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Tiger Lily: la gran heredera

LA NACION revista

Hija de una pareja de trágico destino -el músico Michael Hutchence y la conductora televisiva Paula Yates-, tal vez sea la niña más rica del mundo del rock. Su padre logró reunir un colosal patrimonio en diversos paraísos fiscales

La trágica hija de la más celebrada pareja del rock, Michael Hutchence y Paula Yates, tiene el futuro asegurado por una serie de depósitos que su difunto padre dejó a su nombre en varios paraísos fiscales. Hutchence, que fue líder de la banda australiana INXS, se ahorcó en la habitación de un hotel de Sydney en 1997. Yates, presentadora de programas como Tube y Big Breakfast, murió poco después por sobredosis. La hija de ambos, Tiger Lily, está a cargo de Bob Geldof, el ex cantante punk, junto con las tres hijas que Geldof tuvo durante su matrimonio con Paula Yates. La semana pasada, la familia de Hutchence quedó conmocionada al descubrir que, tras cinco años de peleas legales para determinar quién heredaba la fortuna del astro del rock, sólo quedaban en el patrimonio 15.000 libras esterlinas, cuando todos ellos esperaban al menos 4 millones.

El testamento original incluía un legado de 300.000 libras que debía dividirse entre Amnesty International y Greenpeace. Del resto, la mitad debía dividirse en partes iguales entre su madre, padre, hermano, media hermana y Paula Yates. La otra mitad era para su hija, Tiger Lily. Pero lejos de haber quedado casi sin un centavos, Tiger Lily es la única beneficiaria de una cantidad de fondos depositados en exóticos paraísos fiscales por los abogados de su padre, que urdieron un astuto plan de evasión impositiva. Los abogados confirmaron recientemente que la riqueza del cantante fallecido no formaba parte técnicamente de su patrimonio, ya que la mayor parte de su fortuna había sido transferida legalmente a unos nueve fondos secretos con nombres tales como Nexcess, Chardonnay Investments y Sin-Can-Can. La suma total llega a millones de libras. También se incluyen los títulos de propiedad de una villa en el sur de Francia y de un Aston Martin. Aparentemente, esos mismos intereses se ocuparon de las necesidades de Paula Yates mientras estuvo viva. Una hipoteca de 100.000 libras hecha a su nombre por una casa londinense fue pagada a través de una empresa registrada en Liberia y establecida en Hong Kong. Un abogado próximo al caso declaró: "No quedaba demasiado del patrimonio de Hutchence porque casi todo se gastó en el litigio iniciado por su madre, Patricia Glassop. El resto está en fideicomiso para Tiger Lily. ¿Acaso alguien escuchó alguna queja de los abogados de ella o de Bob Geldof? Eso es porque su padre la dejó muy bien provista".

Los fondos son controlados por Colin Diamond, el padrino de Tiger Lily, que hasta hace poco fue albacea del testamento de Hutchence. Y aunque ha tenido todos los cuidados para que Tiger Lily tenga perfectamente cubiertas todas sus necesidades, no ha incluido al resto de la familia en la distribución de riquezas. Andrew Young, el abogado que reformuló el testamento de Hutchence, confirmó que la mayor preocupación del cantante era su hija, y que reestructuró todas sus finanzas para asegurarse de que ella fuera "prácticamente su única heredera". Agregó que cuando se reunió con Hutchence y Diamond en un hotel de Sydney en septiembre de 1996, le dijo al cantante que posiblemente a los demás les quedara muy poco después de que se hicieran efectivos los legados a Amnesty y Greenpeace. Ahora, la familia de Hutchence alega que Tiger Lily, de 5 años, posiblemente ya está recibiendo dinero de los fondos -que se entregaría a Geldof- para pagar las tarifas de escolaridad. En general, los fondos suelen ser entregados cuando el destinatario llega a la mayoría de edad. Geldof, por su parte, ha declarado no saber nada del asunto, y según un amigo, cría a Lily como si fuera su hija, y de su propio bolsillo. La relación entre Geldof y Hutchence fue incendiaria desde que Paula Yates dejó a su esposo por el cantante australiano, e incluso sostuvieron una furibunda conversación la noche anterior a que Hutchence fuera hallado muerto en el hotel de Sydney. Pero, según parece, a Geldof le sobra el dinero para ocuparse de Tiger Lily. El músico, que en la década del 80 recaudó más de 80 millones de libras destinados a paliar el hambre en Africa, por medio de sus proyectos Band Aid y Live Aid, vendió sus acciones de la empresa televisiva Planet 24 por cinco millones de libras. Se arregla para ser músico, empresario, impulsor de obras de caridad y padre de cuatro hijas. .

Texto: Paul Ham y Maurice Chittenden The Sunday Times/LA NACION
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