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Fundación Favaloro
Late un corazón

LA NACION revista

El 20 de junio de 1992, en el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, se realizó la primera operación. Hoy, como hace diez años, es un modelo de investigación, prevención y asistencia médicas

Por   | LA NACION

“Jamás debemos confundir tecnología con automatismo. No podemos olvidar que nuestros pacientes merecen respeto, comprensión y solidaridad, ya que ellos son el fin básico de nuestra tarea”, decía el doctor René Favaloro. Un sistema de salud de excelencia y al alcance de todos era su meta. Y no se quedó en las palabras. Para eso creó la Fundación Favaloro.

Hoy, la institución está más viva que nunca y es uno de los centros médicos más prestigiosos de América latina. El edificio del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular (Icycc), de 20.000 metros cuadrados, parte vital de la fundación, se integra a la Universidad Favaloro como Hospital Escuela y también alberga al Instituto de Investigación en Ciencias Básicas. Actualmente, el Icycc es uno de los centros líderes en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares (en la Argentina representan la mayor causa de muerte en personas mayores de 30 años) y trasplante de órganos. Se atienden allí 6500 consultas mensuales y se realizan un promedio de cinco cirugías diarias. Es el centro latinoamericano con mayor experiencia en trasplantes hepáticos y cardíacos, además de los de riñón, pulmón y médula ósea. Se realizan complejos estudios genéticos. Tiene un laboratorio de análisis clínicos que incluye estudios de avanzada. Y si de algo se sienten en este momento particularmente orgullosos es de los avances que están logrando en el área de investigación. Por ejemplo, el desarrollo de un corazón artificial.

Por todo esto, si hay algo que desespera a quienes continúan con la obra de Favaloro es que en la opinión pública se haya instalado la presunción de que la fundación estaba cayéndose a pedazos, y que fue eso lo que llevó a su creador, el doctor René Favaloro, a los 77 años a tomar la decisión de quitarse la vida.

Con cuentas saneadas, tecnología de primera línea y el talento de los médicos para realizar operaciones de alta complejidad, el pulso de la fundación late con fuerza. Así lo demuestra esta charla con el doctor Eduardo Raimondi, director ejecutivo y vicepresidente de la fundación y el doctor Roberto Favaloro, sobrino del célebre René, y actual director y presidente de la fundación.

–¿Cómo se mantiene esta estructura?

Favaloro: –A lo largo de los años, la fundación se mantuvo en parte con donaciones. Después, cuando se inauguró este edificio, hubo un subsidio por cuenta del Estado, pero se cortó en 1998 porque se pensó que si se facturaba a PAMI, Ioma y demás obras sociales, ¿para qué el subsidio? Pero la realidad es que las obras sociales no pagaban. Durante dos años, la fundación subsistió, pero con problemas. René envió varias cartas solicitando ayuda, pero no tuvo éxito. Después de que él tomó la decisión de quitarse la vida, esto se pudo levantar con el trabajo nuestro y la dirección del doctor Raimondi, pero no fue nada fácil.

–¿La fundación corrió el riesgo de cerrar?

Raimondi: –La decisión que tomó Favaloro fue un shock para toda la sociedad y un golpe casi mortal para nosotros, porque nos quedamos sin líder. Pero cuando nos empapamos en el tema nos dimos cuenta de que poniendo un poco de orden y comprobando que se podía vivir sin el subsidio, las cosas empezaban a cambiar. Hicimos una enorme reingeniería. Lamentablemente, el país también cambió, pero para peor. Tenemos un sistema de salud completamente pervertido, en el que las prestaciones se pagan, con suerte, a los 160 días. Después de la debacle económica del país, ya no pudimos vender los cheques diferidos. Eso fue terrible, porque con la venta de esos cheques recaudábamos casi un millón de pesos. A los 20 días de la crisis, se produjo la devaluación. Para nosotros, fue como una trompada de Mike Tyson. Ahí sí pensamos que moríamos. Gastábamos un millón y medio de pesos en insumos, que hoy nos cuestan cuatro millones, y que es lo que la fundación cobra bajo todo concepto.

–¿Cómo salieron adelante?

