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JOSE LUIS OLIVER El humor se mudó al cable

Se convirtió en cómico vendedor a causa de un estupendo aviso de combustibles. Después, pasó por las aventuras y desventuras de la TV abierta y su implacable sistema de mediciones. Se animó a decir públicamente que un programa que hacía era horrible, y ahora se siente más tranquilo actuando en canales de cable

Domingo 04 de julio de 1999

En el comienzo fue Parque Chacabuco. Allí José Luis Oliver aprendió que las cosas se obtienen y se pierden y que todo puede ser bello y triste y divertido. Allí creció, y un día supo que la magia ya era cosa del pasado, que el bar de la esquina se oxidaba de aburrimiento, que las barrancas del parque se llenaban de tetrabricks y jeringas desoladas, que papá había muerto. En Parque Chacabuco, Oliver recibió el manual La vida, instrucciones de uso. El padre del niño Oliver era ingeniero militar. Construía caminos, y rutas y puentes, y Oliver recuerda cuando tuvo 10 años.

-Cuando mi viejo, Francisco, falleció de una enfermedad, quedamos mi mamá Nelly, yo y dos hermanos más grandes. Mi vieja apechugó como pudo.

El niño Oliver recuerda a papá Francisco en las tardes de sábado. Mate, amigos, y los monstruos de goma, los extraterrestres increíbles de Sábados de superacción servidos en tierna ronda televisiva.

"Vamos a ir por el I-Sat con un programa que se llamará Cenando tarde. Son dos cocineros muy funkies. Hay interés en llevarlo a la tevé abierta, pero probarlo en cable es ideal, porque l
"Vamos a ir por el I-Sat con un programa que se llamará Cenando tarde. Son dos cocineros muy funkies. Hay interés en llevarlo a la tevé abierta, pero probarlo en cable es ideal, porque l.

-Si pudiera, reviviría algunos de esos sábados a la tarde con mi viejo. Pero nada lo dice con melancolía o pena este hombre de 38 años, padre de Maribel, de 14, y de Indiana, de 6, esposo de una directora de escuela, en segundas nupcias. Oliver es el hombre tranquilo.

-No soy nada arriesgado. Lo más riesgoso que he hecho en mi vida ha sido andar en sulky. En los momentos de peligro no me sale adrenalina. Me sale más bien eso otro que te huelen los perros y saben que tenés miedo y te muerden.

Su casa está en un pasaje con aires mexicanos, rebosante de Santa Ritas y abejas, en el corazón de Belgrano. En la casa de Oliver, bajo el ventilador de techo y sobre un mueble de madera oscura, hay una foto del Sai Baba en túnica anaranjada. Oliver sigue la filosofía del Sai Baba desde 1977.

-Con lo hindú me enganché por mi primera novia. Me gusta muchísimo el mensaje del Sai Baba. La gente está en si el Sai Baba hace relojes, si materializa cosas. Yo medito todos los días, pero no soy Nacha Guevara ni Silvia Pérez, no necesito salir diciendo: "Ay, soy devoto del Sai Baba". Me interesa el mensaje del tipo, que dice que hay una sola religión, que es la del amor.

En el camino de la vocación actoral, el dinero para pagar el alquiler y las expensas supo encontrarlo en otras arcas durante bastante tiempo.

-Fui ascensorista en el Policlínico Bancario. Era lindo cuando te tocaba el ascensor que iba al quirófano, porque había poco movimiento, pero te tocaba el del hall central cuando venían las visitas y era desesperante. Los ascensoristas desbalanceábamos el ascensor para que se quedara trabado. Había una técnica que consistía en empezar a correr y tirarse contra las paredes del ascensor, se trababa, y tenías más o menos 40 minutos para descansar.

Descansar. En un cubo cerrado colgado sobre el suelo en un cuarto piso. -¿Sabés lo que es poder parar 40 minutos y no tener que estar primero, segundo, tercero, cuarto, sin parar?

