doble, porque utiliza más cámaras, reportajes internacionales y efectos especiales, de los que se añaden en la posproducción.

Un buen piloto. Después de haber presentado la carpeta y de haberse dado una idea de los costos del aire, el siguiente paso es grabar el piloto, que es como un programa de muestra.

Si no se tiene ni idea a quién recurrir para realizarla, tanto Pramer como BAT hacen sus recomendaciones. Buenos Aires Televisión, por supuesto, recomendará sus propios estudios, y un precio de paquete si es que el programa se piensa emitir por Multicanal. Pramer, por su lado, cuenta con una lista de productoras que pueden hacer el trabajo y, además, asesorar a los novatos.

Según Plátano, la industria del piloto en la Argentina es un gran negocio, porque todo el mundo quiere hacer televisión.

Hay infinidad de pequeños estudios que pueden hacer pilotos. Consultadas varias productoras, se llegó a las siguientes cifras:

El uso de un estudio, durante ocho horas, cuesta 850 pesos, y media jornada, 550 pesos más IVA. El estudio incluye cámaras, iluminación, sonido, operador generador de caracteres, director, microfonista, maquilladora. Afinando los números, se pueden conseguir estudios por 2000 pesos por mes, para una hora por semana.

Hay que ver también qué tipo de estudio se necesita. En Buenos Aires Televisión, un estudio de 200 metros cuesta entre 200 y 350 pesos la hora. Incluye el director, los camarógrafos, sonido, iluminación, musicalización. "Si grabás un programa de una hora, podés tener una hora o dos de armado de la escenografía. Ese tiempo se cobra un 50% del valor del estudio", explica Gabriel Buono.

Hasta hace poco tiempo, los estudios no se alquilaban por menos de media jornada, pero desde que llegó la crisis, todo es conversable.

Un cassette virgen cuesta 55 pesos más IVA. Para un programa de media hora que va a ser editado, se graban hasta 8 cassettes de media hora (que cuestan 30 pesos). Si el programa es en vivo, el costo es menor.

La edición: está entre 30 y 70 pesos la hora. Para un programa de media hora se necesitan entre 8 y 12 horas de edición. Una jornada entera de edicion cuesta 560 pesos.

Los programas en vivo son más baratos porque no hay una edición posterior. En un programa en vivo, también se pueden insertar notas pregrabadas, como una encuesta en la calle, lo que encarece un poco los costos.

El equipo para hacer grabar (camarógrafo y cámara) cuesta 400 pesos más IVA la jornada de 8 horas. Otros cobran entre 150 y 300 pesos, dependiendo de la calidad de la cámara.

A título informativo, conviene saber con qué bueyes se ara, o, mejor dicho, con qué cámaras se filma.

Según el productor Daniel de Luca, el sistema que más se usa es el Betacam SP. Es un sistema profesional y tiene el doble de definición que una filmadora hogareña. Una cámara cuesta unos 20.000 pesos.

Le sigue un sistema digital, llamado DV Cam. Este sistema tiene una calidad un poco mejor que la del video hogareño y es la novedad del mercado. Aunque no es del todo profesional, se está empezando a ver en el cable: tiene un costo mucho menor que el Betacam.

Una jornada de Betacam puede costar unos 300 o 400 pesos, según el equipamiento. Incluye micrófono corbatero, luz y filtro. En cambio, una DV Cam, cuesta entre 200 y 250 pesos la jornada.

A esto se suma el sueldo de un productor: su función es lograr que todos los elementos que se necesitan para hacer un programa estén: tener un estudio, los invitados, manejar los tiempos, cuántos bloques, cómo se dividen los bloques, generar producciones externas. El productor tiene que organizar todos los elementos y secuencias para que el programa se pueda grabar. Es el que llama, busca, investiga. Gana de 500 a 2000 pesos por mes, aunque todo es relativo. Algunos ganan más, y otros menos.

Muchos conductores son sus propios productores, pero producir no es una tarea facil, y lo más aconsejable es que haya un profesional en ese puesto.

Conviene pensar el piloto como un programa número uno, porque si al director de la emisora no le gusta será rechazado.

"Podés tener el producto, pero no el aire -dice Emilio Cartoy Díaz, director de Tea Imagen-. Es un engaña-pichanga pensar que cualquiera tiene un programa."

A Fabián Vázquez, de Plus Satelital, le llegan tres o cuatro pilotos por semana. "Los pilotos se ven enteros cuando el producto te atrapa. Cuando empezás a avanzar rápido con el control, es porque algo no anda bien."