Raimondi: –Comenzamos por exigir el pago a todas las obras sociales para las que trabajamos. Pudimos mantener el nivel y la calidad de prestación, pero reorganizando el sistema de facturación y cobranzas, que prácticamente no existía. Por ejemplo, hoy, a una persona indigente de una provincia, el mismo gobierno le dice: “Esto te lo hacen en Favaloro, únicamente”. Es decir, reconocen la calidad. Por otro lado, le dicen a la persona que si no puede pagar, lo operan igual. Es verdad. No dejamos afuera a nadie, pero lo que estamos haciendo ahora es armar una estructura para exigirle al gobierno de esa provincia que nos pague la prestación. Este año, los proveedores notaron que estábamos pagando a pesar de todo y nos apoyaron bastante. Adoptamos una medida que defendemos a ultranza, que es pedir el 40% al contado de la prestación al financiador. Si quieren internar a un paciente, tienen que proveer el insumo, o el equivalente al insumo. Si no lo hacemos así, nos fundimos.

–¿La Fundación mantiene la línea de Favaloro?

Raimondi: –Esta es una institución lógica, pero también humana: no vamos a dejar a una persona que se está muriendo en la calle, por más enojados que estemos con la financiadora. Pero tratamos de que la financiadora entienda que esto no nos puede pasar todos los días. Además, pusimos mucha fuerza en la cobranza de la enorme cantidad de plata que se nos debía. Cuando Favaloro muere, se le debían a la institución 20 millones de dólares. Hoy, nos deben 15 millones, y nuestra deuda actual no supera los 10 millones, a pesar de que PAMI no nos paga y seguimos atendiendo como si nada hubiera pasado. Ese dinero que invertimos en la atención, y que ronda los 500.000 pesos mensuales, es dinero que la fundación invierte en la sociedad.

–¿Qué incidencia tiene la sociedad en la fundación?

Raimondi: – Hace algún tiempo empezamos a solicitar ayuda, ya no grandes donaciones, que era lo que Favaloro esperaba, sino a los pequeños contribuyentes. Favaloro hizo construir una pared cerca de la puerta de la fundación para colocar allí las placas de quienes suponía que iban a donar. La pared está vacía. Fue la gran frustración de él. No hay grandes donantes, quizá porque no hay una ley de mecenazgo que los apoye. Pero sí hay muchísimos pequeños donantes. En este momento, contamos con 5000 personas que donan 5 pesos por mes.

Investigar y prevenir

Hace poco más de un mes, 1500 personas concurrieron en forma gratuita a las jornadas de detección de factores de riesgo y promoción de vida saludable para la comunidad. Desde las 9 de la mañana, en un móvil instalado en la puerta de la Fundación Favaloro, se tomaron muestras de sangre para evaluar de manera instantánea el grado de colesterol, glucemia, presión arterial y peso corporal. La realización de estos controles fue un gran esfuerzo del Equipo de Prevención de la Fundación Favaloro y el laboratorio Parke Davis.

Con el fin de prevenir, también se dan charlas y foros en distintos establecimientos de enseñanza primaria y secundaria.Y a partir de julio, habrá charlas mensuales gratuitas, siempre sobre temas relacionados con la prevención.

Favaloro: –Ponemos mucho énfasis en la prevención. Los pilares sobre los que trabajamos son: la hipertensión arterial (el 60% de los pacientes que necesitan intervenciones son hipertensos); el control de lípidos (el 50% de los pacientes que requieren intervenciones tienen colesterol alto); diabetes; cursos para dejar de fumar (un porcentaje muy alto de los pacientes que llegan a nosotros tienen el hábito de fumar, algo que daña las arterias); charlas en clubes y escuelas.

La investigación, que hoy se desarrolla dentro del ámbito de la Universidad, abarca más de treinta campos en los que trabajan profesionales de distintas disciplinas –medicina, biología, veterinaria, matemática, ingeniería, etc.– en colaboración con los centros científicos más importantes de Europa y los Estados Unidos.

Favaloro: –Estamos trabajando desde 1998 en el proyecto de un corazón artificial con la gente de IPSA (Ingeniería Pescarmona S.A). Ellos son básicamente ingenieros que trabajan en grandes diques y represas, y que ahora quieren trabajar en la hidráulica aplicada a pequeñas bombas. Ya se hizo el prototipo. Fue arduo, pero para julio habrá novedades. Con suerte realizaremos el primer implante en animal.

Raimondi: –También, desde la fundación, estamos trabajando en el tema del ADN. En realidad, la inmunología y la inmunogenética era mi actividad hasta que Roberto me pidió que ingrese en el consejo. Desde el Pricai tratamos de identificar a las poblaciones autóctonas de la Argentina Favaloro: –Y con la empresa Bio Sidus se desarrolló un gen que promueve la formación de vasos. Se espera la autorización del Anmat para hacerlo en pacientes. También se están estudiando drogas antiarrítmicas para el corazón, y drogas que inhiban la formación de placas en las arterias.

–¿Qué implica llevar el apellido Favaloro?

