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VACACIONES EN LA LUNA

EL ESPACIO COMO FUTURO DESTINO PARA TURISTAS
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28 de marzo de 1999  

A pesar de que ya pasaron 26 años desde que un hombre fue por última vez a la Luna, y de que la popularidad del pequeño satélite terrestre ha experimentado alzas y bajas, un gran número de científicos de todo el mundo sigue intentando idear mil y una formas para realizar su sueño: ir a la luna... ¡y quedarse! Por eso, y aunque parezca improbable, la superficie selenita se perfila como un nuevo y exótico destino turístico para aquellos deseosos de concretar sus más desatadas fantasías espaciales.

Uno de los hechos que parecieron reavivar el interés por este tipo de proyectos fue el descubrimiento -el año último- de que nuestro satélite tendría agua, esencial para la supervivencia de futuras colonias, y que posee los elementos constitutivos de los más potentes combustibles para cohetes: hidrógeno y oxígeno.

Quienes integran este club global de fans de la Luna están buscando nuevas e ingeniosas formas de reunir fondos para concretar sus objetivos, ya que no logran convencer a las agencias espaciales de sus países para que los sustenten.

La Artemis Society es una de las agrupaciones que ya pusieron en marcha su estrategia para empezar a reunir el dinero que posibilite la realización de sus proyectos. Y necesitan mucho. Sus objetivos -según anuncian en su sitio de Internet- son establecer un asentamiento humano permanente en la luna y explotar sus posibilidades como puerto de escala para los viajes espaciales del futuro. Financiada de forma privada en un ciento por ciento, Artemis planea desarrollar una base de exploración lunar dentro de los próximos diez años. Como ellos mismos dicen: "es así de simple, sin ninguna causa altruista, sin ninguna agenda política; sólo se trata de llegar y permanecer en la luna; lo que haga una vez que esté allí lo decide usted".

Uno de los líderes de esta particular sociedad es Gregory Bennett, de la Boeing, principal empresa constructora para la Estación Espacial Internacional e ingeniero en el Johnson Space Center (JSC) de la Nasa.

Bennett ha escrito miles de páginas llenas de los más variados planes para asentamientos lunares y probablemente sabe más que nadie acerca de cómo podrían realizarse. "Creo que podemos poner un hombre en la luna por alrededor de mil quinientos millones de dólares", le aseguró a Fred Guter, de la revista Discover, en septiembre último.

Necesita varias veces esa cifra, y para juntarla se inspiró en la forma de hacer negocios de la Walt Disney Co. Se dio cuenta de que la compañía del ratón Mickey movía mucho más dinero anualmente que la Nasa.

Su primer paso fue fundar Lunar Traders, una tienda que vende suvenirs de una futura misión de la Sociedad Artemis a la luna. Además, está muy ocupado planificando ideas para guiones de cine y televisión que serían documentales acerca del proyecto, así como de las vidas de los colonos que participarían en ella. Además, piensa lanzar la revista Artemis, que se dedicará a informar... sobre los esfuerzos de la sociedad Artemis para llegar a la luna. "Cuando estemos produciendo un poco de dinero, entonces construiremos algo; es una manera muy Disney de abordar el problema", le confesó al periodista de Discover. Sin embargo, admitió que será sólo dentro de cuatro o cinco años cuando empezará a diseñar la nave, y otros más pasarán antes de que puedan volar. Entre otras cosas, Greg Bennett desea construir un centro turístico estelar. Asegura que se puede llevar gente a la luna por aproximadamete 100.000 dólares por persona. Para construir el alojamiento, le gustaría descubrir una de las cavernas de lava que los científicos piensan que son comunes en el suelo selenita. La idea es sellarla y presurizarla. Como éstas pueden tener varios kilómetros de alto, el techo estaría a la altura de las nubes y daría la sensación de que se está al aire libre.

Lo mejor de todo es que el hotel lunar tendría un sexto de la gravedad terrestre (o sea que los turistas podrían ponerse alas y volar).

Suponiendo que finalmente la Sociedad Artemis logre construir este particular complejo turístico, Bennett tiene planes muy precisos de cómo querría que fuesen unas típicas vacaciones en la luna. Los turistas llegarían y realizarían el check-in. Luego, harían un tour, primero para ubicarse y luego por los lugares más atractivos en sillas colgantes como las que hay en los centros de esquí, pero cerradas y presurizadas. Otra de las actividades podría ser el patinaje sobre hielo. Hay que tener en cuenta que con un sexto de gravedad cualquier actividad física se convierte en una experiencia inolvidable: por ejemplo, se podría saltar seis veces más alto que en la Tierra con el mismo impulso.

