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Once viajeras

MUJERES EN VIAJE Selección y prólogo de Mónica Szurmuk (Alfaguara)-316 páginas-($ 17)
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14 de junio de 2000  

EN Ermitaño en París , Italo Calvino celebraba esa ciudad porque le permitía ejercer el anonimato, "ese punto invisible desde el cual se escribe". En Mujeres en viaje , Mónica Szurmuk retoma la idea del anonimato para plantear su compilación de escritos y testimonios de once viajeras desde el punto opuesto: el protagonismo. Las mujeres viajeras, que empezaron a constituir una serie a principios del siglo XIX, supieron ver que el privilegio del ocultamiento les estaba vedado e hicieron de sus escritos un terreno desde el cual constituir una identidad propia.

Szurmuk -que es profesora en la Universidad de Oregon y está próxima a publicar otro libro sobre la narrativa de viajes de mujeres y la creación de modelos de identidad en la Argentina- señala, en un prólogo conciso y sólido, que fue de hecho una mujer la que instauró al protagonista del viaje también como protagonista de su relato. La Peregrinatio ad terram sanctam , de Egeria, una monja española del siglo IV, produjo un giro en los relatos que autores como Herodoto y Pausanias habían escrito como meros observadores.

Las autoras incluidas en esta selección tienen distintas formas de ejercitar ese protagonismo, de apropiarse del lugar, de presentarse. A pesar de la tradición instaurada por Egeria, se ven en algunas de ellas incomodidades y subterfugios a la hora de asumir un yo que narra. Tal vez quien lleve eso a un extremo sea Jennie Howard, una maestra norteamericana que vino a la Argentina bajo la gestión de Sarmiento. En su relato se refiere a sí misma en una tercera persona que pretende una distancia continuamente negada por el registro pormenorizado, por el humor con que se refiere a sí misma. Cecilia Grierson, que se recibió de médica en 1889 después de luchar contra la prohibición de hecho con que las mujeres se encontraban para ingresar a esa carrera, también apela a la distancia para contar su viaje por Europa, aunque tiene para eso una coartada fuerte: lo que ella escribe es un informe acerca de la educación para mujeres en escuelas técnicas de las principales ciudades europeas, que deberá presentar ante el gobierno argentino.

Otras dos viajeras seleccionadas en este libro recurrieron al "nosotros" como estrategia de disolución del protagonismo: Ada María Elflein, que escribía notas para el diario La Prensa , lo usa en su viaje por San Luis y Córdoba, a veces para englobar al lector, a veces para referirse a ella y a Mary Kenny, su compañera de viaje de siempre. Annie Peck también apela a un nosotros que condice con el estilo de guía turística que le da a su South American Tour . Peck, además de viajera una alpinista eximia, es un ejemplo de la "solterona aventurera" que Mary L. Pratt señala en su magnífico libro Ojos imperiales como una de las dos formas de viajar que las mujeres habían encontrado como posibilidad menos remota durante el siglo XIX. La otra forma era la de la misionera.

En las antípodas de estos yo difusos aparecen Isabel de Guevara -de la cual poco se sabe, más allá de su texto-, quien llegó a América con la expedición de Pedro de Mendoza y desde allí escribió una carta a la reina Juana, en la que reivindica la labor de las mujeres en la supervivencia de la expedición y solicita reconocimiento con tono perentorio. Mariquita Sánchez también apela a la carta, sólo que, en su caso, destinada al circuito íntimo. Desde Montevideo, escribe a su hija Florencia cartas de una oralidad desesperada en las que los sucesos políticos aparecen, por la simbiosis de privacidad y política que su clase le deparaba, atravesados por el chisme. "Yo nací para ser hombre", dice como reacción frente a la mera función de testigo que las mujeres podían tener en dichos acontecimientos.

La última viajera de esta serie, Delfina Bunge, que viaja con su marido M. Gálvez con la misión de escribir para un diario, no les teme a las exposiciones de intimidad ni de autoridad. La frase con que concluye sus loas a Río de Janeiro: "Así lo quiero", evidencia esa postura. Esta compilación, que permite el acceso al documento histórico y al hallazgo literario, permite también rastrear la relación de las mujeres con esa frase de apariencia tan simple.

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