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LAS PAREJAS SIGLO XXI

Vicentico & Bertucelli, fabulosa convivencia

LA NACION revista

El líder de los Cadillacs y la actriz llevan ocho años de convivencia y tienen un hijo de 6 años llamado Florián, al que Vicentico va a buscar cada mediodía a la escuela. Cada uno siente admiración por el otro y los valores que más reivindican son la inteligencia, la independencia y la defensa de la vocación. La entrevista se realizó en la bella casa chorizo reciclada en la que viven, en el barrio de Boedo

El músico, autor y cantante líder de los Fabulosos Cadillacs, Gabriel Vicentico Fernández Capello, tiene 36 años y la actriz Valeria Bertucelli festejó los 31 y celebran en común canciones vinculantes como Cartas amarillas, de Nino Bravo, ciudades europeas como Amsterdam y Venecia, o paisajes vecinos como los de Rocha y laguna Caracol, en Uruguay, y películas inolvidables como Andy Kaufman, según dicen, "por el sentido del humor del personaje, por ir adelante superando las visiones de éxito o fracaso, sólo por el impulso de hacer lo que quería".

En los días en los que se realizó esta entrevista, Vicentico debía iniciar una extensa gira artística por México (que ciertamente resultó de lo más exitosa) y Valeria ensayaba con Paola Krum, Mirtha Busnelli e Inés Estévez la nueva comedia televisiva Sexo débil que, una vez que termine Gran Hermano, irá al aire por Telefé.

-¿En una situación social, ¿cómo acostumbran a presentarse?

Valeria Bertucelli: -Gaby, mi marido; Valeria, mi mujer.

Vicentico: -No tenemos eso de los Mimi y Pupi.

V.B.: -Gracias a Dios.

V.: -Nos llamamos tal vez en italiano, amore mío.

V.B.: -No quieras ahora hacerte el galán latino...

V.: -Porque esta la prensa adelante, ¿no? No, en serio... a veces nos llamamos con los nombres en diminutivo.

V.B.: -Eso sí, Vicentico no le digo jamás.

-¿Cuál es el tema de pelea más común entre ustedes?

V.: -El orden de la casa.

V.B.: -No, el problema más denso son los viajes de Gaby. Pero no porque discutamos, sino porque las separaciones, cuando son largas, nos ponen muy tristes.

-No pienso revisar debajo de las camas, pero a simple vista la de ustedes es una casa muy ordenada. ¿Cómo es el tema?

V: Yo soy el que más deja las cosas tiradas.

V.B.: -No es tampoco que yo sea especialmente ordenada. Hay una manera de ordenar.

V.: -Claro, porque en temas como el orden de la casa, asunto aparentemente menor, se juegan otras cosas, como el estilo de vida y hasta la capitanía del hogar. Si con el tiempo y, cediendo un poquito cada uno, la pareja consigue armonizar los estilos, todo seguirá adelante. Si no, a lo mejor persistirá también, pero cada tanto se matará a trompadas y explotará cada tanto.

-Con relación al orden, ¿quién es el que lleva la voz cantante?

V.: -Yo, pero no siempre fui así. (Lo mira a su marido, dando explicaciones.) Quiero decir que vos sos de dejar más las cosas tiradas que yo.

-¿De qué tarea hogareña cada uno nunca se ocupa?

V.: -Valeria nunca le da de comer al perro...

V.B.: -Ya sé otra cosa que, seguro, va a decir que no hago: que nunca le pongo cloro a la pileta.

V.: -¿Ves? Eso me lo banco, me parece una tarea un poco masculina, la asumo con gusto.

V.B.: -Con respecto a él, Gaby no contribuye demasiado al orden. Eso es malo, pero a la vez es bueno que no sea obsesivo ni exigente.

-De lo que hacen, ¿qué es lo que menos les gusta de lo doméstico?

V.: -Lo que menos nos gusta hacer son los papeleos, los trámites en bancos, en oficinas públicas. Cuando nos encuentres con una terrible cara de traste, seguro que andamos en algo de documentación. En algunos temas, incluso, decidimos interrumpir los trámites porque nos molestaba demasiado.

V.B.: -Desde que nos conocemos, tenemos que gestionar algunos documentos y no lo hicimos.

V.: -Sí, nunca fuimos y nunca vamos a ir. Al único que lo tenemos al día con los papeles, inscripciones, vacunas, es a Florián. El tiene todo perfecto.

-Hablando del niño, ¿en algún momento, cuando él nació o después, se pusieron a hablar en torno de la educación que le iban a dar, tuvieron que hablar de ese tema o fue saliendo solo?

V.: -En general, fue saliendo.

V.B.: -Hablamos todo el tiempo.

V.: -Bueno, sí, a veces hablamos sobre la conveniencia de a qué escuela mandarlo, si tenía que ser pública o privada. Esa discusión la tuvimos, pero otras cosas, igualmente importantes, surgieron de un modo natural.

-¿Y qué decidieron? ¿Va a privada o estatal?

