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Plantas maestras

Un instituto dedicado a la recuperación de toxicómanos utiliza como base del tratamiento vegetales medicinales

Miércoles 03 de mayo de 2000

En el adicto, todo el cuerpo, su metabolismo, sus emociones y su espíritu están tomados por una forma de vida, una actitud en la que sólo importa el presente. El aquí y ahora de la compulsión por el consumo para saciar la demanda química del cuerpo, que busca calmar una ansiedad muy pronfunda, emocional y espiritual", afirma el licenciado Sacha Domenech, que desde hace quince años viene incursionando en la etnomedicina de los pueblos aborígenes de América y participó en la iniciativa de Takiwasi, el centro peruano para recuperación de adictos fundado hace nueve años por el francés Jaques Mabit con el auspicio de la Comunidad Económica Europea.

Domenech es el único especialista en la Argentina que utiliza plantas amazónicas. Para él, las situaciones afectivas desfavorables dejan núcleos enquistados en la conciencia sobre los que se estructuran sistemas defensivos y se generan patologías físicas, espirituales y psíquicas. El trabajo con las plantas, afirma, ayuda a destrabar esos núcleos e integrarlos en el estado de conciencia, para salir finalmente de la enfermedad. "Una cosa es repetirle hasta el cansancio a un adicto que la transgresión, el consumo, la mentira, no son buenos, y otra cosa muy distinta es que sienta en él que estas actitudes lo llevan a la muerte, a la destrucción", enfatiza Domenech.

¿Pero de qué manera actuarían las plantas en la recuperación del paciente? Ellas ayudan a la persona a contactarse con su ser interior. "Tienen un efecto psicoactivo, producen un estado modificado de conciencia, desde el que la persona puede conectarse con su ser más íntimo porque caen las defensas racionales. Hay que dejar en claro que no producen alucinaciones, ni adicción ni efectos secundarios adversos. Las plantas tienen efecto de catarsis. Yo siempre digo que no son puertas, sino llaves", continua el psicólogo.

La catarsis

Gracias a este estado en el que la persona queda como entregada, similar al del sueño o al de la hipnosis, emergen contenidos primarios a los cuales es muy difícil acceder por métodos terapéuticos convencionales.

Según Domenech, la ventaja de las plantas reside en que su efecto es muy fuerte y contundente, algunas de ellas actúan como purgativas de forma inmediata. Es el caso de la yawar panga (hojas de sangre), una planta desintoxicante muy potente. Se ingieren apenas unas gotitas de su savia, y luego de tomar un vaso con agua produce vómitos y arcadas intensos. Llegan a pasar por el cuerpo hasta diez litros de agua para realizar una limpieza de todos los órganos. La persona queda muy cansada, pero al día siguiente se levanta como si se hubiera quitado un gran peso de encima.

"Las plantas actúan desde lo vivencial, permiten volver a revivir un trauma y liberar su carga energética. Además, son contundentes, se imponen a la persona, no son manipulables. El adicto sabe que con ellas no se juega", afirma el especialista.

Las plantas medicinales también son utilizadas en otras partes del mundo en tratamientos similares, como sucede en Tailandia en un monasterio de monjes budistas. La ayahuasca (que Estados Unidos quiso patentar para extraer sus principios activos), por ejemplo, es utilizada por los chamanes para curar a su gente. Los entendidos en etnomedicina afirman que no debe ser afectada su integridad, como sucede con la extracción de un principio activo.

Domenech aclara que todas son muy feas, resinosas y amargas, producen displacer, por lo que hay que hacer sacrificio para tomarlas. "La persona puede pasar por un momento muy feo, de angustia y dolor, pero es como un pasaje hacia una salida. Por eso son plantas iniciáticas, tienen que ver con volver a nacer después de la muerte", afirma.

Para comenzar el tratamiento hay una supresión abrupta del consumo de droga y alcohol. Las plantas se ingieren en forma de infusión, se maceran y cocinan en agua durante veinte horas. Su administración se encuadra en un contexto ceremonial, asistido siempre por una persona entrenada especialmente, que también ingiere la infusión. "Se utiliza musicoterapia para acompañar el ritual, mediante cantos denominados ícaros . Poseen determinados sonidos y tonos de voz que producen vibraciones que llegan a lugares muy profundos de la persona", revela el etnomédico.

Para agendar

Dónde consultar

Fundación Desde América : Jufré 705, Buenos Aires. Teléfono: (011) 4777-1130 .

E-mail: fda@desdeamerica.org.ar

Por Mariana Nirino Para La Nación

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