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El país más avanzado del mundo y su nuevo flagelo

Los adictos se multiplican en Noruega, la nación con mayor desarrollo humano según la ONU

Domingo 18 de agosto de 2002

OSLO Es una mañana soleada y el fiordo de Oslo bailotea con sus reflejos. Festivos banderines ondulan desde un transbordador que parte al mar del Norte, algunos ciclistas pasan pedaleando por la estructura de columnas del edificio de la Bolsa de Valores y relucientes vagones de teleférico pasan por ahí, llenos con empleados que se dirigen al centro.

Oslo, la capital de Noruega, rica en petróleo, está saltando a la vida cotidiana, pero hay muy poco movimiento proveniente del deteriorado grupo de gente que también se ha vuelto parte del paisaje en los muelles.

Se arraciman en una fila junto a una decrépita bodega hecha de hoja de estaño, yaciendo en cuclillas sobre los muelles circundantes. Sus cuerpos están sumamente delgados, y sus rostros están tan dilapidados y vacíos como cualquiera de los pintados por Edvard Munch, el artista noruego de la angustia. Muchos están durmiendo, otros asienten con la cabeza de modo letárgico.

Un joven hombre con camiseta y pantalones negros se muestra imperturbable. Es el registro más reciente de una tabulación de la que esta ciudad no se enorgullece en encabezar: la capital de Europa para la sobredosis.

Un informe emitido por el Grupo Pompidou del Consejo de Europa, dedicado a la vigilancia en lo tocante a narcóticos, afirma que Oslo está en primer lugar entre 42 ciudades europeas en cuanto a decomisos y muertes provocadas por drogas. Oslo registró 115 muertes por esto el año último, por debajo de un nivel máximo de 134, en 1998, pero aún el más elevado sobre el continente. En todo el territorio de Noruega, la cifra está aumentando, con 338 muertes registradas en el 2001, por arriba de las 75 de 1990.

Las cifras contrastan claramente con la imagen de folleto de viaje que tiene Noruega, como una tierra de serenas montañas y fiordos, aunado a los acostumbrados resultados de sondeos como un informe sobre desarrollo humano por parte de las Naciones Unidas (ONU) el mes último, el mismo que consideró al país como el primero en el mundo en términos de ingresos, atención a la salud, expectativa de vida y educación.

Los hallazgos concernientes a las sobredosis han suscitado un debate aquí, el cual ha puesto en oposición a las nociones tradicionales de la región, sobre la moralidad y una vida honesta, con sus instintos por brindar protección a marginados sociales.

Mientras los políticos se muestran nerviosos e indecisos, cientos de adictos compran drogas abiertamente en la plaza central de Oslo y caminan las dos cuadras de vuelta hasta la zona de consumo de drogas, extraen sus torniquetes y agujas, para finalmente "elevarse" en público.

"He pasado por sobredosis, y toda esta gente también, muchas veces", aseguró Christian, de 32 años, larguirucho rubio vestido con pantaloncillos cortos de tenis y camisa tipo polo, el cual dijo que había sido adicto por 19 años. Sostenía un trozo de algodón pegado a su tobillo, donde se acababa de inyectar con su dosis de heroína de la mañana: la primera, afirmó, de las que podrían ser siete dosis para sobrevivir el día.

"Vengo a este lugar porque estas personas son mis amigos y, si pierdo la conciencia, uno de ellos llamará para buscar ayuda -explicó-. Lo que ninguno de nosotros llegará a hacer es inyectarse solo."

Al tiempo que hablaba, un equipo de paramédicos en una ambulancia lograba revivir al hombre de negro. "Ese tipo los llamó", informó Christian, señalando hacia un hombre que estaba extendido sobre el pavimento, aferrando un teléfono celular.

La razón principal de que las tasas de sobredosis y mortandad sean tan elevadas aquí es que los adictos noruegos se inyectan la heroína en vez de fumarla, como es la práctica común en cualquier otro lugar de Europa. Los 14.000 usuarios de heroína de Noruega posteriormente incrementan las probabilidades al mezclar la droga con alcohol y Rohypnol, depresor del sistema nervioso.

Cuando se le pidió explicar por qué estas peligrosas prácticas habían cobrado fuerza aquí, los noruegos hacen referencia a su particular historia de beber mucho y a movimientos sumamente celosos en lo tocante a practicar la templanza, lo cual dio origen a una prohibición sobre las bebidas alcohólicas en el decenio de los años veinte, y hasta hoy han restringido las ventas de licor.

