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PERSONAJES

Los hijos de Tato

Revista

Alejandro y Sebastián Borensztein se muestran como lo que son: hombres y productores independientes. Además, los descendientes del gran cómico argentino

Hace trece años cruzaron el umbral de la televisión. "Ustedes no son nada, no valen absolutamente nada y van a ganar lo que gana el que menos gana", les dijo el ejecutivo del canal. Habían convencido a Tato Bores de que los dejara manejar su programa sin pensar que tenían que pagar el derecho de piso. Lo pagaron y aprendieron el oficio de la TV. Tres temporadas después, los hermanos se separaron. Alejandro Borensztein, por motivos personales, se instaló en Punta del Este y volvió a su profesión, la arquitectura. Sebastián se quedó a pelearla en Buenos Aires en el terreno de la pantalla chica. Tuvo más de un socio y tantos fracasos (La condena de Gabriel Doyle) como éxitos (El garante). Hace poco más de un año, los hermanos se unieron para formar la productora BBTV y se consolidaron gracias al suceso de Tiempofinal.

Después de todo esto, todavía son, sin embargo, los hijos de Tato. Como tales heredaron los elogios y el cariño que mereció su padre, el actor cómico de la Nación. Así fue. Pero no son demonios. Tampoco ángeles. Esta entrevista pretende esquivar esos extremos para conocer a los hermanos Borensztein como lo que son: hombres, argentinos y productores independientes.

Por ahora, las oficinas de BBTV se reparten entre un 5° A y un 7° B, pero la dupla se tiene fe. Como a partir de este mes, además de hacer el segundo año de Tiempofinal en Telefé, van a tener La Cajita Social Show en Canal 13, están construyendo el edificio propio para la productora. Pero aún no decidieron si las instalaciones contarán con un estudio de grabación. "Los canales se sacaron de encima la producción y se la tiraron a las productoras independientes. Personalmente no estoy tan seguro de que haya que atajar eso", comenta Alejandro. De hecho, por ahora no lo hacen. Tanto Tiempofinal como La Cajita Social Show son coproducciones con Telefé y Canal 13, respec-tivamente. Pero, además, en estos días pondrán un pie en España. Pronto, Antena 3 estrenará la versión ibérica de Tiempofinal -que allá se llamará Desenlace-, producida por BBTV y la empresa española Talent. Mientras tanto, aquí en la Argentina desarrollan nuevos productos.

-La Cajita Social Show es un ciclo humorístico de sketches. ¿Cómo funciona el equipo autoral?

Sebastián: -Es muy simple. Es un equipo de autores muy numeroso. Cada uno tiene la responsabilidad de escribir. Cuantos más autores hay más posibilidad tiene uno de elegir material. Dentro de ese equipo también estamos nosotros dos. Escribimos sin tener la obligación de tener que cargarnos el programa los dos solos. Eso ya lo hemos hecho. Eso ya pasó. Ahora la idea es armar equipos creativos, que haya muchas cabezas pensando en una hora de televisión.

BBTV es una productora de un año de vida y su supervivencia es un milagro en tiempos de televisión salvaje. Aún más, BBTV hace lo que nadie: tener un programa en Telefé y otro en Canal 13, los mayores adversarios del medio.

-Con este nivel de competencia, ¿cómo lograron tener un producto en los dos canales?

Sebastián: -Es muy simple. Hicimos Tiempofinal en Telefé y La Cajita... fue un proyecto que también presentamos ahí. A Telefé le gustó e hicimos un piloto dentro del canal y nos pasamos... (le pregunta a su hermano) ¿Cuántos meses sin llegar a un acuerdo?

Alejandro: -Y... estuvimos en una larga conversación que duró casi todo el año último. Pero la propuesta de ellos no cerraba.

Sebastián: -En Telefé dijimos: "Muchachos, no cierra. Si hay otra propuesta vamos, pero si no hay otra propuesta, nos liberamos mutua-mente". La respuesta de ellos fue: "Nos liberamos mutuamente". Y fuimos a Canal 13 y Canal 13 dijo: "O.K. Me gusta". Así que ne-gociamos, arreglamos y acá estamos. Muy simple.

-¿Cuánto va a tener que ver La Cajita Social Show con Viva la patria? (Ciclo de humor político con sketches que duró una breve temporada en América, en 1997.)

Sebastián: -Hay algo inevitable: lo que está escrito por nosotros es un estilo nuestro. Pero con Viva la Patria no tiene nada que ver. Ni en su estructura ni nada. Cero.