Rulos y moños. Con el material que se filmó en el piso o en exteriores se va a una isla de edición y se pasa a otro tipo de cassette llamado máster, que es el que finalmente se entrega al cable.

Cuanto más editado esté el programa, mejor. Según De Luca, para 15 segundos en el aire se necesitan unos 10 minutos de filmación. Pero, claro, esta edición tan minuciosa eleva los costos.

La manera de editar el programa es cada vez más importante. Desde que las computadoras se sumaron a la edición, todo cambió. El antes y después puede compararse al pasaje de la máquina de escribir a la computadora. Mientras que en la primera un error en un párrafo significaba tener que volver a tipear toda la página, en la computadora se puede borrar, cortar y pegar a gusto y cuantas veces sea necesario.

"Creo que cuando la gente hace zapping, se queda con la imagen y después va al contenido", dice Patricia Miccio, que tiene un programa llamado Temporada de Patos, uno de los más altos en cuanto a costos en el cable. Patricia apostó a una edición muy cuidada, con posedición y efectos especiales.

De Luca está de acuerdo con este concepto. "Hay programas de cable que parecen programas de radio en televisión. Se olvidan de que la televisión implica imagen, diseño, música, ritmo, efectos, y no todos lo hacen."

La posproducción es cada vez más sofisticada. Hay una consola generadora de efectos que hacen que explote la imagen, por ejemplo, o que la imagen dé vuelta como si fuera un página.

En el Centro de Arte Electrónico (CAE) de Buenos Aires Televisión se trabaja exclusivamente en estos efectos.

"Hoy no se concibe un programa sin arte gráfico. Es el envoltorio y el moño del programa. Ahora todo tiene gráfica y animaciones", dice Ariel Hassan, jefe de posproducción del CAE, que tiene sólo 24 años.

En el CAE se hacen animaciones, logos, diseño gráfico, aperturas. Se realiza también escenografía virtual, que es más barata que la escenografía común y una manera interesante de bajar los costos.

"Para mí es lo mismo trabajar sobre un programa de aire que de cable -dice Hassan-. La gente tiene los mismos ojos para ver los dos. Hoy todos los programas necesitan el apoyo del firulete. Y además no es difícil de hacer."

Quién sí, quién no. La conductora de un programa de cable que encarna Antonio Gasalla ya forma parte de la mitología popular: la que hace la pregunta equivocada, la que le habla a la cámara equivocada, la que se viste con el ropero entero y se maquilla como un siux que va a la guerra. Dicen que esta raza, tan habitual en el cable, tiende a desaparecer.

Según Daniel de Luca, también productor, con la salida del aire de mucha gente, el cable se ha enriquecido con figuras. "Antes el cable lo hacían aficionados para aficionados, pero con este nuevo grupo de estrellas la cosa cambia."

Para la productora Lucía Suárez, que trabajó en Telefé, Canal 9 y América, "antes los programas de cable consistían en cuatro tipos que utilizaban una iluminación precaria, escenografía pobre y una elaboración artística mínima. Hoy se ha levantado el nivel artístico".

Según Bevilacqua, se han rechazado programas por causas estéticas y por la calidad del producto más que por el contenido. "La única limitación en el contenido que ponemos es que los programas se ajusten a las leyes. No somos censores, de ninguna manera."

Pero hay rechazados memorables para los gerentes. "Hubo un caso de un músico que no lograba vender sus discos. Entonces quería tener un programa para mostrar su propia música, no la de otros. Era insostenible, porque era tan malo lo que hacía que el motivo por el que la grabadora no lo convocaba era porque la calidad era pésima", dice Bevilacqua.

"Hay también grupos étnicos que quieren hacer un programa como forma de comunicación con los suyos. Por ejemplo, hace más de 10 años había un canal coreano. No teníamos a nadie que hablase coreano que pudiese entender lo que pasaba. Hasta que hubo un problema porque pasaron una película que recién había sido estrenada en cine. Eso hizo que se terminase aquel episodio. Se abusaron porque no entendíamos el idioma."

Trucos útiles. Los debutantes en la tele deben saber que existen trucos útiles, como una buena iluminación y bajar el nivel de las cámaras para que no se noten las arrugas.

En Tea Imagen se puede aprender el manejo y conducción frente a cámara, cómo sentarse bien, qué hacer con las manos, cómo preparar machetes de ayuda. Emilio Cartoy Díaz da algunas recomendaciones generales:

Si el flequillo cae sobre los ojos, la sombra que se proyecta hace que parezca que los ojos tienen bolsas.

El reportaje no es fácil, como algunos creen. Hay que pensar si va a ser intimista, agresivo, incisivo, complaciente, de asalto, temático...

