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La novela y sus artificios

EL SENTIDO DE LA VIDA Por marcelo Damiani-(Adriana Hidalgo)-172 páginas-($12)

Miércoles 03 de abril de 2002

Al modo de un rompecabezas de fin de siglo, El sentido de la vida nos confronta con los muy diversos escritos que el guionista y enfant terrible David Revel deja a sus amigos Alan Moon y "Marcelo Damiani" antes de desaparecer misteriosamente: poemas, citas apócrifas, breves pero contundentes relatos oníricos y una serie de historias que fragmentariamente parecen constituir un guión cinematográfico o una novela negra en cuyo centro se ubica un curioso ménage à trois. Cada una de esas historias por sí misma propone una arquitectura de cajas chinas que pone en primer plano el carácter de representación de lo narrado, y a tal complejidad se suman el prólogo de Alan Moon y las reflexiones intercaladas por el compilador "Marcelo Damiani" como intentos de ordenar y aclarar la nada sencilla pero evidente relación entre el arte y la vida del desaparecido autor de los fragmentos, Revel.

Suerte de Don Quijote posmoderno, El sentido de la vida pone en evidencia los dobleces filosos de la representación. Pero estos bordes ya no son, como en las primeras novelas modernas, los que separan un libro de otro o un texto de su contexto, sino los que confusamente señalarían una separación entre imágenes. Es en efecto la imagen lo que guía y a la vez complejiza el sentido tanto de la vida como de la obra de David Revel: pantallas de un juego de computadora demasiado parecido a la vida real, escenas cinematográficas que se funden indistinguiblemente con las cotidianas, imágenes oníricas o fantaseadas que fatalmente anuncian una repetición real, reflejos del reflejo de un espejismo cuya conjunción forma el dibujo que sintetiza una serie de acontecimientos. Y cuando la imagen se vuelve un generador de realidades fuera de control, deviene puro espectáculo, amenaza con rebelarse y teñir todas las instancias de la representación -autor, contexto, biografía, artificio- de un mismo color indiferenciado. Es así como los textos de Revel revisten, aun en medio de sus estructuras en abismo, un notorio carácter autobiográfico, mientras que su vida y sobre todo su dudosa muerte, devenidas ambas en espectáculo, adquieren el aspecto de un artificio o una fantochada.

Si esa dificultad para distinguir los planos y categorías que presentan los diversos relatos de (y sobre) Revel imprime un carácter onírico a todo el libro, la pregunta que éste parece plantear es si tal carácter responde a un gesto voluntariamente impuesto por el artífice Revel o es un resultado involuntario de su declarada apatía.

De este modo, El sentido de la vida estaría interrogando nada menos que sobre la posibilidad o imposibilidad del artificio en una era que el libro caracterizaría como la de la indiferencia. Probablemente, gracias a la lucidez con que plantea este interrogante y a la fluidez con que maneja los muy diversos géneros yuxtapuestos para formular esa pregunta, este libro de Marcelo Damiani obtuvo el premio del Régimen de Fomento del Fondo Nacional de las Artes en 1998 y fue finalista del premio Clarín de novela.

Mariana Amato

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