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PERSONAJES

MONNER SANS
SEÑOR DENUNCIA

LA NACION revista

Desde su estudio de abogado, destapó algunos de los casos de corrupción más resonantes de los últimos años. Se ha ganado el respeto de muchos, que creen en su independencia y honestidad. Pero otros se preguntan por qué interviene tanto y lo critican por aparecer demasiado en los medios

Por   | LA NACION

Me gusta el derecho. Mi profesión es una expresión de la inteligencia humana y ejercerla, la demostración de esa inteligencia", dice, entronizado detrás de un señorial escritorio estilo inglés, con la misma vehemencia con que minutos antes esculpió una encendida argumentación jurídica contra una interpretación oficialista sobre la cláusula transitoria 9ª de la Constitución Nacional, a pedido de un programa radial.

Ya al pasar el umbral de su espacioso estudio jurídico de 250 metros cuadrados, valuado en casi medio millón de pesos, y antes de adentrarse en la intimidad de su despacho, la voz de Ricardo Monner Sans (de 62 años) se elevaba por encima de los niveles auditivos normales.

"Discúlpeme, ésta es la quinta llamada que atiendo de las radios en la tarde de hoy", sentenció, al abrir con cierta solemnidad la puerta de su estudio, donde se cuece gran cantidad de denuncias, pedidos de investigación y acciones penales, con el cruce de 9 de Julio y Córdoba como testigo. "¡La primera llamada fue a las seis y cuarto de la mañana!" El eco del pedido de remoción ante el Consejo de la Magistratura del juez que habilitó a Carlos Menem a presentarse en las elecciones internas del justicialismo todavía lo mantenía en el candelero mediático, pero ése es un lugar que viene trajinando a gusto en los años de gobierno menemista. Y que lo elevó al protagonismo cuando, en 1995, una denuncia suya dio origen a la causa que instruye el juez federal Jorge Urso por la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia, y que completó recientemente con un pedido de juicio político al juez Marcelo Aguinsky y al fiscal del fuero en lo Penal Económico Roberto Leanza.

El dice que en sus múltiples denuncias lo mueve un deber ético. Algunos le creen, muchos lo critican; nadie lo acompaña. Todos se preguntan de qué vive.

Las 33 acciones judiciales que promovió desde 1983 estallaron en las narices de la opinión pública como pólvora. Pero tanta tinta y papel no ayudaron a pagar los gastos fijos de su piso de 220 m2 al lado de la confitería Dandy, sobre la avenida del Libertador, ni a costear el viaje a Nepal que realizó con su familia en enero. Pero, de nuevo, "aquí se juegan los principios" de este abogado que "menos la tributaria y la previsional" litiga infatigablemente en todas las ramas del Derecho, y que asoma en la vida política argentina como el más implacable de los fiscales, como un espontáneo defensor del pueblo.

Conserva cierto discurso anacrónico que no parece desvelarlo. "Fui toda mi vida socialista, antiimperialista; hoy debo ser anarquista", cuenta, y evoca la amistad de su padre con Alfredo Palacios. En su juventud admiró la lucha del Che y, en 1963, casi sale electo diputado por el partido de la Vanguardia Popular, "el más izquierdista y progresista dentro del socialismo".

-Mi primera denuncia pública, sin corporizarla judicialmente, la registró La Opinión. Le mandé un telegrama a Mor Roig (ministro del interior de Lanusse) diciéndole: "Lo hago responsable a usted de la vida de mi amigo Eduardo Jozami". Bueno, después apareció.

En su segunda presentación judicial pública, desafió a Raúl Alfonsín a que le exhibiera las condiciones de renegociación de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional. El Ministerio de Economía tuvo que dejar, contra su voluntad, que él metiera la nariz en el asunto.

A partir de allí algunos lo tildaron de denunciante profesional, de exhibicionista y adicto a los medios, y de contribuir a la lentitud de la Justicia con tanta demanda. Pero Monner Sans continuó incólume frente a las críticas más feroces y con las 33 causas que impulsó en la última década se anotó el paso de Matilde Menéndez por Tribunales, su pedido de investigación sobre el origen de los fondos utilizados en la pista de Anillaco, el cuestionamiento en la designación del ex secretario Gustavo Green, los fondos reservados y el rebalanceo de las tarifas telefónicas, la presunta evasión fiscal de Angel Agüero Iturbe y hasta la remisión de Mariano Cúneo Libarona al Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados.