-Pero, ¿no es un programa humorístico y de sketches?

Sebastián: -Sí. Como La tuerca.

-Es una cuestión de género. Pero vos te dedicaste a la ficción aunque te habías iniciado en el humor.

Sebastián: -Ahora estamos volviendo. El humor es un camino ineludible. ¿Cómo salirse de la huella? Es imposible. Hacer ficción es una aventura nueva y en la que nos ha ido muy bien. Pero lo que vamos a hacer es aquello que tradicionalmente hacemos.

-Alejandro, ¿qué fue lo último que habías hecho en TV?

Alejandro: -La Argentina de Tato, en 1999. Y antes nos remontamos al siglo pasado, a la década pasada, al último ciclo que hicimos con Sebas para Tato, para papá, que fue Tato, en busca de la vereda del sol.

-Mientras, ¿construiste casas?

Alejandro: -Mientras tanto, trabajé de arquitecto. Este año cumplo 20 años de arquitecto. Pero estoy desacelerando. La cons-trucción, la arquitectura, es una actividad que tiene una gran inercia, lleva mucho tiempo hasta que empezás a ponerla en marcha y lleva mucho tiempo hasta que la vas desacelerando.

-¿Tanto te tira la tele?

Alejandro: -Nací con la televisión. Desde que nací en mi casa se hablaba de televisión y eso es lo que posiblemente, más allá de que tanto Sebas como yo estudiamos otra cosa (Sebastián estudió Comunicación y trabajó primero como creativo publicitario) y desarrollamos otra actividad, en algún momento dijimos: "Vamos a hacer televisión".

-No todos los hijos de los que hacen tele se dedican a la tele.

Sebastián (muestra una foto de su infancia que extrae de un pilón): -Desde acá lo teníamos incorporado. Desde esta época.

-¿Qué hacen con estas fotos en la oficina?

Alejandro: -Yo encontré el otro día unos slides y los mandé hacer fotos papel.

-Son muy lindas. No parecen ustedes. Eran chiquitos y lindos y se volvieron... feos y viejos.

Sebastián (Alejandro se ríe a carcajadas): -Eran otros hermanos, éstos no somos nosotros.

-Sebastián, vos trabajaste con mucha gente en estos últimos años. Con Alfredo Casero en Cha cha cha, con José Levy, que fueron socios, con Nicolás Repetto... Y finalmente hacés una sociedad con tu hermano. ¿Es una condición trabajar con la familia?

Sebastián: -Nosotros somos socios naturales. Empezamos a hacer esto juntos. Si esa sociedad, que no era una sociedad comercial como hoy, se interrumpió, fue porque él decidió irse a vivir a otro país.

-¿A dónde te fuiste?

Alejandro: -Viví en Punta del Este, desde 1991 hasta 1998.

-O sea (a Sebastián), te abandonó.

Sebastián: -En pocas palabras, sí. Pero lo perdoné y acá estamos.

Alejandro: -Empezamos de muy chicos en la tele, y él particularmente era muy chico porque, aunque ya no es más así, yo antes le llevaba cinco años.

-Pero hay hermanos que no siempre se llevaron bien. Por ejemplo, los...

Alejandro: -Los Sofovich.

Sebastián: -Tenemos prevista esa etapa de la pelea para más adelante. Por ahora no.

Alejandro: -Y yo tengo un Jenga guardado por ahí.

-En definitiva, no es una cuestión de naturaleza.

Sebastián: -Yo hablo de nosotros, pero no porque seamos hermanos, sino porque es así.

Alejandro: -Hay millones de cosas. Empezamos haciendo televisión juntos, lo hicimos mucho tiempo, construimos un lugarcito juntos en la tele. Yo, por un montón de razones personales y de toda índole, decidí que quería otro tipo de vida, me fui a Uruguay, crié a mis hijos en otro entorno, me dediqué a lo que había estudiado, me metí muy de lleno en la construcción. Sebas hizo una carrera impresionante como autor y director. Y en un momento dado se me ocurrió lo de La Argentina de Tato. Al principio me costó convencer a Sebas.

En realidad nunca lo convenció. Sebastián había aceptado la oferta de Nicolás Repetto para formar la productora que luego lanzó Sábado Bus. "Le planteé a Alejandro que contaba con mi apoyo moral si le servía para algo", dice el menor de los hermanos.

-¿Cuánto les pesa seguir siendo todavía los hijos de Tato?

Sebastián: -¿En qué sentido?

