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El arte de la improvisación

Miércoles 19 de enero de 2000

Presentación del pianista Sergio Gruz con Ricardo Cavalli en saxo tenor y soprano, Gustavo Cámara en saxo alto y soprano, Alejandro Herrera en bajo y Luis Cerasuolo en batería. En el Jazz Club, del Paseo La Plaza, y en el bar Notorius. Nuestra opinión: bueno

El pianista argentino Sergio Gruz, radicado en París, se presentó el domingo con un cuarteto integrado por Alejandro Herrera en bajo, Ricardo Cavalli en saxo tenor y soprano y Fernando Martínez en batería. Gruz ha venido demostrando un alto nivel interpretativo junto con una capacidad de composición y arreglos de llamativa originalidad. Sus dos shows en el Jazz Club dejaron la mejor impresión, ya no sólo de este músico sino de la excelente cohesión que logró con Herrera y Cavalli.

Gruz y su grupo lograron expresar con fuerza un idioma, el de la improvisación. Una manera de entender el jazz, con estructuras armónicas pensadas y una vitalidad sostenida. Gruz es un pianista que tiene influencias de Monk, aunque con una visión menos vanguardista y más clásica. Como compositor muestra inspiración, es audaz en sus arreglos y posee una técnica desarrollada. Los cuatro compases agregados a "Epistrofhy", de Monk, con el cual cerraron la primera parte de su show, sostuvieron y prolongaron el alcance emocional de este tema.

Herrera también se lució como compositor. Su tema "Fourth Trip" dejó un muy buen aroma melódico. También está Cavalli, uno de los saxos más interesantes de la escena doméstica. Toca con swing. Su estrategia tiene, tras un comienzo contenido, un ataque suelto, estilísticamente impecable, una mixtura de Coltrane con Lovano, que se convierte en mensaje propio. Por momentos, su sonido es metálico; en otros, aterciopelado. Su motor para improvisar tiene sus raíces en lo espiritual, su modo de expresarse busca transcender, no quiere ser sencillamente oportuno, toca con emoción.

Con personalidad

En "New yo", de Gruz, Cavalli y Cámara, toman los sopranos para interpretar una melodía con gran dominio del registro y la entonación. Este dúo parece ensamblarse con integridad en el mensaje nostálgico del piano, con arreglos propios de un orfebre. A medida que pasa el concierto, el quinteto parece desarrollar un groove propio, nacido de la natural conjugación que logran los músicos.

"Berzeuse", un diálogo entre piano y soprano. Cavalli propone la faz melódica mientras Gruz trabaja sobre los arreglos armónicos-rítmicos. La frase es diáfana, tiene algo de invitación a la libertad de improvisación, tal vez no del todo aprovechada. Cierran con otro tema de Herrera, "Ahí va", donde se lucen los vientos. Solos intercalados de alto y tenor enriquecen la melodía, cuyo ritmo tiene mucho de riff. La soltura del tándem Cámara-Cavalli provoca que el quinteto vuele bajo el influjo de estos dos músicos. Es evidente que Gruz tiene algo para decir en el piano y que en ello también sabe ser conciso. Una experiencia muy interesante la de Gruz con músicos locales. Un alto nivel que confirma el excelente estado del jazz local.

César Pradines

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