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Jujuy, una provincia donde conviven la pobreza y la droga

La desocupación llegó al 18,8%, pero estudios privados consideran que es superior

Lunes 24 de julio de 2000

SAN SALVADOR DE JUJUY.- Jujuy, según el Indec, es una de las provincias de mayor índice de desocupación, pero también de pobreza, a pesar de que las cifras oficiales reflejan sólo el cuadro de situación en esta capital y Palpalá y no la realidad de otras zonas, como la quebrada de Humahuaca y la Puna. Allí, según la Prelatura de Humahuaca, la desocupación supera el 30 por ciento.

La medición, realizada en mayo último, reveló que en la provincia de Jujuy hay un 18,8 % de desempleo.

También es alto el índice en San Pedro de Jujuy (a 65 kilómetros al este de San Salvador, en la zona subtropical), donde de acuerdo con un trabajo realizado por estudiantes de la Universidad Nacional de Jujuy llega al 25 por ciento.

Tales condiciones aparecen como un cóctel social explosivo que preocupa, y mucho, pero que es paradójicamente previsible, ya que aquí existe una larga historia de luchas gremiales encabezada por Carlos "Perro" Santillán, de la Corriente Clasista y Combativa, y Fernando Acosta, del CTA Jujuy.

El poder del narcotráfico

Pero, además, esto se agrava con la inmigración legítima y la clandestina proveniente de Bolivia: más del 15 % de los que viven en Jujuy son bolivianos y otro 20 % de jujeños son hijos o nietos de bolivianos. Esa corriente migratoria no es la culpable de los problemas, sino más bien los inmigrantes son víctimas de una situación de pobreza global que no entienden, sino que sufren. Y esto es aprovechado, por ejemplo, por el narcotráfico.

El funcionario provincial coronel (R) Rodolfo Guillermo Quintana asegura que "los bajos niveles de vida, pauperización y pobreza son el mejor caldo de cultivo para la proliferación del narcotráfico". Y añade que Jujuy es una provincia que hace de "puerta de la casa" para el ingreso de la droga, advirtiendo que no es un problema sólo de paso sino que "el consumo está aumentando".

Quintana, quien se desempeña en el Area de Proyectos de la Secretaría de Prevención de Adicciones y Lucha contra el Narcotráfico, advierte que no se puede combatir el narcotráfico "si se ignoran y no se solucionan las dificultades económicas de la población". Eso es así, añade, porque se ha comprobado que los narcotraficantes disponen "de un porcentaje significativo de mano de obra desocupada". En otras palabras, "la franja de pobres es inducida a la realización de actividades delictivas".

Para dar un solo dato: en los últimos 10 años hubo 8 gobernadores y decenas de ministros a raíz de una cíclica inestabilidad institucional respecto de la cual se mezclaron factores como corrupción, abusos, falta de previsión en la administración de la cosa pública, desinversión y, sumado a ello, las consecuencias que produjo la descarnada globalización en las economías regionales.

Si bien para los jujeños las causas de las crisis son diversas, ninguno duda en relacionar la pobreza y el desempleo con la corrupción y con la mala administración pública.

Francisca Sajama, una vendedora ambulante, echa la culpa "a los políticos; ellos me dejaron así". Yafirma que está fuera del mercado laboral. Como sucede con esta mujer, sucede con miles de jujeños desocupados: el típico comercio informal que vive en la frontera de la legitimidad (fuera de la DGI o de Rentas) es un dato de la realidad que prolifera en ferias de todo tipo, clase y condición.

Dentro de este cuadro hay dos industrias con claras dificultades y en convocatoria de acreedores. Una de ellas es Aceros Zapla, en la ciudad de Palpalá, cuyos 700 trabajadores penden de un hilo respecto de su futuro.

Otra es el ingenio azucarero La Esperanza, aledaño a la ciudad de San Pedro, que actualmente tiene administración judicial y unos 2500 trabajadores en época de cosecha. En ambos casos, el futuro es incierto.

Pedro Raúl Noro

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