De la Tierra a la Luna

La Revista habló con Buzz Aldrin para que contara qué pensaba de los viajes turísticos al espacio. Si este nombre le resulta familiar es porque el 20 de julio de 1969 junto con Armstrong fueron los primeros seres humanos que pisaron la Luna.

Piloto graduado de West Point con honores y doctor en astronáutica, en la actualidad, Buzz Aldrin está retirado tanto de la Nasa como de sus actividades como comandante de la escuela de pilotos de prueba de la Base aérea Edwards, y se dedica a dirigir su compañía, Startcraft Enterprise.

A los 69 años, uno de las temas que lo desvelan es el desarrollo de transbordadores capaces de transportar 60, 70 o 100 personas para que los viajes turísticos al espacio sean económicamente viables y puedan concretarse.

"De todas formas, antes de establecer asentamientos permanentes en la luna, se crearían hoteles que se mantengan en la órtbita terrestre -explica-. Cuando tres o cuatro de estos complejos turísticos, cercanos unos de otros para abastecerse y asistirse mutuamente, estén funcionando, el segundo paso sería ubicar un quinto que fuese y volviese continuamente entre nuestro planeta y la luna, a manera de tour espacial de 10 días de duración." Para Aldrin, estos singulares hoteles podrían estar listos probablemente dentro de apenas 15 años, pero, aunque considera que todo es posible, no estarían sobre la superficie lunar, donde primero necesitarían enviar colonias de científicos. Si la idea lo entusiasma, le interesará saber que para viajar un día alrededor de la tierra se necesitan entre tres y cuatro semanas de preparación y entrenamiento. Lo mismo se necesitaría, probablemente, para ir a un hotel espacial, y quizás un poco más en el caso de que el viaje fuese alrededor de la luna.

"Pero todo dependerá de que se adapten los transbordadores -insiste-. Y espero que la realicen porque, a pesar de que los pasajes a la luna por un buen tiempo sólo estarán al alcance de la gente rica, a menos que se establezca una lotería que premie con viajes espaciales, la sensación de estar en el espacio y poder moverse en cualquier dirección es algo que nunca se olvida."

Sátelites criollos en el aire

En el futuro cercano, la Argentina no irá a la luna, pero sí al espacio, ya que una de las líneas de trabajo del Plan Espacial que está realizando la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) tiene que ver con el proyecto VENG: Vehículo Espacial de Nueva Generación, que se utilizará para colocar satélites en órbita.

Claro: no se quedarán sólo en el desarrollo del cohete que los lanzará, sino que construirán varios de teleobservación y radar, diseñados según las necesidades de nuestro país.

En el caso de los satélites de teleobservación, la información que obtendrán será de gran utilidad en las áreas de agricultura -para conocer la sanidad vegetal y la evolución de cultivos-, hidrología -para evaluar la contaminación costera- y mineralogía -para detectar yacimientos de hierro o arcillas-, así como para hacer seguimientos de desastres naturales. A principios del 2000 ya estará operando el primer satélite argentino de este tipo, el SAC-C. En el 2003, lo seguirá CESAR, y el SABIA3 en el 2004, que tendrán cada vez mayor resolución.

En cuanto a los satélites radar, se planean desarrollar cuatro: el primero, el Saocom 1-A, saldrá al espacio en el 2002, y el segundo, el Saocom 1-B, en el 2004; los otros se construirán a partir del 2006. Estos satélites son útiles para detectar hielos flotantes y evaluar el deterioro ambiental producido por fenómenos como la desertización o la deforestación.

Pero la actividad espacial no sólo se ubica en las alturas. La infraestructura que se requiere en tierra para comandar los satélites, recibir y procesar la información obtenida también se incrementará. Si bien el Centro Espacial Teófilo Tabanera, en Córdoba, ya tiene una antena de 7 metros, próximamente ampliará su alcance con una de 13 metros, teniendo un área de cobertura, que va desde Tierra del Fuego hasta el sur de Brasil, e incluye Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay.

Además, a fines del 2000 se agregará una nueva estación terrena en Ushuaia -que será la más austral del mundo de uso permanente-, un lugar casi privilegiado para contactar satélites. Este beneficio hizo que más de una agencia internacional ya haya solicitado permiso para comunicarse con sus satélite desde allí.

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