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Refutadores: No queda truco en pie

En la Argentina y en el mundo hay asociaciones en las que científicos, abogados, sicólogos y magos se dedican a la refutación sistemática de la astrología, la parapsicología, las medicinas alternativas y otras disciplinas científicamente no comprobadas, a las que ellos llaman seudo-ciencias. Pasen y vean...

Domingo 10 de septiembre de 2000

La canción es la misma desde hace décadas: cada tanto la NASA da a conocer la autopsia del último hombrecito verde atrapado en el jardín de un granjero de Wyoming, y el cerro Uritorco vuelve a ser el sitio preferido del ovni de las 18.30, mientras centenas de libros aseguran que Hitler está vivo, que las pirámides de Egipto son obra de ET, que hay vida en Marte pero la CIA es mala y no quiere que se sepa, que el futuro puede predecirse con recetas de videncias infalibles.

Hay quienes creen, hay quienes no quieren creer.

Pero entre quienes se limitan a profesar el más oceánico de los desintereses por estas creencias y los crédulos fervientes de toda la vida, se agita una raza intermedia. Un grupo de seres difíciles de clasificar (¿escépticos, racionalistas, especialistas en fraudes, positivistas, refutadores? ¿O, como los llaman sus detractores, fanáticos cientificistas, positivistas a ultranza?), convencidos de que estas doctrinas merecen nombre, clasificación y sometimiento a una mirada crítica, sobre todo cuando se entrometen en la cordura y el bolsillo del ciudadano planetario promedio. Según ellos, el nombre que merecen estos dogmas es el de seudociencias y las definen como aquéllas cuyos resultados no han podido ser comprobados.

Los que echan luz sobre lo que llaman superchería y macaneo son físicos, matemáticos, filósofos, psicólogos, pero también periodistas, escritores, editores... y magos. Todos conocen al dedillo la anatomía del invento, el mapa del engaño, la fisonomía del fraude y reconocen la piedra fundante de una mentira.

Los investigadores y refutadores de las seudociencias se agrupan en asociaciones que, si bien existen en la mayoría de los países, solamente en Holanda y Alemania reciben un subsidio estatal. La primera y más importante de las asociaciones dedicadas al estudio e investigación de las seudociencias -Comité de Investigación Científica de Fenómenos Paranormales (Csicop)- fue fundada en 1976 en Estados Unidos por el filósofo Paul Kurtz y han estado asociados a ella Carl Sagan, Isaac Asimov y el epistemólogo argentino Mario Bunge, que escribe regularmente artículos en la publicación bimestral del Csicop: el Skeptical Inquirer.

Y si en Estados Unidos está el Csicop, en la Argentina está el Centro Argentino para la Investigación y Refutación de las Pseudociencias (Cderp).

-Mario Bunge es hasta el día de hoy miembro de honor del Cairp. El nos dijo: "Ustedes tuvieron éxito donde yo fracasé".

Dice Alejandro Borgo que, en los años 90, con otros miembros, entre ellos Enrique Márquez, Alejandro Agostinelli y Enrique Carpinetti, alias Kartis, fue fundador del Cairp.

-Y que te diga eso Mario Bunge...

Recuerda Borgo: no sólo se alegró el epistemólogo Mario Bunge, sino que además les dio varias entrevistas para que fueran publicadas en El ojo escéptico, la revista con la que el Cairp se dedicó a rebatir a golpes de matemáticas, física y argumentos lógicos creencias tan alternativas como que la Luna tiene influencia en los naufragios. Hoy el Cairp es una fundación, y cuenta entre sus miembros consultores -además de Bunge- al epistemólogo Gregorio Klimovsky, el paleontólogo Fernando Novas, el biofísico Fernando Saraví, el sociólogo Juan José Sebreli, el oncólogo Ernesto Gil Deza, y una larga lista de astrónomos, psicólogos, físicos, neurofisiólogos y médicos que no se andan con chiquitas a la hora de tener currículum.