Público, pero no político, también apareció el nombre de Julio Iglesias en dos oportunidades. Lo acusó de plagio y de uso indebido de una fotografía en la tapa de un CD.

Su última presentación judicial, además de la que provocó el allanamiento de Edesur, es una acción penal contra el Banco Central y su presidente, Pedro Pou; Sedesa (Seguro de Depósitos Sociedad Anónima) y el Fondo Fiduciario de Capitalización Bancaria, imputándoles la estrepitosa desaparición de entidades financieras en perjuicio de los ahorristas.

-Entre tanta atención a los medios y denuncias, ¿cuándo trabaja y de qué vive?

-Mire, en este estudio trabajamos tres abogados: mi mujer, Ada Valentini; mi hijo, Ramiro, y yo. Le voy a admitir que al principio me dio un poco de vergüenza venir a trabajar acá. Porque éste es un estudio, por sus características, para los abogados del poder y no para los contestatarios del poder. Y yo no quiero que se me confunda con los que han hecho plata en los últimos años...

-¿Por qué lo dice?

-Porque yo empecé hace 40 años en el estudio de mi padre. Entonces con mi mujer vivíamos en un ambiente con kitchenette. Y hoy vivo aceptablemente bien porque siempre trabajé más de 14 horas diarias, los siete días de la semana. Porque el gravísimo problema que tengo es que mi trabajo es también mi hobby.... Llevo una vida bastante austera, y me permito un solo gasto en enero: ahí sí nos vamos indefectiblemente a algún lugar exótico. Y podemos hacerlo porque durante el año no gastamos: no vamos a fiestas ni a grandes casorios, donde uno escucha naderías.

-¿Cuánto factura su estudio?

-La facturación bruta debe rondar los 20, 25.000 pesos mensuales. Digamos que para los tres nos debe dejar una ganancia del 60 por ciento de esa cifra. Pero acá se atienden también asociaciones vecinales de Quilmes totalmente gratis.

El teléfono suena. Es otra radio.

-¿Con quién voy a hablar? Laura... (anota nombre y apellido de la periodista; sobre su escritorio tiene abierto el libro de la Constitución Nacional.) Pásemela... Buenas tardes, Laura... ¡La Constitución lo dice muy claro! No cabe otra interpretación... vinculante o no vinculante... Es un disparate... No hay de qué, Laura....

-En esta coyuntura de globalización, ¿qué queda de aquel socialista radicalizado?

-La lectura fervorosa de Lilian Forrestier, El horror económico. Yo no tengo respuestas ante este horror de la globalización, pero que no las tenga, no me quita el derecho de cuestionarlo.

-¿Comulga con la Alianza?

-No, me pareció una cosa inteligente cuando nació el Frente Grande, y si bien no me asocié al partido, lo miré con simpatía y hasta lo voté. Pero yo ya no voto a la Alianza. ¿Qué soy? Un tipo que desde la ética trata de no delegar para demostrar que se pueden hacer las cosas en forma transparente... No quiero violar secretos, pero, ¡los machetes que me piden los señores legisladores!

-¿Machetes de qué tipo?

-Alguien me pidió el texto entero de mi pedido de juicio al juez Bustos Fierro. Alguien me dijo: "Si me siento en tu estudio ¿puedo consultar tus 12 carpetas sobre venta ilegal de armas?"

-¿Usted recibe información confidencial?

-En cantidad abrumadora. ¿Sabe que no tengo tiempo de clasificar las cosas que me mandan?

-¿Qué tipo de información y de dónde?

-De los propios organismos estatales. Y la mayor cantidad de cosas me llegan por debajo de la puerta. Yo me hago de la fotocopia del decreto secreto 103, llamado Armas a Venezuela, porque me lo mandan de la Casa de Gobierno. Algún tipo que dijo: "Esto es una porquería... ¡A Monner Sans!" Con el caso Matilde Menéndez pasó lo mismo.

-Cuando no recibe nada, ¿qué hace? ¿Lee los diarios buscando hechos ilícitos?

-Mire, yo hago mis propias investigaciones, no tomo cosas de la prensa. Si no sería muy fácil.