Favaloro: –Tiene algo de peso. Estudié en los Estados Unidos y después vine a la Argentina a entrenarme con René. Operé bastante con él. En realidad, no estoy tan preparado para esta tarea administrativa que tenemos que hacer ahora. Por suerte, estoy rodeado de gente que ayuda mucho para que podamos continuar con su obra.

–El doctor René Favaloro, ¿era un idealista?

Favaloro: –Por un lado sí, pero por otro no tanto, porque pudo materializar casi todas las cosas en las que creyó. Yo creo que fue un visionario. Así logró el by pass mucho antes que otros, y generó un cambio en la medicina. El corazón era básicamente tabú. También fue un visionario cuando volvió a la Argentina y empezó a concretar su sueño, que era éste. El no tenía hijos, y siempre decía que esto era como un hijo. Creo que sintió que esto se estaba muriendo, que iba a perder a su hijo. Y hasta puede ser que haya sido un visionario sobre las cosas que iban a pasar después, en la Argentina y en el mundo.

Trasplantes en retirada

Favaloro: –El tema de la conciencia social, en cuanto a que hay que donar los órganos, viene mejor. El problema es que muchos pacientes tienen dificultades para tomar la medicación necesaria para que funcione ese órgano trasplantado. Para evitar el rechazo, hay que tomar medicación de por vida. Hoy en día, pacientes trasplantados renales, que son los más abundantes, están perdiendo riñones porque no tienen la medicación, que normalmente es importada y cuesta unos 3000 pesos por mes (que debe pagar la obra social). A veces, uno se cuestiona qué sentido tiene trasplantar sabiendo que la persona no va a tener la droga para mantener ese órgano.

Favaloro: –Estuvimos revisando nuestra lista de gente que necesita un trasplante, y vimos que la mitad cobra menos de 1000 pesos por mes. Antes, teníamos el problema de que un trasplantado no tenía agua potable. Entonces le conseguíamos la cañería. Si tenía las paredes en mal estado, y podía haber hongos, le pintábamos la casa. Hoy, los pacientes no tienen ni para comer.

–¿Cuánto cuesta efectuar un trasplante?

Favaloro: –Es variable. El más caro, que es el de hígado, está cerca de los 200.000 pesos. En otros casos, la cifra disminuye hasta llegar a los 50.000 pesos. Es lo que se gasta en insumos, en internación, en la cirugía, en tiempo. Los gastos son inmensos. Un paciente hepático puede necesitar 100 transfusiones de sangre, por ejemplo. Lo desesperante es que sólo puedan acceder a los trasplantes aquellos que pertenecen al grupo socioeconómico llamado ABC1.

–Quizá Favaloro no quería ceder en estas cosas

Favaloro: –Creo que ése era el problema. Nosotros hacíamos 40 trasplantes de corazón y pulmón por año. En la Argentina se hacían 100 en total. En la década del 80, la cifra era de sólo 5... y estamos volviendo a eso. La situación actual del país marca un gran retroceso.

–¿Cuál es hoy la prioridad de la Fundación?

Raimondi: –Mostrarle a la sociedad que estamos más vivos que nunca. Que estamos produciendo científicamente y trabajando con el mismo nivel de siempre.

De la Argentina, para el mundo

El mayor logro actual de la Fundación Favaloro es haber superado la crisis por la inesperada muerte de su fundador, y haber seguido creciendo cuantitativa y cualitativamente a pesar de la crisis que atraviesa la Argentina en todas sus estructuras. Conserva el liderazgo nacional en intervenciones quirúrgicas; realiza trasplantes pulmonares y operaciones de Ross casi con exclusividad en el país, mantiene una tasa de infección por debajo del estándar internacional y registra una mortalidad ajustada a riesgo inferior a la esperada en instituciones dedicadas a la alta complejidad. El último año ha reorganizado todas sus áreas, ha incorporado el trasplante de médula ósea con miras a la creación de un banco de datos similar a los que se encuentran en los Estados Unidos y Europa. En la Universidad Favaloro se han realizado estudios piloto acerca de la utilización de vacunas que podrían prevenir las enfermedades cardíacas, y sus resultados fueron publicados en la revista especializada Circulation. Además, en la Fundación se están generando constantemente nuevas campañas de prevención y actividades destinadas a mejorar la calidad de vida de la población.

En medio de la crisis económica que atraviesa el país, la Fundación Favaloro ha implementado una nueva área de atención preparada para recibir pacientes de toda América latina, que hoy pueden acceder a los tratamientos quirúrgicos con resultados similares a los esperables en instituciones de Estados Unidos y Europa, pero con tarifas que llegan a un 50 % menos que las promedio en el resto de América. .

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