-Apenas lo fundamos le enviamos una carta a Carl Sagan, que aceptó inmediatamente ser miembro de honor -dice Enrique Márquez en el living de su casa. Márquez fue durante muchos años presidente del Cairp. Es mago.

-En todas estas instituciones la convivencia entre magos y científicos es necesaria. Los científicos no conocen trucos que los ilusionistas sí conocemos, entonces cuando hay que someter a una comprobación a estos tipos tiene que haber un mago.

El mago Kartis -o Enrique Carpinetti- tiene manos majestuosas.

-A pesar de que juego con el arte de la mentira, me interesa la verdad. Lo del Sai Baba es obvio que es un truco, uno pasa las películas de él en cámara lenta y se ve cómo saca un collar de la ropa, pero la gente dice: "Pobre Sai Baba, ¿cómo siendo una persona tan buena están en contra de él?"

Años atrás, Kartis y Enrique Márquez fueron los dos primeros ilusionistas en presentarse como peritos en un juicio a la mentalista María Teresa Giménez, que había estafado a dos personas por un total de 33 mil pesos. Les pedía que llevaran dinero que, según ella, estaba enyetado, y con la autorización de sus clientes lo quemaba o lo arrojaba al río. La tarea de Márquez y Kartis fue demostrar cómo con un truco de magia la mujer sustituía un paquete por otro, y mientras embolsaba la plata se deshacía de papeles. La mujer fue condenada a dos años de prisión.

No son pocos los escépticos que empiezan siendo del bando de los crédulos. Alejandro Borgo y Enrique Márquez dejaron una puerta abierta a la duda y trabajaron, siendo adolescentes, en el Instituto Argentino de Parapsicología, donde, muy serios, sometieron durante años a quienes llegaban asegurando tener poderes a pruebas de control que demostraron, una y otra vez, la misma evidencia: ausencia de poder. -Un día me pregunté cómo podía ser que en diez años de investigación no hubiera encontrado una sola persona que produjera fenómenos más allá de lo esperable por azar -se acuerda Borgo-. Cómo se compatibilizaba esto con cien anuncios por día en los diarios diciendo: Sepa su futuro. En 1991 nos juntamos con Márquez y otra gente y decidimos formar el Cairp.

Borgo fue presidente del Cairp hasta 1997 y, como otros de sus miembros fundadores, se dedica a la investigación de forma más independiente.

En 1926, el mago Harry Houdini -interesado en desenmascarar a los espiritistas- ofrecía treinta mil dólares a quien pudiera demostrar un milagro que él no pudiera reproducir igual o mejor. Hoy, el mago James Randi ofrece un millón de dólares al que demuestre, en condiciones de control experimental, poseer poderes paranormales; el Cairp ofrece 10.000 dólares por lo mismo. Pero los premios siguen en manos de los que los ofrecen. -Yo tengo ofrecidos diez mil dólares al que pueda demostrar sus poderes -dice Raúl Portal, un pionero de los medios de la refutación de las seudociencias-. Mi misión es convencer a una docena de conductores de televisión sobre el peligro de estos buitres. Porque esta gente paga mucho dinero para aparecer en televisión.

En el libro Puede fallar, de editorial Planeta, escrito por Borgo y Márquez, se recopilan más de cien predicciones fallidas de astrólogos, mentalistas y adivinos de la Argentina. Entre otras cosas, un buen refutador es una persona con buena memoria: en el libro se recuerdan algunas profecías fallidas estremecedoras, como la de Horangel que le auspicia a José María Muñoz logros materiales importantes para 1994, justamente el año en que Muñoz falleció. -Una vez, a Lilly Süllos -dice Borgo- le mostré en un programa una publicación que ella había hecho en la revista Noticias de la Semana, en enero de 1982: "Galtieri es un hombre con las manos limpias y fuertes, tengo fe en el presidente Galtieri", había dicho. Cuando en 1994 Ricardo Schiaritti predijo en el programa Nico que en mayo de 1995 ya habría una vacuna contra el sida en todas las farmacias, Raúl Portal lo grabó y esperó.

