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PERSONAJES

La eternidad en una hora

LA NACION revista

Dos escritores: el argentino Leónidas Lamborghini y el español Manuel Vicent. Juntos intentan una aproximación al tiempo y sus contornos, fantasean con el paraíso y se ríen de la muerte

Tiempo es una palabra infinita. Sirve para nombrar la duración de las cosas sujetas a mudanza. La época en la cual vive una persona. Es también la ocasión de hacer algo o el estado de la atmósfera. Hay tiempos musicales, hay tiempos verbales, y existen además cientos de figuraciones que lo nombran, como "matar o engañar el tiempo", simpática manera de decir que se rellena con acciones intrascendentes una espera.

Filósofos, poetas, músicos, astrónomos, matemáticos, meteorólogos, obreros, físicos, literatos y hasta un simple instante en un café a la espera del ser amado lo comparten. Se inquietan cuando se detiene. Se extenúan cuando se acelera. Gozan cuando les devuelve eternidad. Se impacientan cuando se demora. Se asustan cuando llega al final.

Innumerables veces se pierde. Y se sabe que es oro. Porque si algo tienen todos los tiempos en común es que dependen de los actos de los hombres. Sin ellos, hasta la eternidad se desorienta. El tiempo gira alrededor del hombre, ¿o no?

Entonces, una noche tibia, en esa ciudad surcada por diagonales, dos de ellos -que suelen hacer del tiempo una herramienta para otras fantasías- se sientan y hablan de él sin temor de pronunciar su palabra una y otra vez: tiempo, tiempo, tiempo...

Muchos momentos hay en que ellos se ríen de sus distorsiones, en que le inventan territorios inciertos, en que pretenden imponerle su dominio y se muestran como gigantes indómitos. Ellos lo dicen con gesto de guerreros: el arte, la literatura, persiguen al tiempo desde el principio para apresarlo.

Uno es de aquí, y se llama Leónidas (Lamborghini) como el rey de Esparta héroe de las Termópilas. El otro viene de España, y su nombre, Manuel (Vicent), recuerda a aquel rey de Portugal que llamaban El Afortunado. Aunque carecen de corona y de reino, las palabras les sirven para inventarlos. Son los reyes del verbo.

Los juntó el Encuentro de Escritores que organizó la Secretaría de Cultura de la provincia de Buenos Aires. Ellos y otras varias decenas de ellos permanecieron durante algunos días reunidos en el Teatro Argentino y hablaron, entre otras muchas cosas, sobre el hombre y el tiempo.

Ponerse de acuerdo sobre el tema parecería, a priori, una tarea imposible. Aun así, tanto en público como en el fragor de la charla privada, en la sala vacía, buscaron: qué es el tiempo; cuántos tiempos hay exactamente; pero además, como todo está relacionado, las certezas futuras que dependen del tiempo, como la Eternidad, la Muerte, el Cielo, el Infierno, el Purgatorio, Dante, Dios...

Y Borges, el inefable perseguidor de eternidades cuyos versos se infiltran en la página en blanco.

"(...) El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges."

"Yo conocí una vez a un panadero gallego que me dijo: Dios creó el tiempo, pero a nosotros nos dejó que hiciéramos las horas. Creo que es una perfecta definición. Porque el tiempo para mí es lo que hacemos. De hecho, en esa expresión tan vulgar, estoy haciendo tiempo, se definen las acciones que se producen en el mientras tanto. Un montón de cosas anodinas con las cuales estamos haciendo tiempo, es decir, fabricando tiempo."

Manuel Vicent dibuja con las manos líneas en el aire. ¿Líneas que dibujan tiempo? No sólo, también espacio.

"Estamos dentro de una jaula mental, hecha de tiempo y de espacio. Son como moldes de pensamiento y no podemos pensar fuera de esta campana neumática", dice, y sus manos no se detienen sino para volverla a emprender y surcar el aire.

"Para mí, en cambio, es como un vengador. Se me aparece como la figura de aquel soneto de Quevedo, que en la última línea levanta la cabeza y allí está la otra orilla. No te das cuenta, pero de pronto levantás la cabeza y ahí está el tiempo, inexorable." Respaldado en su sillón, Lamborghini pronuncia con la cabeza gacha y sigue con los gestos su relato.

Levanta la mirada y señala, como si lo viera: "Ahí está... inexorable. Es curioso, ¿no? Cuanto más fuerte es el deseo, más se achica el tiempo..."

"(...) No hay otro tiempo que el ahora, este ápice/del ya será y del fue, de aquel instante/en que la gota cae en la clepsidra./El ilusorio ayer es un recinto/de figuras inmóviles de cera/o de reminiscencias literarias que el tiempo irá perdiendo en sus espejos." (Borges).

