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Hermanos al rescate

Tres argentinos, Guillermo, Beto y Koky Lares forman parte de una asociación con base en Miami, cuya misión es salvar la vida a balseros cubanos a punto de naufragar.

Domingo 03 de enero de 1999
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LA NACION

A 40 años de la revolución cubana, en la que Fidel Castro derrocó a Fulgencio Batista, nada hay más peligroso en la isla que pasearse con un remo al hombro. O estar buscando una cámara de auto, que si normalmente cuesta alrededor de 15 pesos, en el mercado negro llega a valer hasta 200. Se sabe que los cubanos se escapan a otras tierras en cualquier elemento que flote. Y eso, en Cuba, es un delito.

Pero los cubanos siguen convirtiéndose en balseros, con la esperanza, muchos de ellos, de encontrase con familiares radicados en Miami.

Una vez tomada la decisión de cruzar como sea las 90 millas que separan a Estados Unidos de Cuba, la operación pasa a ser un secreto de familia. La vigilancia de la policía y de los miembros de los Comités de Defensa Revolucionaria es implacable.

Hay que esconder todo aquello que pueda levantar sospechas. Además, ir recolectando agua y comida para el viaje, y rezar para que el día estipulado, una ráfaga de viento norte no los traiga de vuelta a la costa. Eso significa un pasaje de ida a la cárcel en Cuba.

Cuántos de estos balseros, que transportan a toda su familia incluyendo a los niños y a sus abuelos, habrán sentido, al paso de los tiburones, ondularse la lona que recubre la embarcación. El cálido mar del Caribe está repleto de selacios que se han llevado como carnada a muchos de estos aventureros.

Por eso no es raro encontrar balsas vacías, que no significa que los náufragos hayan sido rescatados, porque cuando esto sucede se suelen hundir las embarcaciones, sino que los que se hundieron fueron sus ocupantes.

Aquí entran en escena los Hermanos al Rescate, una asociación de pilotos de 17 nacionalidades cuya misión es patrullar con dos pequeños aviones el estrecho de la Florida. Son los ángeles de la guarda de los balseros. Han salvado la vida de más de 4000 personas.

Su misión es ayudar a aquellos que se encuentran en medio del mar en un estado lamentable: sin agua, sin comida, deshidratados, o con alucinaciones por haber tomado agua de mar.

Tres pilotos de Hermanos al Rescate son argentinos. Específicamente, de Temperley, y viven en Miami desde 1979: Guillermo (31), Beto (28) y Koki Lares (26). A pesar de ser hinchas de Boca, según los cubanos, están aplatanados. Es decir, son prácticamente isleños.

Una vez que localizan una balsa desde el aire (que es como encontrar una aguja en un pajar), le tiran un walkie-talkie envuelto en telgopor. Los balseros recogen el aparato y se comunican con los aviones. Si están bien, los aviones siguen su ruta y los balseros intentarán llegar a la costa de Estados Unidos. Si piden ayuda, los pilotos del Cessna llaman a la patrulla norteamericana que, según las nuevas leyes de 1995, los deporta a Cuba nuevamente.

Antes de 1995, Estados Unidos tenía una política favorable a los inmigrantes cubanos. Pero en 1994 se produjo la crisis de los balseros, en la que 30.000 balsas zarparon hacia las costas americanas en sólo un mes, después de que Fidel les dio vía libre para irse.

Por lo tanto, Estados Unidos cambió su política y firmó un acuerdo migratorio con Cuba llamado política de pies mojados, o de pies secos: si la patrulla los captura antes de pisar tierra americana, aunque estén a pocos metros de la playa, tienen escasas posibilidades de quedarse. Si reúnen algunas pruebas de que su caso es de vida o muerte, los envían a la Base Naval de Guantánamo, en Cuba. Pero si llegan a pisar tierra americana, quizá se puedan quedar. Necesitan demostrar que no serán una carga para el Estado y que tienen familiares con un capital importante que los pueden sostener. Otra posibilidad es que los envíen a terceros países.

"Antes era diferente -dice Beto Lares-. Nosotros realmente rescatábamos a los balseros. Me acuerdo de la primera balsa que vi. Cuando la sobrevolé, me levantaron a un bebito en brazos, como dicéndome gracias, tiene un futuro mejor. Ahora, en cambio, sabemos que llamando a la patrulla les salvamos la vida, es decir, de que se los coman los tiburones, pero, ¿qué les espera cuando vuelven a Cuba?".

