Wimbledon
La familia vibró desde Rafaela
Todas las sensaciones, a la distancia, vivieron los Salerni; la alegría por un sueño consumado tras tanto esfuerzo
RAFAELA, Santa Fe.- La llovizna y el frío de esta ciudad se transformaron de pronto en calor y color de triunfo. El que generó saber que una hija de esta ciudad está ingresando en la galería de los grandes deportistas argentinos por el mundo. Si María Emilia Salerni cumplió su sueño de ganar en La Catedral del tenis, en este rincón del interior del país vaya si también lo fue.
Los Salerni están juntos, pero separados. En esta ciudad agroindustrial del oeste santafecino residen María del Carmen Martín (52 años) y su esposo, Abelardo Salerni (55). Ayer (por hoy sábado) viajó desde Rosario, Natalia (20 años), estudiante de Medicina, que quiso compartir en familia el sueño de Wimbledon.
Junto a María Emilia, en Inglaterra, está Mariana (24), que completa en la Capital Federal su licenciatura en Asistencia Social. Sus hermanos varones se comunicaron varias veces por teléfono. Fernando (26), ingeniero en Alimentos, trabaja y reside en Luján, y Luciano -hoy cumple 25 años; tuvo un regalo adelantado- estudia Ciencias de la Comunicación y posee un taller gráfico en Río Cuarto (Córdoba).
Los preparativos para el día más feliz e importante de la carrera deportiva de la Pitu lo hace cada Salerni a su manera. En el domicilio de Paraná 533, la profesora María del Carmen y Natalia están alistadas desde muy temprano, mirando el reloj y simultáneamente la TV.
En otro lugar, en el diario Castellanos, Abelardo no abandona la cábala. "En una final de torneo que ella juegue, mi cábala es seguir las incidencias por Internet, aunque en los pasajes decisivos me prendo al televisor. Pero la computadora no la dejo", señala un padre sereno -asegura- que no deja de repetir: "Estar en esta instancia es también un reconocimiento a todos los que han ayudado a mi nena en su carrera".
A todos los sorprende el comienzo. "Está muy nerviosa. Tiene que relajarse", sostiene la madre, para quien "le ocurre como a todos los tenistas, siente un poco la responsabilidad de estar en ese estadio. Pero si se serena, será otra cosa". Y tiene razón. María Emilia se serena, levanta el 2-4 y se encamina para definir el primer set.
La lluvia en Wimbledon obliga a todos a modificar los planes. Se dispone rápido el almuerzo. Hasta que la imagen nos devuelve el reingreso de María Emilia y su rival al court. "Creo que cerró bien el primer set y eso le dará confianza", apunta Abelardo, cuando el juego se reanuda.
La tensión aumenta cuando también aumenta el juego de Perebiynis. En la casa paterna, lo mismo. El comentario se termina, hay idas a la cocina o al dormitorio, algunas sin sentido, pero con lógica. Los nervios mandan. Hasta que llega el momento cumbre. Y otra vez 4-2 abajo para remontar. La igualdad comienza a despertar la euforia y la igualdad en 5 games del tanteador se refleja en todos los rostros.
La victoria se aproxima. "Si no va un tercer set, es mejor", dice Abelardo. "Creo que está más entera", sostiene en su casa María del Carmen. Llegan la definición y la emoción. Abrazos y llanto. La ciudad se va enterando y no hay festejos simulados. Todos saben que la Pitu entró en la galería de los grandes. Se sienten orgullosos de ser rafaelinos.
María del Carmen volverá a llorar una hora después cuando saluda por radio a su hija. Y reincidirá cuando el teléfono la comunique directamente con Mariana y María Emilia: "Gracias, Pitu, por esta alegría que nos diste a tu familia y a todos los que te quieren".
Afuera no importa el frío. Rafaela vive su fiesta. .
Por José Enrique BordónEspecial para LA NACION