"El tiempo se acelera a medida que vas viviendo. Porque como es hacer tiempo, cuando haces cosas repetidas resbalas sobre tus propios hechos. ¿Por qué el tiempo de la infancia dura tanto? ¿Por qué los años tardan tanto en pasar? Porque las cosas son tan nuevas que son largas, y a medida que las vas repitiendo, el tiempo resbala sobre tus propios actos, sobre tu propia vida, ya sin interés. Pero el tiempo es también el mejor escultor del mundo. Desde que esculpió el Parthenón y lo dejó en el hueso, hasta que esculpe el cuerpo humano de tal forma que lo convierte en caricatura. Es un escultor completamente cruel." (Vicent).

"Es cruel", repite Lamborghini, con la mirada todavía perdida en su interior. "Somos sujetos del tiempo", agrega y cabecea sobre su pecho: "Como en las famosas redondillas de Manrique, en las que el tiempo va destilando, y ahí está la muerte también".

Será la edad, la experiencia vivida o es que resbalan sobre sus propios hechos, como dice Vicent. La muerte se asoma por cada hendija y se ríen a borbotones para exorcizarla, aunque está claro que los fascina juguetear con la provocación.

Tiempo = deseo = vida = muerte = eternidad parece la ecuación por seguir. Las olas de la mente los arrastran. Basta acompañarlos desde atrás para diseñar un trayecto posible.

"Es una sensación, es una jaula, se confunde con el silencio y a la vez se confunde con el espacio -irrumpe Vicent-. Cuando veo un cuerpo espléndido, lleno de vanidad, me digo: pero si ya está dentro de la jaula. Y no podrá escapar. Y lo va a devorar."

"(...)Ignoro si la música sabe desesperar de la música y si el mármol del mármol, pero la literatura es un arte que sabe profetizar aquel tiempo en que habrá enmudecido, y encarnizarse con la propia virtud y enamorarse de la propia disolución y cortejar su fin." (Borges) "Hay un tiempo hacia atrás -dice Vicent-, que es la nostalgia. Hay otro tiempo, hacia adelante, que es la melancolía. La melancolía es saber que ahora estás bien, y que el tiempo se acaba. La melancolía está en ese gozo que te producen los placeres que se terminan, esos placeres últimos que te estás devorando."

Han pasado apenas diez minutos de encuentro. Y el tiempo parece haberse ido a otra parte, lejos de estos dos reyes que intentan explicarlo.

Como a propósito, a Lamborghini se le ocurre desmentir los relojes del mundo. Los solares, los de arena, ninguno de ellos, según él, le dice la verdad.

"Algo te dice que el tiempo no está en los relojes: un minuto puede ser una eternidad. O una hora de reloj transformarse en un suspiro. A Proust lo desesperaba esta relatividad continua. Por eso pone en juego la memoria para recobrar ese tiempo pasado."

"Cuando el tiempo ha pasado, aunque sean millones de años, es nada y se contrae. Por eso un escritor catalán, que se llama Josep Plá, se ríe mucho cuando los paleontólogos hablan de sus descubrimientos y dicen, por ejemplo: Este cráneo que hemos encontrado tiene entre un millón y un millón y medio de años. Exacto, responde siempre Plá. Medio millón como nada." Y Vicent se ríe a carcajadas y se pregunta cuánta gente habrá vivido, habrá amado hasta la locura y habrá muerto en ese medio millón. Cuántos países habrán sido oprimidos o libertados en ese medio millón. Cuántos descubrimientos científicos habrá habido en ese medio millón. "La vida de un hombre es menos que una chispa si se habla de tiempos históricos. Y a pesar de esa nada, alguna gente que anda por ahí te dice: No sabe usted con quién está hablando."

Y Vicent vuelve a la risa, antídoto contra el absurdo. Lamborghini lo acompaña en el espasmo.

"(...)¿Cómo pude no sentir que la eternidad, anhelada con amor por tantos poetas, es un artificio espléndido que nos libra, siquiera de manera fugaz, de la intolerable opresión de lo sucesivo? (...)" (Borges).

"El arte desde siempre sólo se ha propuesto vencer al tiempo", sentencia Lamborghini.

-¿Y ustedes han podido vencerlo alguna vez?

Vicent: -Sí, a veces. Hay momentos en la vida en que el placer y la belleza se unen y el tiempo se para. Extasis significa parada. Así, cada pequeño placer es también la muerte.

Lamborghini: -Es como en la oda de Keats al ruiseñor: eternizar el instante. Si uno pudiera eternizar el instante...

-¿Qué es la eternidad, entonces?

Vicent: -Pues yo creo que es un agujero negro. Tal parece que la nada es lo que más pesa. Desde que han descubierto los agujeros negros en el espacio, que tienen una monstruosa densidad, no se puede creer otra cosa. La eternidad, entonces, es la nada, y pesa muchísimo.

Lamborghini: -Para mí, que soy católico...

-¿Usted es católico?

Lamborghini: -Y claro, porque soy pecador. Además por eso soy hereje y estoy más unido a la Iglesia; no voy nunca, pero añoro el momento en que tomé la Primera Comunión.