-Esperé que pasara mayo, pasó junio, la vacuna no estaba y lo mostré en mi programa.

Pero los reiterados papelones, se quejan, no alcanzan. Márquez demostró varias veces en televisión cómo se realiza el truco de los filipinos que operan con las manos: el 26 de julio de 1995, él y Alejandro Agostinelli, otro de los que por entonces integraban el Cairp, se trenzaron en el programa Memoria con el ex chico Odol Claudio María Domínguez, que hablaba loas de las supuestas curaciones que realizaba Alex Orbito, un cirujano filipino que operaba con las manos. Durante ese programa Márquez demostró cómo se puede provocar la ilusión de que las manos penetran en el cuerpo, ayudado por un poco de sangre teatral y menudos de pollo.

En abril de 1993, Márquez marchó a investigar la casa embrujada de General Madariaga, donde se aseguraba que los objetos volaban y el techo era apedreado por piedras del más allá. En una cuantas entrevistas, Márquez percibió que algo andaba mal. Los testigos que en los diarios aseguraban: "Vi un jarro que volaba", se volvían menos específicos indagados por un experto como él. La evidencia de poltergeist terminó de sucumbir cuando se descubrió que nadie había visto nada y, sobre todo, que las piedras estelares eran papas arrojadas por los chicos del barrio. Pero cuando se descubrió el engaño, la noticia ya había ocupado las páginas de los diarios y hasta Mariano Grondona se había ocupado del tema.

En Mar Del Plata, Celso Aldao formó la asociación Alerta, junto a dos compañeros de escepticismo: el médico Ernesto Domingorena y el psicólogo Alberto Villanova. Aldao es profesor titular del Departamento de Física de la Facultad de Ingeniería de Mar del Plata e investigador principal del Conicet.

-En los medios soy impresentable. Los parapsicólogos me sacan de quicio y termino pareciendo yo un desaforado.

Heriberto Janosh es psicólogo. En un salón desolado de la sede de San Isidro de la UBA donde es profesor explica su fascinación por el estudio de los fenomenos ovni, lo que lo llevó, en su momento, a formar parte de las filas del Cairp. -El tema ovni es distinto a todos los demás porque si la parapsicología, la homeopatía o la astrología fueran comprobables científicamente, estarían en contra de todas las leyes físicas y químicas conocidas. El tema ovni no es así, la creencia en vida extraterrestre tiene una probabilidad, aunque muy baja, cierta. Pero la seudociencia afirma que los ET ya están acá, te raptan y te están haciendo experimentos genéticos. Más del 90% de los casos tiene explicaciones: confusiones, fraudes o fantasías. Las huellas redondas que dejan esos supuestos aterrizajes hace tiempo que se sabe que son hongos.

Orlando Liguori, profesor de física, es el actual presidente del Cairp. En una demostración de que el azar existe y es chistoso, el Cairp se reúne una vez por semana en una pizzería de Corrientes. Se llama Belén.

-Vas a una librería y encontrás un montón de libros que dicen que las pirámides están hechas por extraterrestres -se queja Liguori-, pero los libros escritos por arqueólogos que demuestran los sistemas de ingeniería con que se construyeron las pirámides no se conocen. Ese lugar es ocupado por la seudociencia.

A su lado otro miembro de la fundación, el abogado Claudio Ramírez, desliza que detrás de las creencias de que los extraterrestes ayudaron a construir los templos aztecas subyacen ideas peligrosamente racistas. -Nunca vas a escuchar que al Coliseo romano lo hicieron los extraterrestres. Pero sí las líneas de Nazca. Como si acá hubiera habido una inteligencia inferior. Como si estas culturas hubieran estado formadas por unos torpes que necesitaban ayuda extraterrestre para hacer todo.

Alejandro Agostinelli es periodista y, como muchos otros, empezó creyendo. Que los OVNI existían. El mismo hombre que hoy pone en duda todo hasta que se demuestre lo contrario era un chico que cargaba una cámara de fotos, un grabador, y partía en busca de los testigos que aparecían en diarios y revistas jurando que habían visto hombres verdes.