-Treinta y tres acciones judiciales en los últimos 10 años... Muchas de ellas no prosperaron. Honestamente, ¿qué porcentaje de éstas piensa que fue innecesario?

-Ninguno. Y si algunas no prosperaron fue porque algunos bajaron la vista. Yo siento que muchos tienen vergüenza por no haberme acompañado.

-¿Cuál es su argumento de defensa cuando lo acusan de denunciante profesional?

-Quienes me pretenden agraviar diciendo eso, que lo han dicho Granillo Ocampo y Lestelle, me hacen uno de los mejores elogios que puedo recibir en mi vida. Me preocuparía que Sabato me maltratara, o que el obrero que pasa por la puerta me lo dijera. Si los poderosos están en desacuerdo con mi proceder, yo empiezo a estar más de acuerdo conmigo mismo.

-¿No hubiera sido un camino más correcto en su afán de denunciar hechos ilícitos hacer carrera en el ministerio público?

-Alguien me lo tendría que haber ofrecido, y el poder nunca lo hizo.

-Pero usted se dedicó siempre a la actividad privada...

-Tampoco nunca nadie me dijo: "Che, ¿querés ser tal cosa?" Nunca he tenido la vocación de hacer la antesala. Es un acto de amor propio.

-¿Cuál es el rédito, Monner Sans, de participar tan activamente en la coyuntura?

-Mire, hay algo de Quijote, algo de molinos de viento. Pero además del deber cívico, le confieso: cuando termino de hacer las once carillas respecto de Bustos Fierro, mostrando la barbaridad de su fallo, siento un placer intelectual inmenso. Hay algo de juego de inteligencia, el poder ver dónde está realmente la cosa. Lo hablé conmigo mismo, porque eran las 12 de la noche de un viernes. No se lo mostré a nadie. Pero si después eso iba a tener repercusión y me lo iban a pedir senadores y diputados, admito que me gustaba. Y le voy a decir más: yo tengo una personalidad muy incompleta. Soy un tipo bastante inteligente, pero mi inteligencia gobierna demasiadas áreas. Y eso me acota las sensaciones...

-¿Cómo dice?

-Sí, a mí me gobierna la razón. Digamos: yo no siento grandes amores -y mi mujer lo sabe-, ni miedo, ni celos, ni envidia; pero sí la envidia intelectual. Y es un regocijo personal para mí, a ver si me entiende, poder agarrar a los Bustos Fierro, a los Aguinsky, y no me importa si es un domingo a las 10 de la noche. Puede ser que haya habido un poco de vanidad, es decir, la mezcla de docencia y de vanidad. Pero el tema, que empezó como un trompito que casi se caía, hoy es un trompo que no para nunca, mi querida... Y a mí la gente me cree que no estoy en el poder.

-¿Le gustaría ocupar algún cargo?

-No, perdería autoridad. Y creo que dentro de un partido político no duraría más de 60 días. Los políticos se han devaluado porque al ser cada vez más incultos en el sentido integral de la palabra, quedan atrapados por el show, por la cosa mediática, por la respuesta coyuntural. Al no haber un desarrollo armónico del pensamiento, la política resulta un exhibicionismo permanente. Yo pertenezco a una generación que se debatía con ideas y con altura intelectual. Presenciar esos debates era como ilustrarse en el pensamiento ajeno.

-¿Cuáles siente que fueron sus grandes omisiones?

-Visto hacia atrás debería haber ayudado mucho más a las Madres de Plaza de Mayo... Yo siempre siento un complejo de culpa de no hacer todo lo que debo. Soy un permanente autocrítico. Quizá, lo que me salva sea que si hubiera hecho mucho más no estaría hablando ahora con usted.

Perfil

  • Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires.
  • Fue dirigente estudiantil en la Facultad de Derecho.
  • Dice que siempre hubo una convivencia armónica en su familia a pesar de que su mujer fue siempre peronista, y que sus dos hijos, Ramiro y Alejo, son radicales y militaron en Franja Morada.
  • Admira a Piazzolla ("El de él es un talento inteligente") y a los Beatles.
  • Tiene dos nietos, Nicolás y Agustina, y presume que lo quieren porque todavía no lo conocen bien.
  • En su casa no se habla de política
  • Dice que es cholulo de la inteligencia.
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