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Medicina al día

Los ritmos cardíacos

Suplemento Salud

Las nuevas tecnologías agregan alternativas de curación para que los pacientes que sufren de arritmias puedan retomar una vida plena

Para funcionar, el corazón requiere de un mecanismo que lo haga trabajar a un ritmo adecuado. Ese sistema está compuesto por células especiales localizadas en la aurícula derecha, que modulan el número de latidos cardíacos por minuto y constituyen un marcapasos natural. Como toda célula, éstas responden a las influencias neurohormonales provenientes de todo el organismo.

Cuando se realizan actividades habituales, el ritmo normal del corazón tiene una frecuencia de entre 60 y 80 latidos por minuto. Cualquier aumento o disminución de la frecuencia, así como también la aparición de latidos extemporáneos es lo que genéricamente se denomina arritmia. En la práctica cardiológica con frecuencia se reciben consultas por estas alteraciones del ritmo cardíaco. Afortunadamente, hoy día existen varios métodos para diagnosticarlas. Luego del examen clínico, lo más común es estudiar al paciente con un Holter , que es una especie de grabadora portátil que dispone de electrodos a modo de micrófonos. Ellos permiten registrar el electrocardiograma durante 24 horas seguidas. De esa manera se pueden detectar los diversos tipos de arritmia.

Hay equipos más sofisticados que se implantan debajo de la piel y graban las arritmias cardíacas durante un año o más, por lo que se pueden registrar hasta las más difíciles de detectar. Un nuevo aporte de la tecnología para el diagnóstico es la malla con electrodos múltiples que se introduce en el corazón y toma la información eléctrica de numerosos puntos de las cavidades cardíacas en forma simultánea. Permite construir mapas tridimensionales en los que se localizan, con absoluta precisión, los focos en los que se generan las arritmias.

A través de la cardiología mínimamente invasiva (cateterismo cardíaco) no sólo se logra diagnosticar con exactitud el origen y la ditribución de estas alteraciones del ritmo cardíaco, sino que también, a veces, se las puede curar definitivamente.

Ponerse las pilas Existen varios tipos de arritmias. Las de origen congénito por alteraciones del sistema de conducción del corazón -entre las cuales la más común es el síndrome de Wolff-Parkinson-White - con frecuencia no tenían tratamiento curativo y sólo podían controlarse a través de medicamentos que debían tomarse de por vida. Hoy, se las cura a través del cateterismo intervencionista, quemando la pequeña zona de la pared cardíaca, origen de la arritmia, con un catéter y un tipo de corriente especial. Este procedimiento no invasivo se realiza con anestesia local, excepto en niños de muy corta edad. Los pacientes dejan de tomar la medicación y vuelven a tener una vida activa, sin limitaciones.

En los adultos, las arritmias se dividen en dos grupos: las de ritmo lento y las de ritmo significativamente acelerado. Las de ritmo lento se corrigen con un marcapasos artificial, que se implanta con anestesia local. Consta de una batería y de un catéter que se coloca en las cavidades derechas del corazón y que restablece el ritmo normal. En la Argentina, una de las causas más comunes de implantación de marcapasos se debe a la enfermedad de Chagas y, en edad avanzada, a la arteriosclerosis coronaria. Las arritmias de ritmo acelerado, por su parte, pueden llegar a comprometer la vida del paciente, pues fibrilan el corazón, es decir, evitan que se contraiga en forma normal y causan un paro cardíaco.

Algunas de ellas se corrigen con desfibriladores implantables, de fácil aplicación a través de una cirugía de bajo riesgo. Los dispositivos se encuentran en contacto con el corazón y diagnostican las arritmias de esta clase. Cuando se produce la fibrilación ventricular, disparan un shock eléctrico que restablece el ritmo. El desfribrilador implantable, sin embargo, está reservado sólo para los pacientes en los que no se obtuvo buenos resultados con el tratamiento médico.

Para otro grupo de pacientes, particularmente los que sufren fibrilación auricular crónica, se recurre a la cirugía. Así, por ejemplo, si alguien que sufre alteraciones significativas en la válvula mitral y requiere reparación plástica o reemplazo valvular, presenta fibrilación auricular crónica durante la cirugía, se puede agregar el tratamiento de la arritmia al mismo acto quirúrgico.

Como puede apreciarse, en la actualidad, el campo de las arritmias constituye una especialización dentro de la cardiología. Además de la tecnología adecuada debe contarse con personal altamente capacitado que pueda realizar el diagnóstico adecuado y la indicación terapéutica correspondiente para cada caso en particular.

Corazón programable

En casos de insuficiencia cardíaca grave imposible de controlar con los tratamientos médicos habituales, existen marcapasos especiales con electrodos que se implantan en ambos ventrículos. Al reprogramarlos, se resincroniza el latido cardíaco y se optimiza la función del corazón, lo que mejora ostensiblemente el estado de insuficiencia contráctil. En nuestra institución, con estos marcapasos se pudo mejorar la función ventricular de pacientes que eran evaluados para un posible trasplante, los que recuperaron parámetros hemodinámicos aceptables. Sólo el tiempo dirá si las mejorías son perdurables. La experiencia tanto en Estados Unidos como en nuestro país es muy corta y requiere de una mayor observación y evaluación. .

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