-Me alucinaba que la gente contara historias tan complejas. Hasta que una vez pude identificar claramente el estímulo que se había observado. A las siete y media de la tarde del 14 de junio de 1980 hubo una reentrada del combustible de la última etapa del reactor de un satélite ruso. Lo vio medio país, y la gente y los diarios al otro día hablaban de una flotilla de OVNI. Yo tenía 17 años y me iba con mi grabadorcito buscando testigos. Me hablaban de naves, de humanoides. Eso me llevó de cabeza al escepticismo. Aun cuando se supo que había sido la gente la que seguía hablando de OVNI.

Agostinelli recuerda cuando embestía contra las mejores muestras de la astrología nacional.

-Hubo un programa, Metete, al que fue el parapsicólogo Antonio Las Heras. El defendía la parapsicología científicamente. Como tenía un programa de radio a la noche, yo llevé un casette grabado con una de las tandas donde se escuchaba que vendía talismanes, cosas para deshacer daños, trabajos. Lo pasamos al aire, y fue una descalificación... brutal. Uno de los motivos por los cuales yo me abrí del Cairp es que me di cuenta de que esas creencias nunca podrán ser erradicadas. El escepticismo no tiene que ser una postura dogmática, sino una herramienta de investigación. Tenés que tener amplitud y si te aparece una evidencia sólida, no ser necio y aceptarla.

Y en el afán de buscar evidencias sólidas, un día Agostinelli y Márquez partieron en busca de la vida terrena. De los ángeles.

-Un día viene un tipo -dice Márquez- a decirme que me quiere llevar a que yo vea un ángel. Fuimos. El gurú nos da una charla de una hora. Le digo: "¿Y el ángel?" Que espere, que va a aparecer. Al rato me hartó y le dije que quería ver el ángel. Me mostró una mancha en la pared: "Esa mancha indica que el ángel pasó por acá". Una rata, el gurú.

El oncólogo Ernesto Gil Deza es médico del Instituto Henry Moore y su especialidad, dentro de las seudociencias, son las medicinas alternativas. Es miembro consultor del Cairp y en un trabajo de investigación que hizo en equipo con el doctor Gustavo Gercovich tomando como universo a 331 pacientes en tratamiento del instituto, llegaron a algunas conclusiones.

-En la medicina alternativa, la mayoría de los fenómenos no ha sido sometido a experimentación ni han sido demostrados científicamente, pero la medicina alternativa dice de sí misma que lo que la diferencia de la medicina tradicional es el nivel de esperanza que da al paciente, que da esperanzas donde la medicina científica no puede hacer nada más.

Gil Deza clasifica las terapias alternativas en la cura del cáncer como productos biológicos (crotoxina, apitoxina, método Crescenti, ADN, tes- tículo de toro, cartílago de tiburón, propóleos), artefactos (la caja negra, las pirámides energéticas), productos herbales (flores de Bach, método hansi), psíquicos (terapia del toque de manos, cirugía psíquica, medicina holística). El resultado de la encuesta realizada por él y su colega fue que el 63% de los pacientes no reconocía la diferencia entre un tratamiento convencional y uno alternativo. Muchos confundían métodos de medicina científica como la hormonoterapia y la inmunoterapia, con tratamientos alternativos como la homeopatía y las flores de Bach. El 76% de los que habían hecho alguna terapia alternativa decía hacerlo para lograr una cura definitiva.

-El Cairp me ayudó a desenmascarar a tipos que se aprovechan de la ingenuidad de la gente. Lo que digo es que los charlatanes tienen mucha mejor comunicación con la gente que nosotros. Le hablan a la gente en un idioma que la gente entiende. Nosotros, los médicos, no.

El trabajo de los refutadores es trabajo sucio. Contarles a los chicos que los reyes magos son los padres. Que el ratón Pérez no es ratón ni Pérez ni tiene plata. Sin contar, claro, que nadie percibe un peso por esta lucha contra su majestad el pensamiento mágico.