Hoy Beto se desempeña como piloto comercial y, además, está en el negocio de venta de aviones. Está un poco retirado de Hermanos al Rescate, pero siempre listo si es que lo necesitan en una urgencia.

Una nota del diario local Miami Herald, firmada por Paul Irgang, explica muy bien la situación que viven los balseros que están cerca de la costa, y que a pesar de verla a pocos metros, son interceptados por la patrulla.

En una calurosa tarde de agosto estaba en la playa de mi condominio en Collins Avenue y la calle 50, cuando vi una pequeña balsa flotando a unas 300 yardas de la costa... Me fui nadando hacia la balsa. Estaba hecha con varias llantas de automóvil envueltas en una cubiertade lona.... Me subí... Súbitamente, un gran helicóptero anaranjado descendió sobre mí. Me decían a través de un altavoz ¡no salga del bote!

¿Era posible que pensaran que había flotado desde Cuba hasta Miami Beach?

Mientras tanto, según el relato de Irgang, una pequeña multitud se había congregado en la costa y le gritaba: "Nadá, nadá, nadá".

Evidentemente, si yo hubiera sido un balsero, una vez que llegara a la costa no podrían devolverme a Cuba...

El relator nadó, nadó como nunca, con desesperación. Cuando llegó a la orilla, con el agua a las rodillas, había 75 personas ovacionándolo en español, idioma que no entendía. Después, cuando se presentaron los guardacostas, señaló su departamento con vista al mar, y en pocas palabras los convenció de que era americano, después de todo.

Guillermo Lares, el mayor de los hermanos, sigue comprometido con la asociación. A las ocho menos cuarto de un sábado de noviembre, como tantos otros, se prepara para emprender una nueva misión.

Antes de recorrer las 90 millas que separan a Estados Unidos de Cuba, Guillermo le pide al mecánico, como si fuera algo muy normal: "Revisá el motor, porque el otro día estaba en el aire y tosió".

Es un día con algunas nubes, pero no muchas. No hay viento. Las condiciones son muy buenas para el operativo, que durará unas cuatro horas. En su oficina de Miami Executive Aviation (una empresa que alquila aviones privados), con base en el aeropuerto de Opa-Locka (en las afueras de Miami), Guillermo delinea el plan de vuelo.

El tramo que recorrerán abarca todos los islotes de los cayos, en las Bahamas, para luego emprender una búsqueda por el eEstrecho de Florida, haciendo un rastreo a 150 metros de altura.

"Hay contrabandistas de balseros -dice Guillermo-. Les cobran hasta 10.000 dólares para sacarlos de Cuba." Pero los pilotos de Hermanos al Rescate no cobran ni un centavo. Reciben donaciones únicamente para poder mantener los aviones. Eso cuesta unos 4000 dólares por semana (el hangar, servicio mecánico, etcétera), y aunque a veces se ven un poco escasos, siempre aparece alguien para dar una mano. La cantante Gloria Estefan, por ejemplo, donó un avión.

Cuando todo está listo, los pilotos, al pie å de los aviones, hacen una ronda. Guillermo toma la palabra y se encomienda a Dios. "Te pido por la libertad del pueblo cubano", dice para concluir, reafirmando que efectivamente está aplatanado.

Y despegan los dos aviones. A la vuelta, después de las cuatro horas, la misión se consideró exitosa. Vieron a una sola balsa, fotografiada por la Revista, que estaba en buenas condiciones. Tan buenas, que sus ocupantes no quisieron levantar el paquete con el walkie-talkie. Estaban bien. Querían que los dejasen tranquilos para poder llegar a Estados Unidos. No estaban en emergencia.

Los dos aviones Cessna obedecieron y siguieron su ruta, sin llamar a la patrulla. "Nosotros no somos policías -dice Guillermo-. No estamos obligados a denunciarlos. A partir del cambio de ley, nos remitimos a salvarles la vida si es que están en emergencia, aunque después los deporten. Si no, es como si no los hubiéramos visto".

Luego Radio Martí, una emisora con base en Florida que transmite a Cuba, anuncia los rescates en caso de que los hubiera, aunque el locutor pide que la gente no se arriesgue enesas aventuras suicidas. La odisea de los hermanos Lares comenzó en 1992, cuando, siguiendo una sugerencia de su madre, respondieron al aviso en un diario que puso Jorge Basulto, fundador de Hermanos al Rescate, que pedía pilotos para realizar una misión humanitaria.