Durante la prohibición, los noruegos adquirieron el hábito de beber el licor más fuerte posible -y en grandes cantidades- en el momento que pudieran ponerle las manos encima. Roar Staale Alstadius, trabajador del área de salud en el equipo de la ciudad dedicado a dar atención en casos de sobredosis, dijo que el paralelismo entre la mayor sensación de euforia producida por una inyección de heroína y el excesivo consumo de alcohol podrían explicar por qué los usuarios de heroína, en Noruega, consumen la droga de forma intravenosa.

La primera generación de adictos de Noruega, en un mercado donde la droga era rara y costosa, también optó por el método que producía el mayor efecto con la menor cantidad.

Noruega tornó más complejo el problema al actuar lentamente para recurrir a la metadona como sustituto de la heroína en tratamientos. "Los noruegos creen en la autosuficiencia y en ser independientes -dijo Alstadius-. La idea siempre fue que existía la necesidad de luchar para mantenerse alejado de las drogas; uno tenía que trabajar por ello, no sólo cambiar una dependencia por otra."

Un poco de metadona estuvo disponible en 1997, pero los períodos de espera se han extendido hasta más de dos años. Se espera que el Parlamento apruebe una iniciativa de ley en octubre, la cual pondría la metadona a disponibilidad de más de 2000 personas para finales de este año.

Las opiniones con respecto a cómo emplear acciones en contra de la adicción varían en este lugar, como sucede en la mayoría de estos casos. Arne Huuse, el director del Servicio Nacional de Investigaciones Penales, declaró en una entrevista que le gustaría poner a los adictos en una isla del norte hasta que estuvieran limpios. Al otro extremo del espectro está un grupo de catedráticos liberales en la Universidad de Oslo, los cuales quieren que las drogas sean entregadas sin costo alguno a los adictos y que su uso sea despenalizado.

El objetivo oficial aún consiste en dejar a Noruega libre de drogas, pero el gobierno también está tratando de reducir el daño a usuarios mediante el suministro de vivienda, beneficios y condiciones limpias para consumir drogas.

Cámaras de la policía vigilan el narcotráfico en un área con una fila de árboles, en el parque de la Estación Central y conocida como "plata" ("la rebanda"). Pero si bien la posesión, uso o venta de heroína son ilegales y están sujetos a severas penas, los oficiales de la ley son enviados sólo cuando surgen altercados o cuando aparecen personas que claramente son menores de edad.

Cada noche, un "autobús aguja" se detiene en una intersección del centro para entregar a los usuarios jeringas antisépticas, y este mes un proyecto piloto, denominado "sala de inyecciones", abrirá en una misión de la iglesia noruega localizada a pocas calles del muelle.

"Somos un país muy rico -expresó Kjell Erik Oie, el director de salud y asistencia social de la misión-. Tenemos muchísimo dinero y automóviles, y cambiamos de casa y apartamentos como algunas personas cambian de camisa. No podemos ignorar las pobres condiciones en las que vive esta gente."

El servicio de ambulancia de la ciudad afirma que mantener a los usuarios de drogas en una sola área ayuda a brindarles protección. "Cuando la policía solía perseguirlos de un sitio a otro, no los podíamos encontrar con facilidad y cuando finalmente lo hacíamos, era en lugares como patios escolares y areneros de jardines de niños", aseguró Arne Henriksen, director de servicios médicos de emergencia.

No obstante, Morten Mjelve, el subdirector general del departamento de Asuntos Sociales de la ciudad, dijo que su oficina se oponía a dejar a los usuarios en un solo lugar conocido, ya que les daría a los jóvenes una forma fácil de obtener drogas. "Todos saben dónde está Ôplata´; van ahí los fines de semana, y cuando no consiguen heroína, reciben lo que se conoce como Ôbolsitas de fiesta´, o sea, varias drogas como éxtasis, marihuana, anfetaminas, GHB y Rohypnol", estas dos últimas asociadas en Estados Unidos con violaciones durante citas, "y se convierten en reclutas potenciales para el consumo de drogas más fuertes".

Knut T. Reinaas, dirigente de la Liga Contra Intoxicantes y asesor del gobierno de la ciudad, aseguró conocer adictos que habían experimentado 20 ataques por sobredosis, pero que aún se estaban inyectando. "Recuerde -dijo-, el mundo transitorio entre la vida y la muerte es el lugar mismo que desean alcanzar."

Por Warren Hoge De The New York Times

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