Después de los ascensores, engañó a un empleador diciéndose experto y empezó a trabajar como asistente de jefe de Costos. En una multinacional.

-... que hacía servicios de comida. Era desesperante. Al que me tomó la entrevista lo recontraengañé. Para mí, costos era cuánto tomate usaste, cuánto sale la lata, dividimos y lo tenemos. Bueno, no es así. También hay mozos, transporte, tiempo. Cuando me di cuenta, entré en pánico. Pero a mi jefe le caí simpático y me enseñó todo desde cero. Ahí hacíamos unas bromas terribles. Las puertas de nuestras oficinas estaban partidas en dos. La parte de abajo y la de arriba se abrían independientemente, como las caballerizas. Siempre nos preguntábamos qué pasaría si aparecíamos desnudos de la cintura para abajo y manteníamos la parte de arriba de las puertas cerradas, si la gente sabría quién era quién. Un día lo hicimos. Los pantalones por el piso. Desnudos, pero con las caras tapadas. Nos moríamos mientras escuchábamos que del otro lado se armaba un revuelo total. Enseguida nos subimos los pantalones y volvimos a trabajar. Cuando vino el jefe de personal, mi jefe, que era recareta, le dijo que tenía que ser un rumor, porque él había estado ahí todo el tiempo y nada de eso había pasado.

Inmediatamente después llegaron las papas. Fue repartidor de papas con los muchachos del barrio, y fue balanceándose sobre un camión destartalado, cubierto de tierra y de risa junto a los amigos de la infancia, cuando se dio cuenta de que era dueño de cierto histrionismo. En 1988, empezó a estudiar actuación con Pompeyo Audivert. Un día creó un personaje y se lo mostró a Omar Viola, dueño del Parakultural.

-Era un exhibicionista muy grotesco, que usaba un saquito con capucha, muy pálido, tenía unas ojeras negras, parecía el Tío Luca, y su latiguillo era: "Por suerte ahora estoy bien". Pero por las cosas que contaba el tipo, se veía que estaba muy mal. Se lo mostré a Omar, y al otro día debuté.

Fue la publicidad de YPF -aquella en la que Marcelo Mazarello le hacía jurar que no usaría la nafta para correr picadas, y él, obediente y gordito, levantaba la mano jurando que no- la que le regaló un involuntario pasaporte con visa de un año de permanencia en la televisión abierta. Rodolfo Ledo vio la publicidad y quiso a Mazarello para hacer de quiosquero en Naranja y media.

-Mazarello le habló de mí y al otro día Ledo y Francella nos tomaron un casting. Ledo se moría de risa, y Francella estaba con los ojos redondos. Entramos los dos al programa. Marcelo hacía el quiosquero y yo estaba en el bar. Pero no me escribían. Ni una línea. Cuando Francella, Silvestre y Miglioranza llegaban al bar, yo decía: "Buenas, ¿qué van a tomar?", y eso era todo. Hasta que un día descubrí por el monitor que entre la cabeza de Francella y el mostrador había un espacio y que si me agachaba podía hacer algo. Empecé a hacer obras teatrales con los vasitos, qué sé yo. Con esas cosas Francella se descomponía. Un día me dijo: "Che, me contaron que mientras estamos hablando vos hacés unas cosas por atrás, y eso distrae a la gente. Todos terminan mirando eso". Yo le dije: "Bueno, cuando me escriban hablo, mientras no tengo letras hago cosas, soy actor, no puedo estar parado". Se la tuvo que morfar, pero pidió que apretaran más el plano. Está todo bien con él, cenamos con él, pero en un momento hubo que lucharla contra el ego del pibe. Pero a Ledo le debo todo, él me dio un lugar en la tele.

Delikatessen se llamaba, e iba por América. Delikatessen fue un monstruo joven, producido por Cuatro Cabezas, que muchos decidieron marcaría un nuevo rumbo en los programas de humor argentinos, pero duró poco. Y el niño Oliver fue partícipe de la creación, junto a Horacio Fontova, Damián Dreyzick, Fabio Alberti, Diego Capuzzoto. Mientras los medios alababan el momento de gloria, y las páginas se llenaban de vaticinios auspiciosos, Oliver y compañía veían cómo se hundía el Titanic.

