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La tragedia del avión inglés en el cerro Tupungato

El Lancastrian cayó por un error de cálculo

Información general

Fuertes vientos derribaron la máquina en agosto de 1947

A punto de cumplirse 53 años de la tragedia del avión británico Avro Lancastrian Star Dust, finalmente ayer se develó el misterio: la aeronave se estrelló contra el volcán Tupungato, el 2 de agosto de 1947, por un error de cálculo de los tripulantes, originado en el desconocimiento de un fenómeno meteorológico y en las pésimas condiciones atmosféricas de aquella jornada, tal como consta en el estudio realizado por la Junta de Investigación de Accidentes de la Aviación Civil (Jiaac).

El anuncio fue realizado por el mayor Luis Estrella, responsable de las pesquisas, quien explicó que "al descender entre nubes, el avión impactó contra la montaña debido a que la tripulación calculó erróneamente su velocidad de navegación".

La equivocación nació en que en esa época se desconocía la verdadera intensidad del viento en la corriente de chorro, llamada también "jet stream".

De acuerdo con el estudio, las ráfagas soplaban en dirección contraria a la máquina, a 185 kilómetros por hora, en promedio.

"Por tal razón -explicó Estrella-, la velocidad real a la que volaba el Avro Lancastrian era inferior a la supuesta por los tripulantes, lo que los llevó a iniciar el descenso, convencidos de que ya habían superado la cordillera de los Andes, cuando en realidad iban directo hacia el cerro Tupungato.

"No hubo manera de que el piloto advirtiera el error -añadió-, pues en ese momento no tenía referencias visuales para calcular su posición, ya que, además, una tormenta muy fuerte azotaba el área."

Tampoco detectaron que se habían apartado 64 kilómetros de la ruta programada.

La revelación permite dejar de lado las hipótesis que los expertos elaboraron desde aquellos días. En principio se dijo que había sido la impericia del comandante la que había causado el desastre, que se cobró 11 vidas, dado que era la primera vez que cruzaba los Andes.

También se conjeturó que uno de los cuatro motores se había plantado, provocando un rápido descenso del avión. Incluso se habló de sabotaje, fruto de la guerra entre las compañías de aviación inglesas que se disputaban las rutas de América.

Esos fueron algunos de los ingredientes que durante medio siglo dieron cuerpo al misterio en torno del trágico fin sufrido por el Star Dust matrícula G-AGWH. Hasta ayer.

El vuelo CS59 del Avro Lancastrian de la empresa British South American Airways (BSAA) partió del aeródromo de Morón, en la provincia de Buenos Aires, con destino a Santiago, Chile, el 2 de agosto de 1947, a las 10.35.

El viaje se desarrolló sin novedades hasta la capital mendocina, donde, al sobrevolar el aeropuerto de El Plumerillo, el comandante Reginald Cook reportó la altura a la que volaban: 7200 metros.

Fue el último mensaje. Minutos más tarde, el Lancastrian se estrellaba contra la pared sudeste del Tupungato sin dejar sobrevivientes.

El 19 de enero de 2000, una patrulla integrada por tres militares y dos civiles encontró fragmentos de la nave y los restos de tres de las víctimas, a 5500 metros de altura.

Poco días después, un juez federal mendocino le ordenó al Ejército organizar una expedición para recuperar el hallazgo, la que partió hacia el volcán el 16 de febrero, acompañada por un perito de la Jiaac y 16 periodistas, entre los que se contaba este enviado de La Nación .

Seis días más tarde, el grupo exploraba el área donde había caído el Star Dust y bajaba de la montaña una bolsa con 8 kilogramos de partes del cuatrimotor y un baúl con varios miembros y uno de los torsos de los viajeros fallecidos. .

Oscar E. Balmaceda
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