"Me pareció que era un lindo trabajo, un trabajo donde se aprende y se recibe mucho más de lo que se da." Quien habla es Susana Eckell, la madre de los Lares, viuda de un piloto de Aereolíneas Argentinas. Hacía ya varios años que los Lares estaban viviendo en Miami y trabajaban como pilotos comerciales.

De todas maneras, Susana se preocupa cuando alguno de sus hijos emprende un vuelo. En realidad, tiene más de una razón para sentir temor. En primer lugar, Koki, el más chico, sufrió un accidente que lo dejó con poca movilidad en las piernas. Era el 24 de diciembre de 1992. Había despegado del aeropuerto de Opa-Locka antes de que saliera el sol. Un problema técnico (el mecánico había cruzado unos cables que comunican los tanques de gasolina) hizo que se le plantaran dos motores, y Koki, solo, cayó en los Everglades (pantanos) de Florida. Lo rescataron inconsciente, tres horas después, y con el agua al cuello.

"Lo peor, antes de caer, fue el silencio. En estos aviones chicos estás acostumbrado al ruido del motor, pero cuando se plantaron los motores, y el más absoluto silencio se presentó, me di cuenta de que estaba en problemas, graves."

Koki sobrevivió, y más todavía. Recuperó parte de la movilidad en las piernas gracias a una intervención del doctor Barth Green, el mismo que operó a Gloria Estefan cuando casi se queda paralítica después de un accidente en la ruta, y también a Fittipaldi. Hoy estudia ingeniería industrial, viaja como copiloto de HAR y ayuda con los números.

Guillermo, actualmente a cargo de los pilotos de Hermanos al Rescate, también tuvo un accidente, y cayó en el mar cerca de Key Biscayne, tras haber perdido aceite.

El avión flotó por unos minutos, por lo que él y dos periodistas pudieron salir nadando. Y, finalmente, hay otra razón por la cual la madre de los Lares se queda intranquila. El 24 de febrero de 1994 salieron tres aviones para rescatar a balseros, pero dos de ellos nunca volvieron.

Los MiG (aviones de guerra) cubanos despegaron de la isla con una orden: derribar a los tres Cessna.

El único que se salvó fue el 2506, conducido por Jorge Basulto. Murieron tres pilotos americanos y uno cubano. Ese día Guillermo había decidido no volar porque estaba buscando un lugar para realizar su fiesta de casamiento.

Hoy, los familiares de las víctimas claman por justicia. En diciembre de 1997 ganaron un juicio contra el gobierno de Cuba por 187 millones de dólares. Claro que la pregunta del millón es: ¿cómo van a hacer para cobrarlo?

Hay algunas posibilidades. Una es cobrar 178 millones de dólares que la empresa telefónica AT&T le debe al gobierno de Cuba, y que quedaron depositados en Estados Unidos por causa del embargo.

Según el diario local Sun Sentinel, si las familias logran obtener el dinero, serán los primeros americanos que, con las leyes federales de 1996, pueden demandar a un gobierno extranjero por actos criminales fuera de los Estados Unidos.

Después del ataque, más que nunca, Hermanos al Rescate difunde una política que propugna la desobediencia civil, pero pacífica, en Cuba. Las fuentes de inspiración son Martin Luther King y Ghandi.

Esta sociedad fue ideada por Basulto, un cubano veterano de las brigadas de inflitración en Bahía de Cochinos, un intento frustrado encarado por el gobierno americano por derrocar a Castro. Basulto dice desde sus modestas oficinas en Miami: "Nuestros objetivos principales son el derrocamiento de la tiranía comunista y el establecimiento de un sistema democrático, aplicando métodos confrontativos con una estrategia no violenta".

Según Basulto, son los promotores y no los principales protagonistas de los cambios necesarios. "Respaldamos la formacion de instituciones independientes dentro de la sociedad civil cubana, a la disidencia, a la oposición interna y a los que rechazan el régimen. Estos son los pilares básicos para una democracia futura.

"Queremos una solución permanente -dice- pero una solución que provenga de nosotros mismos, no del exterior. El pueblo cubano, finalmente, tiene que madurar".

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