Si la persona camina de acá para allá, y no se dirige a ningún lado, no tiene sentido. A veces los novatos piensan que el ritmo del programa pasa por ahí.

A veces las tomas van a las manos, cuando las manos no revelan nada. Sólo tiene sentido si la toma dice algo, un cierto nerviosismo, un tic, las uñas comidas, algo.

La experiencia de Teresa Garbesi en el cable también da para conocer algunos trucos: "Hay que tener en cuenta que en el cable la iluminación no es tan buena como en la televisión abierta. Por eso hay que tener muchísimo cuidado con el maquillaje. Tiene que ser opaco, esfumado y engamado. De otra manera, en cámara parece que la cara tuviese manchas.

"Los hombres se tienen que sacar el brillo con un polvo compacto del mismo color de su piel. No conviene mover demasiado los brazos. Y al sentarse en un sillón, lo ideal es no hacerlo en el medio. La idea es no hundirse. La persona que hace la escenografía tiene que tener en cuenta que el sillón sea duro."

Buscando sponsors. En el cable las preocupaciones no pasan por el rating, sino por los sponsors.

"En Estados Unidos la publicidad en cable creció un 15% -dice Gabriel Buono, de Buenos Aires Televisión-. Acá todavía se tiende a ir más a la televisión abierta. El mercado publicitario en el cable es muy incierto. No hay tarifas. Hay señales que se venden en 20 centavos el segundo y otras en 20 pesos. Pero éste es un año muy complicado."

Conseguir sponsors es lo más arduo, porque la cosa, casi siempre, se mueve por medio de contactos.

En el cable se pueden pasar 12 minutos de publicidad por hora, aunque muchas veces se utiliza menos.

Silvina Chediek tiene una larga trayectoria en el cable, pero sólo este año dejó de percibir honorarios fijos: debutó como productora. "Es todo un aprendizaje el hecho de salir a vender los avisos -dice-. Lo estoy haciendo personalmente y en un año muy difícil. Vender un aviso no es instantáneo. Tenés que conocer a la gente, visitarla. Y tardan más o menos un mes y medio en contestarte. Preferiría no tener que hacerlo."

Cristina Mucci, por ejemplo, con su programa Los siete locos, tiene un mercado cautivo en las editoriales. Esa idea de apuntar a determinado segmento publicitario es lo más recomendable, si es que se quiere subsistir en el aire.

"Hay más de una variante en el tema de la publicidad -dice Bevilacqua-. Hay casos en los que el canal vende la publicidad en conjunto con el programa. En otros, enteramente la publicidad queda a cargo de quien trae el proyecto." Pero no hay que hacerse ilusiones, porque esto no es lo común.

Según Vázquez, los programas que se pasan en horario nocturno, conducidos por primeras figuras, son los que más se cotizan. "Hay un grado de cholulismo en las empresas también: quieren estar con las estrellas."

Pero las grandes figuras también se ven preocupadas por el tema. "Para que los números terminen de cerrar, hay que racaudar unos 15.000 pesos por mes, consiguiendo auspiciantes que pongan entre 1500 y 2000 pesos por mes", dice Lufrano.

Según la conductora, las empresas ponen un auspicio de tres meses, y después rotan, es decir, se van a otro programa. "Antes las empresas te acompañaban todo el año. Ahora hay que ver cómo reemplazás al que se va."

Al igual que en el aire, los chivos en el cable están a la orden del día. Es más, hay programas que no son más que una seguidilla de publicidades. A veces la ganancia está en los beneficios personales que se logran mediante canjes. Por ejemplo, viajes, estada en hoteles, comidas en restaurantes, celulares y hasta autos. El canje da para todo.

Silvina Chediek dice que hay que diferenciar los programas con contenido de aquellos que no hacen más que publicidad encubierta. Será porque ella, desde su programa Letra y música, no vende nada.

Pero esto no es común. "En algunos programas de cable se cuida más el chivo que en algunos de aire -afirma Buono-. Nosotros no podemos prohibir el chivo, porque acá se vive de eso. La idea es que sea lo más prolijo posible."

Pero Chediek es uno de los casos en que el canal hace una coproducción, y facilita el aire, simplemente, porque quiere que ese programa exista.

Una placa a la entrada y a la salida del programa puede costar unos 700 pesos por mes. "Pero -según De Luca- las empresas terminan pagando lo que tienen."