-Medíamos tres puntos. Terminamos con 11, pero porque se corrió la bola de que se levantaba. La medición era de dos puntos y en la calle te decían: "¡Uh!, loco, se levanta, yo me reunía con amigos a ver el programa". Había un público, pero me parece que la tevé abierta no se banca que haya algo que no sea masivo. Para que América esté segundo no se puede bancar en ese horario programas de cuatro puntos para abajo, aunque cuatro puntos es un pedazo de gente.

"Pero tampoco soy necio. Creo que en algo falló el programa, porque cuando hay algo que es realmente bueno y está bien hecho, se compra. A nosotros con todo ese folklore del culto.... nos crucificaron con eso del culto. Con el Negro Fontova lo hablábamos. Cuando empezaron a salir las notas, de entrada éramos una especie de Sumo, o Los Redondos, una cosa de locos, y dijimos... sonamos. Porque la cosa tiene que ser más popular, no para pocos.

"Bueno, cuando nos quedamos sin el programa, en marzo, fue un bajón, porque laburar en Cuatro Cabezas es increíble. Si lo normal es que vos como actor estés luchando para conseguir una peluca, ellos te llaman para pedirte que pases a probarte varias pelucas para ver cuál le queda mejor al personaje. Por suerte, pintó lo de I-Sat." "Lo de I-Sat" es algo que hace junto a Javier Lombardo en la señal Uniseries del cable. Una de las cosas más desopilantes que se pueden ver por estos días en la pantalla. Una recreación de la serie Viaje a las estrellas que dura dos minutos, que va entre serie y serie con el fin de que la gente no cambie de canal, que se llama Lucho y Tito, mecánicos del espacio, y que es idea y producción de Fernando Gastón.

-Hay quienes nos aman y quienes nos odian. Nos odian todos los fanáticos de la serie original, que mandan mails diciendo que por favor levanten eso ya, que es una vergüenza. Ahora vamos a ir por I-Sat con un programa que se llama Cenando tarde, a las 12 de la noche. Son dos cocineros muy funkies que van a hacer platos, y tocar, van a ir bandas, cocineros invitados. Hay interés en llevarlo a la tevé abierta, pero probarlo en cable es ideal, porque la tevé abierta es un Quini que nunca ganás. En el cable no te llega una planilla que diga: Mediste 2.

El cable es su paraíso encontrado. Por estos dos mecánicos virados al naranja intenso le dijo no a Adrián Suar, que le ofreció una participación en Por el nombre de Dios, la miniserie con Alfredo Alcón.

-También le dijimos que no a Tinelli, que nos llamó para hacer un programa en el nuevo canal, pero en I-Sat nos pedían exclusividad para Lucho y Tito en el cable y la verdad es que mucho no me copa ir a trabajar con Tinelli. Muchos colegas me han llamado por esto de Lucho y Tito, diciendo que les encanta y qué pena que no estemos en el aire. Yo pienso: Qué lindo no estar en el aire.

Mira de lejos la cabalgata infernal de la televisión abierta. Recuerda con una sonrisa de media dentadura la aventura bochornosa que emprendió a mitad de camino, después de Naranja y media y antes de Delikatessen.

-El bochorno fue con Cecilia Dopazo, Lo tuyo es mío. Duró tres meses. Nos llevó Ledo a Canal 9, a los que habíamos estado en Naranja y media, nos desparramó en distintos programas y a la semana se fue. Teníamos un director que era de terror y el programa medía dos puntos. Un asco. Me acuerdo que me sacaron una contratapa en un diario, donde yo decía que el programa era un horror, y eso tuvo una repercusión increíble. Muchos periodistas me empezaron a llamar porque no podían creer que un actor dijera que el producto en el que estaba era tan malo.

Texto: Leila Guerriero Fotos: Daniel Pessah

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