Los dos: A una privada. No es cara, pero tiene lindos baños y se puede entrar a mirar, a averiguar. En las escuelas municipales no se podía demasiado.

-¿Qué cosas creen que vuelven pareja a una pareja y qué cosas en desparejas?

V.: -No creo que en nuestro caso tengamos que hacer algo especial para que nuestra relación sea más pareja. Yo siento que, desde que la conocí, supe que Valeria era la mujer de mi vida. Por su belleza, por su inteligencia, por su vocación artística tan definida. Conozco parejas en las que uno de los dos se opone a que el otro haga alguna cosa. Yo, lo aclaro por las dudas, jamás le diría una cosa así a mi mujer, pero aún cuando lo dijera se que, por suerte, ella nunca me haría caso. Su fuerte definición me ayuda a estar más seguro. En eso, creo que somos muy parejos: en respetar y admirar lo que el otro hace.

V.B.: -A mí también me entusiasma su trabajo cotidiano, su forma de vivir, su humor (nos reímos mucho) que es lo que nos pone a salvo de situaciones difíciles.

V.: -En cuánto a por qué lo desparejo, no es culpa de ninguno, yo lo atribuyo a los tiempos que nos toca vivir...

V.B.: -Claro, el eterno problema de que uno va más veloz y el otro se estanca. A nosotros nos pasó. A mí, concretamente, hace poco me afectó cierto estado de indefinición, no se terminaban de concretar algunos proyectos de trabajo y no encontraba la manera de salir...

V.: -Pero no, Valeria, ésas son circunstancias. Lo que yo decía es que vos tenés un mundo propio, hiciste tus elecciones y nunca te vas a alejar de ellas, aunque a veces algunas cosas tarden más en salirte.

-¿Cuál fue, hasta ahora, la pregunta más difícil que tuvieron que responderle a Florián?

V.B.: -Hubo una, hace poco, dificilísima. Por suerte él mismo se la fue respondiendo. Empezó preguntando por los números finitos e infinitos, luego si el cielo era infinito o finito, y de ahí pasó a las personas, y, desde luego, terminó en él mismo. Imaginate: llegamos al alma, al espíritu. Y él solo se manda sus propias teorías; en este caso dijo que lo que aseguraba la eternidad eran los hijos, y los hijos de los hijos.

V.: -Aunque se dan preguntas difíciles son apasionantes porque te exigen reflexionar con la verdad más absoluta. Las veces que nos pregunta sobre nuestras propias historias nos lleva a pensar en nuestras propias cosas, muchas veces no aclaradas.

-Imaginen una situación social, muy común en las parejas. Están reunidos con amigos y uno de ustedes está contando algo. ¿Es habitual que el otro se meta en el relato para corregir y aumentar?

V.B.: -Algunas veces yo hago eso, pero si me doy cuenta, como no me gusta, dejo de hacerlo (se ríe). No es por maldad, es para agregarle color, se hace con afán de enriquecer.

V.: -Yo ya sé que la actriz es ella y que a las actrices no se las interrumpe porque se enojan.

-¿Cuánto creen ustedes en ese dicho que asegura que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer?

V.: -Por lo menos en nuestra pareja, está considerado un dicho totalmente estúpido. Tanto como el día de la mujer...

V.B.: -Alude a que las mujeres tienen que bancarse todo, ¿no?

V.: -Es ridículo, es cavernícola.

-¿En qué temas dirían que tienen ideas llamativamente afines y en qué temas las tienen llamativamente opuestas?

V.: -Si hablamos de lo artístico las tenemos muy coincidentes, incluido en los consejos sobre los trabajos que estamos haciendo. Y opuestos, habría que ir a parar a los gustos específicos, yo puedo pasarme horas viendo fútbol ...

V.B.: -O cuando estamos en la playa y él dice vamos al mar y yo digo no, ahora no tengo ganas. ¿Pero cómo no vas a tener ganas? Y no, no tengo ganas.

V.: -Algo en lo que coincidimos es en que a ninguno de los dos nos parece que haya que guardar la plata.

V.B.: -Ah, claro, el pensamiento del ahorro. Compartimos la idea de que la plata es para usarla, para divertirnos.

V.: -Tengo la teoría enferma de que si uno ahorra deja de ganar plata. Cuando se cae una moneda al piso hay que dejarla. Si ganamos algo de guita, viajamos, y cuando ganamos una buena cantidad, hicimos esta casa.

-Decían que la separación por los viajes era un motivo de angustia. ¿Cuánto tiempo llegaron a estar separados?¿Encontraron alguna manera de resolver el sufrimiento?

V.: -Ahora estoy por viajar por quince días y ya nos sentimos mal. Tres o cuatro veces al año tenemos que afrontarlo. Alguna vez pasé un mes fuera de casa.

V.B.: -Una situación feliz que encontramos es viajar juntos. Florián está arriba de los aviones desde que tenía quince días. Pero cuando no podemos hacerlo, cuando por razones de trabajo yo me tengo que quedar, o ahora por Florián, que ya está en la primaria y no puede faltar tanto como en el jardín, sentimos que nos estamos perdiendo la mejor de las fiestas.

