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Cómo era el rostro de Cristo

Revista

Una muestra exhibe en Nueva York diversas representaciones de Jesús y de María, que explican por qué la imagen del Hijo de Dios es Universal

NUEVA YORK.- ¿Cómo era la cara de Cristo? La Biblia no dice demasiado al respecto, pero eso no ha impedido que una imagen fácilmente reconocible de Jesús -rasgos angulosos, mirada triste y serena, melena hasta los hombros y barba- haya sido aceptada en todo el mundo por tantos siglos.

"Sostienen que Cristo sería feo o desfigurado. Profetizaban textualmente que sería un rostro sin dignidad ni belleza". Isaías, el autor de la profecía, nació 765 años antes que Cristo.

Pero esta versión no podía durar -explica Ena Girescu Heller, una de las principales especialistas en arte sacro de los EE.UU. y directora del museo de la American Bible Society-. Así es que a lo largo del tiempo se privilegió otra tipología que, aunque sea un Cristo chino o africano, del siglo VIII o del siglo XXI, tiene algo que nos permite saber instantáneamente de quién se trata".

Ese algo es el motivo de una gigantesca exposición que la American Bible Society acaba de inaugurar en sus salas cubiertas de cristal en el Upper West Side de Manhattan: la colección de Michael Hall, un actor que después de 275 films para la televisión en Hollywood, marchó a la Gran Manzana y se convirtió en el mayor coleccionista de rostros sagrados de los EE.UU. Sólo que la mayor parte de sus maravillas -que incluyen obras de megaestrellas como Donatello, Verrochio y Giambologna, pero también Cristos de ojos rasgados de la dinastía Ming, o una virgen de nariz ancha y gruesos labios sub-Saharianos- nunca fueron expuestas al público. Hasta ahora, causando un furor poco conocido en los tranquilos pasillos de la institución norteamericana.

"Todo comenzó cuando tenía 4 años -recuerda un verborrágico Hall, que asegura no ser religioso y que su búsqueda está guiada por la belleza-. Estaba en la clase de Biblia episcopal cuando me llamó la atención una ilustración a color de Cristo como un hombre joven, realizada por un pintor alemán del siglo XVIII, donde tiene ojos celestes y el pelo rubio rojizo exactamente igual a mi padre."

Al volver a casa, Hall le preguntó a su padre si su familia era del mismo lugar que la de Cristo. "Me explicó que Jesús venía de una tierra muy lejana, de una familia judía, y que probablemente había lucido muy distinto a nosotros", recordó.

Las palabras de su padre volvieron a su mente cuando, de adulto, comenzó a coleccionar monedas italianas del Quattrocento y períodos posteriores. "Me empecé a fascinar por las varias representaciones de Cristo que, a través del tiempo, recrean la carta de Lentulus, una falsificación medieval que durante siglos se creyó que era una descripción de la apariencia de Cristo escrita por testigos de la época, y que fue la base de gran parte de las representaciones de Cristo que se conocen hasta la fecha", explicó.

Por el contrario, ninguna descripción del rostro de María fue legada. Y de esta manera, la colección de Hall prueba que, a diferencia de Cristo, muchas veces es difícil reconocerla cuando se le saca el contexto narrativo o sus atributos, como el niño en brazos o la manta azul: puede ser una elegante señora florentina del Renacimiento o incluso una dama egipcia que parece Cleopatra, hecha por los bizantinos en el siglo XI.

"El principal descubrimiento que hacen los visitantes a esta exposición es, justamente, que a pesar de los acontecimientos religiosos y sociopolíticos, las evoluciones en el estilo y las cuestiones étnicas que han afectado a los artistas, singularmente la imagen de Jesús mantiene una fuerte identidad. En cambio María ha sido mucho más sujeta a la interpretación personal", aclara Heller, en diálogo con LA NACION.

-¿Por qué la imagen de Cristo se mantiene tan consistente?

-El retrato prototípico de Jesús evolucionó a partir de una compilación de distintas fuentes visuales y literarias, pero su permanencia en el arte cristiano se debe, sobre todo, a sus orígenes en una imagen que se supone que no fue hecha por manos humanas, sino por el contacto directo con Cristo, con lo cual el pedigree, por llamarlo de alguna manera, es impecable. Esta fue incluida en distintas historias a través del tiempo, pero el nudo de la cuestión se mantiene el mismo en ellas: Cristo usó una tela para limpiar su cara y sus rasgos milagrosamente se plasmaron en el género, por ejemplo, en el Velo de Verónica para Occidente o el Sagrado Rostro de Edessa para Oriente. Este tipo de reliquia puede ser considerada una antecesora de la fotografía, porque mostraba los rasgos de Cristo con una exactitud sin par: era la imagen de Cristo, y no una reproducción posterior de ella.

-¿Y por qué no podía durar un Cristo feo en el arte?

-Para empezar, si bien algunos escritores tempranos como Justino Martir, Clemente de Alejandría, Tertulliano y Cipriano lo sostuvieron, no duró mucho en la literatura cristiana. Tampoco podía hacer un impacto en el arte, porque no coincidía con la figura ideal y arquetípica que Jesús representaba: la apariencia de Cristo debía reflejar su personalidad ya que la iconografía era un instrumento fundamental de comunicación. Consecuentemente, otros escritores cristianos tomaron una visión opuesta, probablemente basada en el salmo 45 que dice: "Eres el más hermoso de los hombres". Así que Cristo comenzó a ser descripto como un joven que irradiaba belleza y luz, y éste inmediatamente se trasladó al arte como lo muestran los ejemplos encontrados en las catacumbas. Finalmente, la imagen joven evolucionó a una más madura, la de un maestro, tomando mucho de la representación antigua de los filósofos, y allí se dividió en dos subtipos: el helénico, basado en la representación idealizada de los dioses griegos, y el semítico, más étnico y menos estilizado, que fue el que cayó en desuso. El Cristo que hoy reconocemos automáticamente es el helénico.

-El año último se publicó en todos los medios un estudio científico sobre el aspecto histórico de Cristo, que levantó una fuerte polémica. ¿Afectó en algo a la disciplina?

-Aquí se vio como parte de un documental serio del Discovery Channel. Pero no hubo nada para sorprender demasiado a los historiadores del arte: ya sabíamos hace tiempo que el Cristo histórico difícilmente haya lucido como la figura europeizada que conocemos.

-¿Y qué hay del debate del Santo Sudario?

-Es un debate que se mantiene abierto entre los historiadores del arte. Pero no hay estudios conclusivos que desmientan que la imagen no haya sido un producto medieval, como tantos consideran.

-¿Los rasgos típicos de Cristo se mantienen en las representaciones artísticas hechas en otros continentes?

-En comparación con María, sí: su simbolismo es tan fuerte que aun cuando adopta rasgos del lugar es reconocible. En cambio, la Virgen se adapta fácilmente a las distintas culturas y costumbres, sea en la ropa, el entorno o la apariencia personal, y se vuelve una mujer del momento. Esto no es bueno ni malo: no hay que olvidarse que estos objetos no fueron hechos para ser expuestos en un museo, sino para la devoción religiosa, en la cual no sólo es importante el simbolismo, sino también la posibilidad de relacionarse con ellos y sentirlos cercanos.

-¿Y por qué son tan importantes?

-Para muchos fueron y son una forma importante de acercarse a Dios. Y como durante tantos siglos la mayor parte del arte fue religioso, para muchos también es una forma fundamental de no sólo estudiar estilos, sino develar los secretos de la sociedad que estaba detrás de cada pieza. .

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