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Nación y Patria, conceptos variables

Política

Por José Carlos Chiaramonte
Especial para La Nación

Pocas cosas pueden desconocerse como las variaciones de contenido de conceptos como el de Nación o Patria a lo largo de la historia y, asimismo, su diversidad de usos dentro de un mismo período.

Durante el siglo XVIII y aún en tiempos de las independencias hispanoamericanas, por ejemplo, el concepto de Patria de mayor relevancia la hacía referente al conjunto de valores de la comunidad política a la que se pertenecía, no como adhesión sentimental a la tierra en que se había nacido, criterio también existente, pero de menor relevancia política.

Posteriormente, el concepto de Patria, una vez organizado el Estado nacional argentino, amalgamó ambas referencias, y constituyó uno de los principales soportes de la lealtad política a la Nación.

En tal perspectiva, es lógico inferir que el concepto de Patria alude al conjunto de valores compartido por los miembros de la Nación Argentina.

Y que, como ocurre siempre en la historia, suelen surgir complicaciones a la hora de determinar cuáles sean esos valores, para cuya definición los preceptos constitucionales suelen ser una de las mejores guías, aunque lamentablemente no agoten la complejidad del problema.

De tal manera, uno de los riesgos que la historia política argentina -que en esto no es una excepción- nos ha mostrado, es la tentación de asumir la definición del patriotismo por parte de diversos grupos, de uno a otro extremo del espectro político nacional, y desde esa perspectiva distribuir bendiciones y condenas.

Tendencia

Esto ha sido una tendencia propia no sólo de los que detentan el poder, aunque suelen ser los de mayor riesgo justamente por las consecuencias que sus decisiones presuntamente "patrióticas" suelen acarrear al país.

Pensemos, si no, en el caso de la invasión a las islas Malvinas, ocurrida en abril de 1982. O, con connotaciones menos dramáticas, en decisiones como la que en su hora fue aludida con la expresión de "fraude patriótico".

Los ejemplos que acabo de recordar son casos extremos.

La reciente expresión del presidente de la Nación, Fernando de la Rúa, al solicitar "un gesto patriótico" a los senadores del justicialismo, a raíz de su rechazo a las medidas del ajuste fiscal, está lejos de poder ser comparada a lo recién citado, además de que no ha pasado de ser, aparentemente, una locución incidental.

Sin embargo, no es desatinado considerarla como no adecuada a las reglas del juego político, por cuanto implicarían colocar en una postura éticamente condenable a quienes, representantes o representados, no participan de su consideración de lo que la coyuntura económica exige. .

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