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La enseña que Bolivia nos legó

El pabellón creado por el general Belgrano, que hoy se conserva en el Museo Histórico Nacional, sería una réplica. La bandera original se encontraría en Sucre y habría sido sustraída a los reclamos argentinos por una estratagema

Miércoles 10 de junio de 1998

"SOLDADOS: hemos perdido la batalla después de tanto pelear: la victoria nos ha traicionado pasándose a las filas enemigas en medio de nuestro triunfo. No importa: aún flamea en nuestras manos la bandera de la patria." Estas célebres palabras, citadas por Mitre, fueron pronunciadas por el general Manuel Belgrano el 1º de octubre de 1813, luego de la derrota de Vilcapugio, y demuestran la importancia que tuvo la posesión del símbolo más representativo de nuestra nación.

El símbolo oculto

Hoy, paradójicamente, ese símbolo aún no está en manos argentinas, pese a no haberlo perdido en acción de guerra. Esa bandera del Ejército Auxiliar Libertador del Alto Perú continúa todavía en Sucre, Bolivia (en aquella época llamada Chuquisaca, Charcas o La Plata), pese a que en 1896 se fingió su devolución.

Después de la derrota de Ayohuma (14 de noviembre de 1813), decisiva en cuanto a la permanencia del ejército patriota en el Alto Perú, Belgrano se vio obligado a ocultar la bandera en una capilla cercana al lugar de la batalla para que no cayera en manos del enemigo, y lo hizo con ayuda del cura de la localidad de Macha. Un hecho fortuito llevó a su hallazgo tan sólo en 1885, cuando el entonces párroco de la misma localidad restauró la capilla y encontró en su altar, detrás de antiguos cuadros, la bandera azul y blanca de seda, junto con otra roja y azul, perteneciente a un cuerpo auxiliar. Ambas banderas fueron enviadas a Sucre y colocadas inicialmente en la capilla de Guadalupe. Sucre era por entonces sede del gobierno boliviano.

La devolución

En 1892, el doctor Adolfo F. Carranza (luego fundador del Museo Histórico Nacional) inició gestiones desde Buenos Aires para la devolución de ambas banderas que, por distintas circunstancias, no pudieron acompañar a las tropas en retirada. Cuatro años más tarde pareció obtener un éxito significativo, aunque no total. Bolivia accedió a la entrega de la bandera azul y blanca, y supuestamente sólo quedó en manos bolivianas la azul y roja, como se desprende de las actas firmadas con ese motivo. El ministro de Relaciones exteriores de Bolivia, doctor Emeterio Cano, manifestó en ellas expresamente "que no son trofeos de guerra que podían corresponderle a Bolivia".

En el mes de diciembre último, el doctor Juan José Cresto, director del Museo Histórico Nacional, movido por iguales inquietudes patrióticas que su lejano antecesor, envió al autor de esta nota a Bolivia con la misión de que reclamara al Director del Museo La Casa de la Libertad la bandera que había retenido Bolivia en 1896. El 8 de diciembre de 1997 cumplí con ese cometido. Entregué la nota mencionada al director, doctor Jorge Querejazu. Si bien el diálogo y la comprensión por el tema fueron amplios, la respuesta recibida días después fue negativa.

La bandera está guardada convenientemente, porque para llegar a ella debe atravesarse un gran salón colonial del edificio, que fue parte originariamente de la Universidad de San Francisco Xavier, donde se recibieron como abogados Mariano Moreno, Castelli y Monteagudo, entre otros próceres. A la cámara que contiene la bandera se llega subiendo unos peldaños, y está conservada en una vitrina horizontal.

Una sorpresa patria

No pude disimular mi sorpresa al encontrarme, no con la bandera azul y roja que esperaba, sino con la de los colores de la Argentina, con huellas inequívocas de haber estado en campos de batalla y, además, con las manchas de sangre descriptas en el acta que había suscripto su descubridor. Se confirmaba de esta manera lo sostenido no sólo en periódicos de La Paz de este siglo, sino también en el Boletín de la Sociedad Geográfica e Histórica Sucre, números 435-6-7, de mayo de 1951: en 1896 se había entregado una bandera apócrifa (que hoy está en el Museo Histórico Nacional de la Argentina). Se había hecho una " jugarreta"; palabra utilizada en el mencionado Boletín para describir la acción de entregarnos una bandera confeccionada con géneros de otras épocas.

Considero que la bandera nos debe ser devuelta, porque se trata de la enseña patria argentina, y no de la de Bolivia. Además, en el acta de entrega de la bandera apócrifa, Bolivia reconoció que no era un botín de guerra y que, por lo tanto, no le pertenecía. Hoy podemos considerar con indulgencia lo acontecido, pero no debemos renunciar a nuestro derecho. Agradezcamos, en cambio, el cuidado prestado al pabellón nacional, que estuvo sometido a muchas vicisitudes y que soportó varios terremotos. Durante años se lo guardó, para protegerlo, en el Banco Central de Sucre.

Por Eduardo O. Dürnhofer Para La Nacion - Buenos Aires, 1998

El autor de la nota es vicepresidente de la Academia Argentina de la Historia.

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