-Al contrario, yo le dedico diez, quince horas por semana a constestar los mails que nos manda la gente haciendo consultas, a leer sobre las cosas que se publican.

Christian Sanz trabaja como jefe de personal en una agencia naval y es hoy uno de los miembros de la comisión directiva del Cairp. Su escepticismo es casi un drama familiar: su mamá es parapsicóloga.

-Lo que tiene es mucho sentido común, nada más.

Comprensivo Christian, que de chico estudiaba por indicación de su madre debajo de una pirámide energética "para que me quedara más fácil", y creía en el Triángulo de las Bermudas.

-Lo del triángulo empezó por un libro que en los años 60 escribió un tipo que se llamaba Charles Berlitz, hijo del de las academias de inglés. En este libro contaba casos de desapariciones misteriosas de barcos y aviones. Un día leí un libro de un científico holandés, Larry Kusche, que se tomó el trabajo de analizar cada uno de los casos y descubrió que la mayoría eran puras invenciones, que muchos de los casos de naufragios citados habían ocurrido en lugares como Groenlandia y que otros ni siquiera habían ocurrido. Solamente cuatro, de todos los que se mencionan en el libro, fueron naufragios ocurridos en el triángulo. Esto funciona así: alguien tira una hipótesis seudocientífica y se publica en todos lados, pero la refutación de esa hipótesis no se da a conocer con el mismo éxito. De mil libros que se publican sobre seudociencias explicándote cómo los extraterrestres construyeron las pirámides, se publica uno de un arqueólogo serio que cuenta cómo las hicieron los egipcios.

El mundo de los refutadores huele, a veces, a fanatismo. Algunos han dividido el mundo con una rigidez impávida entre ellos y el enemigo, y defienden la racionalidad con el mismo ímpetu con que sus enemigos dicen conocer los secretos del más allá. Sus motivos tienen: mientras ellos agitan la bandera del racionalismo y nadie los escucha, los que toman el té con el fantasma de la abuela hacen subir el rating de programas de televisión y transforman sus dudosas experiencias en best sellers. Richard Branham es astrónomo, investigador del Conicet, y aunque es norteamericano vive en Mendoza desde hace muchos años.

-El 40% de las personas cree en la astrología. Mis colegas no quieren malgastar su tiempo en la refutación, simplemente creen que la astrología es una porquería, pero para mí ésa es una idea elitista.

A Branham lo desvelan los postulados seudocientíficos. Para demostrar, por ejemplo, que la luna no tiene ninguna relación con catástrofes como naufragios, tomó 1457 desastres marítimos entre 1523 y 1976, excluyó hundimientos por acción enemiga durante las guerras, ajustó los calendarios gregoriano y juliano y concluyó, mediante una fórmula matemática, que la luna no tuvo nada que ver.

Así como las ciencias se dividen, reciben sus bellos nombres y tienen sus objetos de estudio, las seudociencias también. Tenemos a la astrología y su creencia en que los astros influyen en el carácter, a la parapsicología y sus fenómenos de la mente, a las medicinas alternativas y a la seudoarqueología y la criptozoología. El rey de las construcciones seudoarqueológicas es un ex hotelero belga, don Erich Von Däniken, autor de libros escritos con profundo desconocimiento arqueológico y antropológico. Von Däniken -autor de Recuerdos del futuro, primero libro y después película- empezó por escribir un tímido artículo en el Sunday Mirror de Londres, titulado ¿Dios era un astronauta? El artículo tuvo repercusión, y el hombre escribió un libro, Chariots of the gods. Allí escogió algunos monumentos, como las líneas de Nazca, los templos de América Central, las pirámides de Egipto, y decidió que los antiguos habitantes no tenían conocimientos para hacer tamañas obras. A pesar de que los científicos han demostrado lo contrario -cómo pudieron ser transportadas las piedras de las pirámides y cómo y dónde fueron talladas las cabezas de Pascua-, la hipótesis ET es mucho más popular. Desde Mendoza, Juan Schöbinger, profesor emérito de arqueología de la Universidad Nacional de Cuyo, se interesó por el fenómeno von Däniken, y escribió un libro, Vikingos o extraterrestres, un estudio crítico de algunas teorías sobre el origen y desarrollo de las culturas precolombinas.