-¿Qué es lo que más se admiran y lo que más se critican?

V.B.: -Yo a él la calma y la seguridad en sí mismo... Tiene una envidiable perseverancia en esos dos atributos. El es una persona que no necesita dar ninguna explicación de los pasos que da.

Encima es super talentoso, así que imaginate lo que suma. Y como crítica, lo mismo: que no necesita dar explicaciones sobre lo que hace. Y una crítica, no sé; por encontrar una, podría ser lo de la desorganización.

V.: -Lo primero que admiro de ella es una cierta clase de talento que la hace muy especial y oportuna y acomodada a los tiempos. Después le admiro la belleza, lo buena madre que es, el sentido de practicidad para llevar adelante lo de la casa. No es cierto lo que ella dice sobre que es insegura, si parece que anduviera por la vida con un guión escrito desde que nació. Críticas... que a veces sufre en exceso por cosas relativas a su trabajo, a la actuación: me gustaría que pudiera pasarla más relajada.

-¿Los amores se cuidan? ¿Ustedes tienen una fórmula de cuidado?

V.B.: -La fórmula es que haya amor. No se puede cuidar aquello que no existe.

-¿A que llamás amor?

V.B.: -A que si no estás cerca del otro sentís que te morís. Yo siento que si no tengo a Gabriel y a Florián, me muero. Así que dudo que haya que cuidar a las parejas. Hay que cuidar que no se agote el amor.

V.: -Mi fórmula es impedir que entre a la casa "el fantasma de la abuelita", cuando uno se deja internar por otra persona y de la cabeza te salen voces o pensamientos indeseables, que no te pertenecen.

V.B.: -Pero a veces sucede que los malos momentos pueden entusiasmar, o a uno le atrae convivir con el desastre.Los malos momentos son parte de la realidad.De los malos momentos también se aprende. Y lo mejor es pasarlos juntos, porque lo que queda es una linda sensación de aventura compartida.

V.: -A lo mejor lo que voy a decir es una grasada, pero la de llegar a ser feliz es la mejor batalla personal que uno puede librar.

-¿En alguna ocasión se plantearon pruebas de amor, juramentos de algún tipo o pactos? ¿Hasta donde llegaban esos acuerdos y si los cumplieron?

V.B.: -A ver, ¿sobre qué temas?

-Bueno, por ejemplo, sobre la fidelidad.

V.: -Descontamos que ese es un tema que debe que estar. Imposible considerarlo dentro de un pacto.

-¿Qué motivos le harían llegar a la conclusión de que se pudrió todo?

V.: -Que alguno de los dos perdió el amor por el otro. Todo lo demás es superable.

-¿Imaginaron alguna vez que, de tan especial, la pareja de ustedes era distinta a la de todas?

V.: -En belleza física (se ríen). Para ser francos, y esto debe ser algo que le pasa a todo el mundo, la idea de que nuestra pareja es la mejor de todas y que nuestro hijo es el más lindo, está presente siempre.Uno sabe que no es verdad, pero por qué no pensarlo.

-¿Cuál es la mejor pareja que conocen?

V.: -Las de nuestros padres... no, esas no (se rien).

-En esta casa,¿ quién maneja el control remoto del televisor?

V.: -Yo tengo el control remoto, pero la que verdaderamente da las órdenes es ella. En voz baja te va ordenando, cambiá, pasá, dale, a ver dejá un poquito, poné otra cosa. Sólo cuando ella dice voy al baño o a hablar por teléfono yo realmente me hago cargo.

Juntos, sin documentos

Valeria y Gabriel se conocieron hacia finales de la primavera de 1993 -época en que consienten como para un eventual aniversario- en los ensayos de la filmación de 1000 boomerangs, del director Mariano Galperín. Nunca se habían visto antes, salvo él a ella a través de unas fotografías que le había mostrado Galperín y ella a él en algunas entrevistas "porque Gaby ya era conocido". No están casados legalmente, porque en una ocasión que lo hicieron, en Miami, faltaron algunos documentos que le quitaron validez a la ceremonia. Vicentico venía de una pareja anterior, de dos años, y Valeria de algunas relaciones estables. Sobre los matrimonios de sus padres casi coinciden en la respuesta: "Fueron normales... hasta que se separaron". No creen, de ninguna manera, constituir un matrimonio de película, a la manera de uno que ambos admiran y celebran cada vez que los ven: el de los norteamericanos Susan Sarandon y Tim Robbins. Vale y Gaby trabajaron juntos en otras películas, como la original Silvia Prieto, de Martín Retjman, y videos en los que Valeria actuó y Vicentico musicalizó: "Cada vez que trabajamos juntos fue por iniciativa nuestra y realmente nos divertimos mucho", concluyen. .

Por Carlos Ulanovsky Fotos: Daniel Pessah
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