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La escuela y la era virtual

EDUCACION: RIESGOS Y PROMESAS DE LAS NUEVAS TECNOLOGIAS DE LA INFORMACION Por Nicholas Burbules y Thomas Callister (h.)-(Granica)-Trad.: L. Wolfson y colaboradores-303 páginas-($ 24)

Miércoles 19 de junio de 2002

"La red de nuestra vida está tejida con un doble hilo, sano y enfermo al mismo tiempo". La cita de William Shakespeare con que los autores abren el libro sitúa al lector de lleno en sus propósitos. A través de las palabras del dramaturgo inglés, Burbules y Callister intentan resignificar la consideración específica que los educadores hacen habitualmente de las nuevas tecnologías: no se trata ya de evaluar si son buenas o malas sino más bien de superar esa dicotomía axiológica, para poder pensar simultáneamente en los riesgos y en las promesas de esas nuevas tecnologías. Lo esencial, plantean Burbules y Callister, será saber cómo se usan, quién las usa y con qué fines.

La pregunta más elemental que surge casi espontáneamente entre los educadores de este lado del mundo es: ¿quiénes son los que pueden acceder a las nuevas tecnologías?¿A qué es exactamente a lo que se accede? Queda claro que el tema excede el marco de lo técnico para situarse en un orden sociopolítico: ¿quiénes podrán tener la oportunidad de desarrollar aptitudes y actitudes que les permitan aprovechar los nuevos recursos? ¿No se aumentará más la amplitud de la brecha entre los que no tienen ni una tiza y los que manejan espacios virtuales? Se equivocan quienes piensan en el acceso sólo en términos de cantidad y riegan aulas con computadoras: Burbules y Callister proponen claramente volver a considerar el acceso a la red como un objetivo social de redefinición de oportunidades educativas, sociales, políticas y culturales. Las nuevas tecnologías no derriban barreras: dibujan nuevos límites de inclusión y exclusión que ciertamente tienen que volver a pensarse en el ámbito de las políticas educativas y sociales.

Los autores reflexionan acerca de los nuevos modos de lectura y de pensamiento que surgen del hipertexto descripto por George Landow en su clásico texto homónimo de 1993: un texto capaz de fragmentarse en sus distintas partes constitutivas y en el que las unidades de lectura cobran vida propia al volverse autónomas y menos dependientes de la sucesión lineal. Se trata de la posibilidad de lectura y escritura que, alejándose del códice tradicional, ofrece a través de su nueva forma una particular variante epistemológica. Hay ahora un hiperlector. Es aquel que puede encontrar la información que busca y a la vez evaluar la credibilidad de ese material. Habilidades nuevas que son desafíos para una nueva alfabetización: preparar lectores para reestructurar e interpretar los entornos de la información y la comunicación. Los enlaces o links cambian el modo tradicional de leer, exponen lo intertextual, revelan preconceptos, expresan sentidos, impulsan o sugieren inferencias.

Nicholas Burbules
Nicholas Burbules.

Ahora bien, un lector crítico debe estar preparado para encontrar, junto a la información válida y relevante, información inexacta, injuriosa, mal organizada, mal presentada (que requiere gran desgaste de selección, organización, interpretación y síntesis) y, por último, la información inútil, aquella que no es relevante para ese lector. Frente a estos desafíos, los autores proponen cinco enfoques básicos para protegerse mejor de lo potencialmente peligroso: la censura, los filtros, la parcelación, la rotulación y la lectura crítica. A medida que la educación se apropia, a su modo, del ciberespacio, también debe hacerse cargo de discutir y volver a considerar qué ha de ser incluido o excluido y cómo hacerlo. Entre los planteos nuevos está la consideración, por parte de padres y maestros, de en qué medida están dispuestos a conceder a sus alumnos y/o a sus hijos la oportunidad de tomar decisiones basándose en una investigación propia del mundo a través de la red. Burbules y Callister proponen distintos modos de gradación del control, plantean una y otra vez la necesidad de actualizar el debate y la discusión y vuelven al tapete los temas viejos siempre nuevos: la libertad, la moral, la responsabilidad.

Los autores indagan también otro aspecto paradójico: la relación compleja entre vigilancia e intimidad. Si bien todo lo relativo al disciplinamiento y al control es un aspecto clásico del dispositivo escolar, éste se basaba originariamente en el propio cuerpo del alumno (qué hacen, cómo lo hacen, con quién) . La novedad es que las redes informáticas permiten investigar e inspeccionar también información personal, mediante nuevos mecanismos de vigilancia más sutiles, más amplios y menos molestos. Se hace difuso así el límite entre lo privado y lo público. La pregunta última de Burbules y Callister es "¿Puede la tecnología proteger lo que quita?" Los interrogantes que el libro plantea intentan abrir el juego a preguntas nada simplistas, que realmente deberían tener un lugar importante en el ámbito educativo. Desde una perspectiva postecnocrática, los autores intentan establecer relaciones históricas y culturales que puedan habilitar alguna forma para el nuevo tipo de comunidad educativa que surge a partir de las nuevas tecnologías. La pregunta de fondo que se hacen Burbules y Callister, desde sus propios ámbitos académicos y profesionales en los Estados Unidos, no es menos apropiada para nosotros, que enfrentamos el reto de la desigualdad, la carencia y la necesidad de reformular principios elementales del intercambio educativo: "estamos en medio de un proceso de reformulación de significados y fines de la educación, no se trata de encontrar formas mejores, más rápidas o económicas de hacer lo mismo que ya estábamos acostumbrados a hacer".

Por suerte, este libro muestra que no hay recetas mejores, más veloces o más económicas, que maquillen de eficacia un mismo quehacer. Se necesita un saber fundado sólidamente que dé respuestas creativas y críticas a las eternas y nuevas preguntas por el saber pedagógico.

Daniela Gutiérrez

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