¿Quiere ganar dinero? "Una persona que tiene un programa de cable puede llegar a ganar plata, o no -dice Bevilacqua-. Depende del tipo de programa que se tenga. Un programa sobre la actividad minera, por ejemplo, seguramente tiene muchas más posibilidades de financiarse que un programa sobre crítica literaria. Pero quizás el que hace el programa sobre crítica literaria lo hace con tanto amor y cariño que no le importa ganar dinero. En el cable es común que haya gente que tiene otra actividad, y que ha encontrado una forma de comunicarse."

Por ejemplo, Federico Peralta Ramos se entusiasmó con el hecho de difundir de manera fácil y divertida, grandes hechos de la historia de la humanidad. O quienes hacen Caballos de hierro, un programa sobre trenes, apostaron a que un día los pueblos de la Argentina logren comunicarse entre sí a través de una eficiente red ferroviaria.

Porque, se sabe, estamos en la era de la comunicación. Para muchos ésa es la cuestión. Por eso el cable abre posibilidades, responsabilidades y también desafíos. Hay riesgos, y también gratificaciones. Estar en el aire es hoy una opción más que tentadora.

Un poco de historia

Los canales de producción propia nacieron en 1983. Ahí se crearon los tres primeros: deportes, cultura y cine. La producción se realizaba a menor escala que en un canal de aire, porque era para un grupo pequeño de abonados. No había profesionales del cable. Se trataba de copiar algo de la televisión abierta y adaptarlo a los presupuestos. A medida que el cable fue creciendo, los presupuestos se hicieron mayores. El cable se profesionalizó, hasta llegar al día de hoy en que hay muchos programas de cable que pasan a la tevé abierta. La productora Lucía Suárez, una de las más conocidas del medio, sólo ahora mira al cable con respeto. "Hoy, el cable no me parece que esté un escalón abajo de la televisión abierta -afirma-. Ahora la televisión abierta exige programas que garanticen el rating. En el cable no existe la presión de un contenido que abarque a una masa de gente, y cuyo nivel debe bajarse. Es una oportunidad para aprovechar."

Ligas mayores y menores

Según Emilio Cartoy Díaz, en el cable hay ligas mayores y menores. La categoría uno sería un programa local en una población de entre 1000 y 10.000 habitantes, y la categoría ocho, una población de más de 1.500.000 habitantes.

"Una cosa es un programa para un canal local, y otra para una señal nacional. Dentro del cable son importantes los programas más chicos, de pueblos en donde todos se conocen, porque transmite lo que le pasa a la comunidad."

Los programas que se realizan en el interior muchas veces abren los ojos a un país demasiado centralizado en la Capital.

Los premios 98 de la Asociación Argentina de Televisión por Cable (ATVC) distinguieron a dos excelentes documentales realizados en el interior. La muerte privatizada, de Santa Cruz, y El Che en Alta Gracia, hecho en Córdoba.

¿Cuánto cuestan las señales por hora?

Plus Satelital: se transmite a todo el país, y a América latina. La hora de emisión cuesta de 1000 a 2000 pesos, según el horario: de 6 a 12, 1000; de 12 a 19, 1500, y de 19 a 1, 2000.

Ideas: $ 1000 por hora de emisión, se emite en Capital y GBA por CableVisión.

P&E: $ 1500, en cualquier horario, y llega a todo el país.

América Sports: 700 y 1500 pesos la hora emitida. De 19 a 24 es el horario más caro.

Canal à: la hora cuesta $ 1500. Este canal también tiene producción propia y coproducciones.

Magazine: $ 2000 por hora. Va a todo el país y a países limítrofes.

Metro: $ 1000. Se ve en Capital Federal y GBA.

El contrato

La empresa puede modificar el horario y día de la emisión del programa.

Puede modificar la duración del programa, comunicándoselo antes a la productora.

La empresa tiene el derecho de verificar la calidad técnica, artística y los contenidos de cada emisión, y se reserva la facultad de excluir total o parcialmente aquellos programas que no resulten aptos para su emisión.

Se debe entregar una ficha del programa conteniendo el título del mismo, los minutos exactos de duración, la fecha programada de emisión y nómina de anunciantes.

Los segundos publicitarios en pantalla que la productora comercialice con terceros anunciantes dentro del programa, deberán ofrecerse al precio mínimo determinado por la empresa, que a su vez puede autorizar descuentos promocionales determinados y vigentes por plazos no mayores a los 30 días. La empresa se reserva el derecho de aceptar o no a los anunciantes.

La publicidad que se emita será facturada a los anunciantes por la productora, que tendrá a su cargo el pago de los impuestos que correspondan.

La empresa se reserva el derecho de no emitir publicidad directa o indirecta que se incluya fuera de la tanda, en el espacio artístico.

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