Vicent: -Es la mejor religión del mundo: puedes matar a alguien y luego arrepentirte, y tan limpio.

Lamborghini: (Riéndose.) -Es maravillosa... Joyce dice que el pecado es lo único que explica que llegues al corazón de Dios. Esa separación que implica el pecado con respecto a Dios, Joyce la ve como el hilo de unión. Y desde allí se ve la eternidad con mucho miedo. Yo quiero el olvido. No quiero seguir aferrado a mi yo, prefiero terminar. Si la eternidad es el olvido, bienvenida sea. Si tengo que seguir viviendo, sería muy aburrido. Como en el prólogo de Goethe: un cielo en el que todo es tan perfecto que te morís de aburrimiento.

Vicent: -La eternidad podría ser el Bolero de Ravel, infinitamente tocado, mientras comes mazapán eternamente, y rodeado por todos los ángeles, que no tienen trasero.

-Pero eso suena como un infierno...

Vicent: -Tú imagínate que el mundo es una discoteca fascinante. A medida que la discoteca es más fascinante, cuando vas al lavabo más difícil es saber cuál es el de caballeros y cuál el de damas. Aparte de que estás muy borracho, ponen unas pictografías imposibles de descifrar. Primero tienes que saber si tú eres hombre o mujer, lo cual ya es una gran incógnita. Bajas a un sitio donde está todo lleno de cajas de Coca-Cola y barriles de cerveza. Si el sitio es muy cutre, si es un tugurio, entonces no habrá dudas, ponen Damas y Caballeros; arriba estará todo lleno de asesinos y de gente maleva. A medida que los sitios se refinan, saber dónde tienes que entrar se complica porque te ponen el dibujo de una llave en una puerta y de un candado en la otra. Muchos ponen hasta pinturas rupestres. Pues bien, yo me imagino que morirse es ir a los lavabos del más allá, donde en vez de lavabos de hombres y mujeres ponen puerta del infierno y puerta del paraíso y es imposible distinguir la diferencia. Y te van a juzgar en ese pasillo lleno de cajas de Coca-Cola, porque allá tiene que haber Coca-Cola y McDonald´s. En esos sitios, si te fijas, siempre hay una puerta que dice Privado, y uno nunca sabe quién está allí dentro. Aquí está el dueño de la discoteca. Allá está el Creador, que es el que sale y te juzga. Pero el problema es que en el cielo están tocando el Bolero de Ravel y comiendo mazapán eternamente y está lleno de ángeles sin culo. Y en el infierno está lleno de palmeras y de hermosas mujeres y bailan cha-cha-chá. Y tú finalmente querrás ir al infierno.

Lamborghini: -Yo no sé, yo tengo mis incrustaciones mentales.

Vicent: -El es un teólogo.

Lamborghini: -De todas formas hago toda una parodia de eso. Cuando leo al Dante me digo: ¡Qué tipo estúpido!¡Qué poca imaginación! La eternidad, la lucecita, ¡qué estupidez! De existir ese tipo de eternidad debe de ser algo mucho más original. Lo que queda del Dante es el poder de su poesía, pero todas esa alegorías, ¡por favor!, Schopenhauer tenía razón cuando hablaba de los mamarrachos del Dante. Todo eso de meter a sus enemigos en el infierno y a sus amigos en el purgatorio... era un pesado.

Vicent: -Está ese especialista en el Dante, que había escrito mil libros sobre el Dante y era el que más sabía sobre el Dante, y a punto de agonizar llama a un discípulo y le dice: "Me jode el Dante".

Lamborghini: -"Escribe bien que todo se te perdonará". En fin, yo no me veo en el paraíso, no estoy apto para esos menesteres. Para vencer al tiempo prefiero los instantes. Un amor intenso...

Vicent: -Y una muerte con poca cama.

-¿Cómo les gustaría morir, si pudieran elegir una manera?

Vicent: (Una sombra le atraviesa la cara, pero luego se ríe). -No me atrevo ni a pensarlo. Pero que sea rápido.

Lamborghini: -Si uno se está muriendo todo el tiempo...

Vicent: -Es verdad. Tenemos un suicidio larguísimo. Claro que algunos lo hacen más corto. ¡Si es que últimamente la gente tiene unas ganas de morirse increíbles!

Lamborghini: -Sí, señor.

Vicent: -Y hace todo lo posible por morirse.

Lamborghini: -Sí, señor.

Vicent: -Y cuando nos muramos y lleguemos allá, Dios nos dirá, como en los telefilms: "Qué bueno que viniste".

"(...) Dunne asegura que en la muerte aprenderemos el manejo feliz de la eternidad. Recobraremos todos los instantes de nuestra vida y los combinaremos como nos plazca. Dios y nuestros amigos y Shakespeare colaborarán con nosotros.

"Ante una tesis tan espléndida, cualquier falacia cometida por el autor resulta baladí." (Borges) .

Texto: Alejandra Herren Fotos: Daniel Pessah
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