-Es que esa gente, como Von Däniken, adapta la realidad a su teoría. La criptozoología es el estudio de animales imposibles, que no están dentro de las clasificaciones zoológicas reconocidas. Así, Estados Unidos tiene su Pie Grande, Europa su monstruo en el lago Ness, Asia su Yeti en el Himalaya y acá... acá tenemos a Nahuelito. La fiebre por Nahuelito empezó en 1922. Según un artículo de Mariano Moldes publicado en El ojo escéptico, número 11, las autoridades del zoológico de Buenos Aires enviaron una expedición al lago Epuyén, basándose en el testimonio de un comisario yankee que seguía los pasos de Butch Cassidy. Dice Moldes: "No sería inverosímil que todo el aparato oficial con que se auspició la expedición tuviera como objetivo utilizarla para desviar la atención pública de las horrendas masacres cometidas en la represión de los huelguistas de Santa Cruz (cuya crónica sirvió de base al film La patagonia rebelde). No obstante, podemos dar por descontado que Clemente Onelli, por entonces director del zoo porteño, actuó de buena fe aunque basado en un conocimiento de los plesiosaurios muy inferior al que tenemos hoy". Hoy se sabe que las apariciones de Nahuelito fueron cúmulos de vegetación muerta, cuya descomposición genera gases, o animales poco usuales que se dejan ver de vez en cuando. Pero Nessie sigue siendo el rey de los monstruos. Del habitante del lago Ness se ha pretendido que es un animal prehistórico, atrapado en el lago en la edad de hielo, una nutria gigante, una babosa desmesurada. Ninguna de las versiones pudo comprobarse. Nessie sigue escondido, pero en el pueblo cercano al lago las posadas siguen llenas de turistas ávidos por ver si la trompa de Nessie les hace el favor de dejarse ver. Pie Grande, el habitante de las montañas del norte de Estados Unidos, fue un caso de película. En 1967, un tal Roger Patterson filmó en 16 mm, a un bípedo peludo. La película fue objeto de estudios durante años. En base a ella, se estableció que Pie Grande era hembra -se le veían los pechitos- y pesaba 140 kilos. La película de Patterson fue hecha gracias a las artes del disfraz de John Chambers, el creador de los monos de la serie El planeta de los simios. Lo que no pudo refutarse fue que el hombre era un experto.

El cerro Uritorco es desde hace años sitio de aterrizaje preferido de todas las historias protagonizadas por OVNI y, por supuesto, tema de investigación de los refutadores. En 1996, Agostinelli partió hacia allí en su rol de investigador independiente. El resultado de su investigación fue una nota que publicó ese año, en la revista Descubrir. En enero de 1986, el cerro El pajarillo, del valle de Punilla, Córdoba, había amanecido con una huella sobre su lomo. Una quemadura gigante. La Municipalidad la atribuyó al descenso de una nave desconocida. Desde entonces, Capilla del Monte es la capital mundial del ovni, donde los negocios venden piedritas energizadas y Fabio Zerpa tiene razón.

En su investigación, Agostinelli dio con un hombre que pidió identificarse como O. O., y dijo que fabricó la primera huella en 1986, para recuperar el turismo perdido. Se puso de acuerdo con dos comerciantes y contrataron a tres hombres que dibujaron su idea y tuvieron éxito. A los dos años, en 1988, O. O. decidió que ya era hora de hacer un mantenimiento. Esta vez hicieron correr un reflector a lo largo de un tendido de alambre. No se necesitó nada más para poner la piedra fundante de la biblia OVNI que permanece firme hasta hoy. El Cairp tiene otro premio llamado Proyecto ET, que también consiste en entregarle 10.000 dólares a cualquiera que demuestre una evidencia física de vida extraterrestre.

