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Chau, pucho

Suplemento Salud

El mejor método para dejar de fumar es no comenzar nunca. Pero aún así, siempre se está a tiempo para dejar de hacerlo: los grupos de autoayuda y los tratamientos farmacológicos son buenos aliados en la lucha contra el cigarrillo

Dejar de fumar no es una tarea fácil, pero tampoco imposible. Bien vale la pena el esfuerzo cuando lo que está en juego no es sólo la calidad de vida, sino la vida misma. Según el director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el doctor George Alleyne, aproximadamente el 7% del total de las defunciones del planeta son una consecuencia directa o indirecta del tabaquismo. Por eso, este año el lema del Día Mundial Sin Tabaco, que se acaba de celebrar el último lunes fue ¡Está decidido: dejo el cigarrillo!

Según la OPS, hasta el momento se ha demostrado que el tabaquismo está estrechamente vinculado con al menos 52 enfermedades: cáncer de pulmón, de laringe, esófago, páncreas, vejiga, útero, riñón y estómago, accidentes cerebrovasculares, infartos, aterosclerosis, enfisema, bronquitis crónica, úlceras, osteoporosis, etcétera. "Si pudiésemos modificar las conductas que llevan al tabaquismo, la prevalencia de estas patologías bajaría, y la inmensa cantidad de dinero que se destina a su tratamiento podría ser utilizada para resolver patologías que son de origen eminentemente biológico", afirma el licenciado Leonardo Daino, antropólogo, psicólogo y educador para la salud, que se encuentra al frente de la campaña antitabaco de la Liga Argentina para la Lucha Contra el Cáncer (Lalcec). Según cálculos del Banco Mundial, el tabaco representa un gasto neto para la economía del mundo de 200 mil millones de dólares al año. En la Argentina, si bien no se cuenta con datos estadísticos globales, el porcentaje de adultos fumadores sería mayor: una encuesta realizada el año último en la provincia de Buenos Aires reveló que un 35% de la población mayor de edad fuma.

Pero dejar el cigarrillo es posible, y éste es el punto de partida de los grupos para dejar de fumar que se realizan en Lalcec. "Cuando me presento ante los integrantes del grupo, lo primero que hago es contar mi biografía de fumador -dice Daino-. Yo fumé entre los 12 y los 46 años y si yo pude dejar el cigarrillo, ¿por qué vos no vas a poder?, les digo." Para coordinar estos grupos, un requisito excluyente es ser ex fumador.

"Algo le pasa al fumador con el cigarrillo. Nosotros tratamos de descubrir en qué grieta de la personalidad le quedó encendido aquel cigarrillo que no puede apagar." Para Daino existen dos tipos de cigarrillos y algunos son más difíciles de abandonar que otros. "Los cigarrillos más fáciles de dejar son los que uno fuma cuando ve a alguien fumando y le pide uno. Esos caen enseguida. Pero después están los otros, que están atrincherados."

Con el cigarrillo se pueden expresar muchas cosas. Uno de los objetivos de los grupos de Lalcec es develar cuál es el uso que el fumador le da a ese cigarrillo que no puede dejar de fumar. Daino aporta un ejemplo personal: "cuando fumaba y daba clases en la facultad, si un alumno me hacía una pregunta yo sacaba un cigarrillo, lo encendía, le daba una pitada y recién entonces contestaba la pregunta. Ese cigarrillo me daba tiempo para pensar la respuesta ante la atenta mirada de mis alumnos."

El tratamiento farmacológico del tabaquismo está reservado para aquellas personas que han intentado dejar de fumar y no pueden lograrlo. "Si una persona decide dejar de fumar y no lo puede hacer sola, puede acudir a un grupo de autoayuda como Lalcec, y si aún así no puede dejar el hábito existe una última línea de contención: el tratamiento farmacológico", explica el doctor Fernando Verra, diplomado en tabacología en la Universidad de París (Francia) y médico de planta de la División Neumonología del Hospital de Clínicas.

