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Niños pobres en países ricos

Opinión

FLORENCIA

HACE treinta o cuarenta años, muchas sociedades occidentales creían que el crecimiento económico y la voluntad política podrían eliminar la pobreza infantil en sus países en el término aproximado de una generación. Ahora, creemos... ¿qué creemos? ¿Que las nuevas economías y la globalización imponen a nuestras sociedades una desigualdad cada vez mayor? ¿O que lo mejor es dejar que las familias pobres aprendan a valerse por sí solas?

Un informe del Centro de Investigación Innocenti, de Florencia, perteneciente a Unicef, ha reabierto el debate. De él surge que en los 29 Estados miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), unos 47 millones de personas menores de 18 años viven por debajo de los umbrales de pobreza nacionales. En otras palabras, en las sociedades que producen más del 66 por ciento de la riqueza mundial, uno de cada seis niños o adolescentes es pobre.

El mensaje central es que muchas sociedades occidentales encaran el problema desde un ángulo totalmente equivocado. El dinero se gastará, de un modo u otro. Simplemente, tenemos que decidir si lo gastaremos ahora en programas sociales que procuren asegurar a todos los niños un buen arranque en la vida o si, dentro de una década, lo gastaremos en abordar los altos niveles de maternidad precoz, drogadicción y criminalidad.

El informe parte de dos definiciones de la pobreza:

  • Relativa: incluye a los niños que viven en hogares cuyos ingresos están un 50 por ciento por debajo de la media nacional. Esta medición refleja la desigualdad interna pero, dados los diferentes niveles de producto bruto nacional, no capta las diferencias entre países. Por ejemplo, a igual nivel de ingresos, un niño norteamericano puede considerarse pobre y uno polaco no.
  • Absoluta: se basa en el umbral de pobreza oficial de los Estados Unidos, convertido a las monedas nacionales y ajustado a los precios nacionales.

En general, los países de habla inglesa hacen mal papel. Tomando en cuenta toda la población menor de 18 años, los Estados Unidos tienen un índice de pobreza relativa del 22,4 por ciento, y Canadá, del 15,5. En pobreza absoluta, pasan a la franja intermedia y se acercan a Alemania, con índices del 13,9 y 9,5 por ciento, respectivamente. En el Grupo de los Siete, la mejor posición corresponde a Francia, que hace poco alcanzó el primer puesto en las clasificaciones globales sobre cuidado de la salud.

Más que señalar con el dedo los malos desempeños, el informe examina los antecedentes de las seis naciones europeas que ocupan los primeros puestos en ambas tablas: Suecia, Finlandia, Dinamarca, Noruega, Luxemburgo y Bélgica. Y sostiene el papel clave de la pobreza relativa.

Falsas suposiciones

"Es un indicador crucial porque refleja el grado de desventaja que el niño siente en su vida: en la educación, en las oportunidades, en poder compartir algunas cosas buenas de la vida -dice el economista John Micklewright, coautor del informe-. Es cierto que algunos niños superan esta desventaja, pero son casos excepcionales. Para muchos, este comienzo desigual, percibido a diario y, a menudo, prolongado por años, conduce a la pérdida de autoestima, a la frustración y a la rebelión. En última instancia, resulta afectada la calidad de vida de todos nosotros."

El informe apunta a refutar algunas suposiciones comunes:

  • "Si ingresaran menos mujeres en la fuerza laboral, se reduciría la pobreza infantil." Las investigaciones efectuadas en los países nórdicos muestran un fuerte nexo entre un alto índice de ocupación femenina y un bajo índice de pobreza infantil. Estos países centran su atención en ayudar a que la gente tenga un trabajo remunerado, poniendo énfasis en la igualdad de géneros y la combinación del trabajo con la crianza de los hijos. Han mantenido índices de pobreza infantil de alrededor del 5 por ciento, aun en tiempos difíciles.
  • "El problema básico son las familias uniparentales." Es obvio que el niño que convive con un solo progenitor, ya sea trabajador o desocupado, tiene más probabilidades de ser pobre que el que vive en un hogar con dos fuentes de ingresos. No obstante, es una cuestión compleja: mucho depende del nivel de ingresos (sueldo o subsidio) de la familia uniparental. Suecia tiene el porcentaje más alto (21,3) de niños pertenecientes a familias uniparentales, pero su índice de pobreza relativa es el más bajo (2,6). En términos estadísticos, estas familias constituyen una parte relativamente pequeña del total. En el cuadro general, importa mucho más la pobreza en las familias biparentales. Canadá y Finlandia tienen aproximadamente un 12 por ciento de niños en hogares uniparentales, pero el índice general de pobreza infantil canadiense triplica el finlandés.
  • "Las cifras de ocupación adulta son buenos indicadores de los niveles de pobreza infantil." Depende de quién esté desocupado. El nivel de desocupación español duplica al británico; sin embargo, el índice de pobreza infantil es muy inferior. España tiene muchos adultos jóvenes sin trabajo que aún viven con sus padres.
  • "Tarde o temprano, el crecimiento económico mata la pobreza." En el último medio siglo, la mayoría de los países ricos han duplicado y cuadruplicado sus ingresos nacionales, pero las crecientes disparidades en los ingresos dejan estancados a muchos pobres. Ni siquiera la creación de puestos de trabajo ayudará a resolver el problema, si los salarios mínimos son muy bajos o si los nuevos empleos son inadecuados para las familias pobres. A medida que los ricos se enriquecen aún más, aumenta el ingreso familiar medio, pero también pueden aumentar los índices de pobreza. Por consiguiente, las metas económicas deben ir acompañadas de objetivos sociales.

El verdadero problema

¿Las sociedades nórdicas son un caso excepcional o la voluntad política puede poner fin a la pobreza infantil en un gran país industrial? En Gran Bretaña, el índice de pobreza infantil relativa se triplicó en veinte años, al ensancharse la brecha en los ingresos. En 1999, el primer ministro Tony Blair declaró que la "misión histórica" de su gobierno era acabar con la pobreza infantil para 2020. Las investigaciones preliminares del Centro Innocenti confirman que, si Gran Bretaña mantiene sus políticas actuales, ya en abril de 2002 sacará de la pobreza a un primer grupo de alrededor de un millón de niños.

De ocurrir esto, quedará al descubierto la (para mí) verdadera naturaleza del problema: la pobreza infantil no es un subproducto inevitable del progreso económico moderno, sino el resultado de una falta de voluntad política y de sentido común. © LA NACION

Traducción de Zoraida J. Valcárcel .

El autor fue funcionario de Unicef
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