-Bastaría algo tan simple como un tornillo fabricado en otra atmósfera -se pone sencillo Christian Sanz-. Pero nunca nadie trajo nada.

Christian se desparrama en su silla. Ya es de noche. -Si vos decís que volás, y yo digo que no volás, para qué vamos a perder el tiempo discutiendo. Asomate a la ventana. Volá. Y listo. Y señala la calle, unos cuantos pisos más abajo.

Texto: Leila Guerriero Fotos: Daniel Pessah y Andrea Knight Producción: María Aramburo y Mariana Liceaga

Agradecemos a Arlequín: Ugarte 3236. Ticoral: Lavalle 2328. Pozzi: Santa Fe y Talcahuano. Pablo, Gabi y Azul: (15) 4097-0625. Daniel Medrano Peinados: 4962-1854. Esteban Terencio (15) 4061-3585 y a Humberto Tortonese

Premios que dan vergüenza

La revista de humor científico Annals of the improbable research entrega desde hace algunos años los premios IgNobel -algo así como anti-Nobel- "a aquellas personas que obtengan logros que no puedan -o no deberían- ser reproducidos". La entrega de premios se realiza en la Universidad de Harvard, y muchos son entregados por auténticos premios Nobel en una ceremonia de gala. Los IgNobel Prize van de la mano de las seudociencias y entre otros premiados, se pueden mencionar los siguientes: en 1999, el doctor Arvid Vatle ganó el IgNobel de Medicina por su minuciosa clasificación de los distintos tipos de envases que escogían sus pacientes a la hora de llevar muestras para un análisis de orina; en 1998, Jacques Benveniste, de Francia, ganó el de química por su descubrimiento homeopático de que no sólo el agua tiene memoria, sino que además esa información se puede transmitir por vía telefónica e Internet; en 1998, y por Física, ganó Deepak Chopra, por su interpretación de la física cuántica aplicada a la vida, la libertad y la felicidad económica; en 1991 Erich von Däniken tuvo el suyo en literatura, por Chariot of the gods, un libro que explicaba cómo la humanidad fue influida por astronautas que llegaron de más allá de las estrellas.

Por su parte, la fundación del mago James Randy otorga el premio Pigasus (pegasus es el caballo con alas, pigasus -pig en inglés significa cerdo- es el chancho con alas). El año último, en el rubro otorgado al psíquico que haya engañado al mayor número de personas con el menor talento, ganó Nostradamus, que predijo en 1558 el fin del mundo en julio de 1999.

Y acá estamos.

Mario Bunge: Contra las seudociencias

El epistemólogo Mario Bunge vive en Canadá. Es miembro consultor del Cairp, el Csicop y la Alternativa Racional a las Pseudociencias (ARP) en España. -Yo siempre quise hacer algo como el Cairp. Cuando volví después de muchos años a la Argentina en 1985 traía un proyecto de estatutos para crear una sociedad para criticar las seudociencias, pero no pasó nada. Los muchachos del Cairp lo hicieron, me propusieron participar y dije que sí. La seudociencia es macaneo, fantasía que se hace pasar por ciencia. En estas instituciones siempre hay científicos y magos, porque el científico actúa de buena fe, pero estos tipos que viven a costillas del público hacen trucos que un científico de buena fe no va a descubrir. Pero un mago profesional sí.

Entre otras cosas, son conocidos los ataques que ha realizado Bunge contra el psicoanálisis tildándolo de seudociencia, lo que le ha ganado, entre otras cosas, el encono de psicoanalistas de todo el país.

-Es un orgullo para mí. Hay una diferencia entre superstición y seudociencia. Las primeras son bastante inofensivas, y no dan ganancias. En cambio el psicoanálisis, la homeopatía, la medicina holística, son dañinas para la salud y el bolsillo. Hay macaneos en todas las ramas de la ciencia. La mayor parte de los científicos no hace caso, y me parece muy mal desentenderse. Junto con la ciencia, se debería enseñar qué son las seudociencias.

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