Y es que la nicotina es una sustancia triplemente adictiva: genera una dependencia gestual, ya que al repetirse innumerables veces la acción de fumar esta se vuelve un mecanismo automático; una dependencia física, en tanto el consumo de nicotina se convierte en una necesidad para el organismo; y psíquica, relacionada con la capacidad de regular el humor que aporta la nicotina.

Cuando dejan de fumar, aunque sólo sea por unas pocas horas, los fumadores experimentan síntomas de abstinencia: irritabilidad, frustración, ira, ansiedad, aumento del apetito, deterioro de la capacidad cognoscitiva y reducción de la frecuencia cardíaca. Estos síntomas son los que empujan al fumador a volver al cigarrillo. "En algunos casos -cuenta Daino-, es la misma familia del fumador la que lo induce a que vuelva a fumar, ya que prefiere el cigarrillo a tener que soportar sus cambios de humor."

De sustitutos y psicotrópicos

Según el doctor Verra, "el tratamiento farmacológico del tabaquismo tiene dos pilares: los sustitutos de la nicotina y los psicotrópicos. La sustitución de nicotina se utiliza cuando el paciente tiene una adicción importante, mientras que los psicotrópicos sirven para regular el humor de la persona, calman una parte del síndrome de abstinencia que no calman los sustitutos de nicotina".

En la Argentina, estos sustitutos se presentan en forma de chicles o de parches. La nicotina que suministran estos medicamentos no actúa de la misma forma que la del cigarrillo. "La nicotina tarda tan sólo entre 7 y 10 segundos en llegar a los receptores nicotínicos del cerebro, porque el pulmón ofrece una superficie muy amplia de absorción. Se produce entonces una descarga masiva de neurotransmisores que producen una sensación de placer", explica Verra. Por el contrario, los sustitutos generan niveles más constantes de nicotina, por lo que no generan esa sensación de placer .

Como todas las drogas, la nicotina que se administra en los sustitutos no es completamente inocua: produce un aumento de la frecuencia cardíaca, aumento de la vasoconstricción y del consumo de oxígeno y, al ser administrada por boca, puede ser irritante. Afortunadamente, los tratamientos farmacológicos no suelen durar más que 2 o 3 meses y ofrecen una interesante probabilidad de éxito: alrededor del 60% deja de fumar a los 3 meses y un 45% sigue sin fumar después de un año.

"Aquellos ex fumadores que vuelven a fumar suelen ser aquellos pacientes en donde la motivación cae, y es por eso que el seguimiento médico es muy importante -señala el doctor Verra, que también integra el equipo médico de Lalcec-. No hay que olvidar que para lograr una independencia definitiva es necesario un cambio de conducta que requiere tiempo.

Agrega el licenciado Daino: "Nadie se recibe de ex fumador. Dejar de fumar es un proceso. En Lalcec le sacamos el cigarrillo de la boca, pero son los mismos pacientes los que se dan de alta. Lo que nosotros hacemos no sirve de nada si el paciente no tiene un proyecto de cura."

Para consultas, el teléfono de Lalcec es el 4832-7595, y el de la División Neumonología del Hospital de Clínicas, el 4508-3984.

Un placer displacentero

"El tabaco produce una sensación euforizante o placentera que se origina en un mecanismo neurobiológico por el cual los receptores de nicotina tocan puntos específicos del cerebro, produciendo una liberación de ciertos neurotransmisores", explica el doctor Fernando Verra. Sin embargo, el supuesto placer que genera fumar no sólo admite explicaciones biológicas: "Es la cultura la que nos enseña lo que es placentero -apunta el licenciado Leonardo Daino-. Recuerdo que la primera vez que fumé, me puse el cigarrillo en la boca y, cuando aspiré el humo, empecé a toser. Entonces mis amigos me insistieron tanto que trague el humo que terminé diciendo: qué rico que es fumar ". .

Por Sebastián A. Ríos
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