-En todos.

Sebastián: -En un momento, me molestaba que los medios hicieran solamente esa asociación con respecto a mi trabajo en TV. Sentía que había hecho montones de cosas. Pero, bueno, uno entiende que es también una manera rápida de identificar a alguien. A esta altura del partido, después de muchos años, no me pesa.

-Como contrapartida, hay otros productores del mismo rango de ustedes que no tienen tanta prensa porque no están identificados.

Sebastián: -Puede ser. Hay en favor y en contra. Yo siempre cuento que cuando empezamos con Ale, ser los hijos de Tato jugó muy en contra. No jugó en favor como todo el mundo cree.

-¿Por qué?

Alejandro: -Porque todo el mundo pensaba que estábamos ahí porque éramos los hijos de Tato.

Sebastián: -Como que Tato estaba gagá y le tomamos el poder. Te cuento la conversación con el tipo que nos contrató por primera vez en un canal, que no voy a decir el nombre. Nos dijo: "Ustedes para mí no son nada, no son nadie, no valen absolutamente nada, y van a ganar lo que gana el que menos gana". Ese fue el punto de partida.

-¿Eso fue en el 13?

Sebastián: -Eso fue en Canal 2.

Alejandro: -En un Canal 2 que no existe más. Cuando era el canal de Héctor Ricardo García.

Sebastián: -Arrancamos en ese canal en 1988, con Tato diet. Bueno, el tipo que nos contrató nos basureó de esta forma.

-Ahá.

Sebastián: -Así empezó la carrera.

-Sabés que siempre supuse, Alejandro, que habías empezado antes que Sebastián.

Sebastián: -No. Empezamos juntos. Tuvimos que rendir un examen muy grande. Es como si te doy primero el uniforme de general y después te digo que te ganes el lugar. Tuvimos que salir a defender un lugar que naturalmente no teníamos. El viejo dijo: "Te presento a estos dos señores que me van a manejar", y se fue. No nos conocían, no gozábamos del respeto de la gente, ni de la prensa, ni de nadie.

-Tampoco tenían ustedes ni la experiencia ni el oficio.

Sebastián: -Pero empezó de esa forma. Primero nos dieron el título y después nos lo tuvimos que ganar. No es que nos lo ganamos y después nos lo pusieron acá en el pecho. Por eso digo que nos jugó recontra en contra. Porque hubo que salir a remar una catarata para arriba.

Alejandro: -Obviamente no es que el viejo nos puso. Nosotros lo convencimos. Lo empujamos al viejo a tomar nosotros el programa porque sentíamos que lo podíamos hacer mejor que todas las opciones que tenía él en ese momento. Después, obviamente, lo hicimos bien. Si no lo hubiéramos hecho bien...

Sebastián: -...no estaríamos acá.

-Alejandro, como arquitecto, ¿te pasaba que la gente dijera: "¡Qué me va a construir una casa si trabaja en la tele!"?

Alejandro: -Me pasó en un momento dado. Venía de una muy buena carrera como arquitecto y, sin embargo, la televisión me fue absorbiendo y evidentemente fui comunicando que no hacía arquitectura por lo que empezaron a dejar de llamarme. Tuve que dejar formalmente la televisión para que me volvieran a considerar como arquitecto.

-¿Vos, Alejandro, inventaste El inodoro justiciero? (Aquel sanitario gigante donde en épocas de Tato, arrojaban, metafóricamente, a sindicalistas y políticos.)

Alejandro: -Eso lo hicimos con Sebastián.

Sebastián: - El inodoro justiciero se hizo en 1990, en Tato en busca de la vereda del sol.

Alejandro: -Que fue el último año que trabajamos juntos.

Sebastián: -Hasta ahí nunca habíamos laburado separados y habíamos arrancado juntos.

-¿Sabés por qué creía que habías empezado primero a trabajar con Tato? Porque vos salías con Camila Perissé.

Sebastián: -El empezó a hacerse conocido, que es distinto. El arrancó antes en eso.

-Claro, estaba en todas las revistas. Volviendo a El inodoro justiciero. Era una síntesis del sentimiento popular.

Sebastián: -Fue muy revolucionario y mucho más para la época. Nosotros hemos tirado ministros por el inodoro.

Alejandro: -Quizás eso sea algo que recuperemos.

Sebastián: -Porque el inodoro tiene actualidad y, además, nos pertenece. Podemos echarle mano cuando queramos. .

Texto: Miriam Molero Fotos: Daniel Pessah
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