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Lunes 31 de julio de 2000 | Publicado en edición impresa

Crónicas del país: Puerto Lobos, Chubut

Vieja disputa por una playa patagónica

Son cinco kilómetros cuadrados de arena y médanos desolados situados bajo el paralelo 42, por los que pugnan dos provincias

 
 
 

PUERTO LOBOS, Chubut.- Esta pequeña playa desolada, de cinco kilómetros cuadrados de arena y médanos bajo el paralelo 42, al norte de la península de Valdés, se ha convertido en el nudo central de una cuestión de límites entre Chubut y Río Negro.

Cada una de las provincias la reclama como propia, y lo que fue el pueblo, hoy un caserío abandonado del que sólo quedan tres tumbas herrumbradas y el esqueleto de un hotel frente al mar, parece morir por segunda vez en medio de la disputa.

Aquí ya no hay nada más que ocasionales pescadores furtivos, ballenas que llegan a la playa a hacer su show para nadie y flamencos que se bañan en la ría. Antes, sin embargo, las cosas fueron distintas: Puerto Lobos tenía su juzgado de paz, su estación del Automóvil Club, una escuela, el correo, la comisaría y un muelle de madera que se llevó el mar, donde se embarcaban los fardos de lana que iban a San Antonio Oeste.

Pero en 1958 llegó el progreso, se construyó la ruta 3, a 20 kilómetros de la costa, y las 40 personas que vivían en el pueblo lo fueron vaciando lentamente antes de quedar aisladas. Durante ese éxodo, a ninguno se le ocurrió que alguna vez, cuatro décadas más tarde, Puerto Lobos podría dejar de ser chubutense.

Para que eso ocurriera tuvo que suceder lo que en verdad sucedió: que un paralelo mítico se "corriera" hacia el Sur y le diera a Río Negro pie para su reclamo.

Bendito paralelo

¿Cómo se puede "correr" un paralelo? Estrictamente, de ninguna manera.

"Lo que pasa es que estos límites se habían fijado a fines del siglo XIX, demarcados con los métodos disponibles entonces, y ahora se fijan con posiciones satelitales que permiten una mayor precisión", dice el ingeniero Juan Carlos Usandivaras, de la Universidad de La Plata.

Usandivaras es geodesta y geofísico. Lo que explica es que el paralelo no se ha movido de su sitio, naturalmente, sino que hoy puede ser señalizado en la superficie terrestre con mayor justeza, y que la nueva señalización tiene diferencias con las anteriores. Quizá lo que antes se creía que estaba al Norte en realidad está al Sur, y viceversa.

"Antes los puntos se fijaban con el teodolito y la observación astronómica, y hoy disponemos de 24 satélites en órbita a 30 mil metros, que van dando las posiciones. Pero tampoco estas posiciones serán las definitivas: son perfectibles y se podrán ir corrigiendo con el tiempo."

Las posiciones que sirven para marcar límites son puntos en la geografía que se expresan en grados de latitud y longitud. "Pero un límite es una cuestión jurídica, y un paralelo una línea geodésica. La pregunta que hay que hacerse es: ¿se pueden estar cambiando los límites entre las provincias o las naciones cada vez que la ciencia de la geodesia avance?"

Razones sentimentales

"A mí no me importan nada estas cuestiones. Para mí, y para todos los que vivimos en el pueblo, Puerto Lobos es chubutense."

La sentencia, más emocional que científica, corresponde a Sara Sucunsa, de 78 años, que fue una de las primeras pobladoras del lugar. Cuando el pueblo empezó a extinguirse, la señora Sucunsa se fue, pero no muy lejos: hoy vive con su hija en la entrada al viejo puerto, sobre la ruta 3, a 22 kilómetros de donde estaba su primera casa.

Recuerda los bailes y las fiestas junto al mar, los casamientos en el juzgado de paz y el pase, cada año, de los legendarios grandes premios de Turismo de Carretera. También recuerda el incendio del hotel, que era de chapa y madera, y cómo fue reconstruido por Generosa Machinea y su esposo, "los abuelos o los tíos, ya no sé, del actual ministro de Economía".

"Entre 1916, cuando fue fundado, y 1958, cuando se lo abandonó, Puerto Lobos era el único parador en el camino que iba de San Antonio Oeste a Puerto Madryn", dice Sara Sucunsa. "Había movimiento todo el año, los ómnibus paraban ahí, las barcazas llegaban a cargar lana y la cadena que cortaba el camino marcando el paralelo 42 estaba frente a la comisaría. Eso siempre fue de Chubut. Siempre. Por eso yo no entiendo lo que quieren ahora..."

¿De una o de otra?

¿Qué diferencias, fuera de lo sentimental, puede tener para Puerto Lobos pertenecer a Chubut o a Río Negro?

En lo económico, poca o ninguna: los campos valen lo mismo en un lado y en otro y además están vacíos, las cargas impositivas son similares (500 pesos al año, en total, por una propiedad de 7 mil hectáreas) y la crisis del sector agropecuario y la caída del precio de la lana han pegado duro en las dos provincias.

Y sin embargo...

"Puerto Lobos está sobre una bahía de aguas profundas, donde a seis millas ya hay 90 metros de profundidad y se puede pescar merluza, que en otras costas sólo se consigue a 15 o 20 millas mar adentro. Además está lleno de bancos de vieiras, que se pagan a 120 pesos la bolsa de 40 kilos. Puede ser eso. Ahí puede estar la explicación del reclamo de Río Negro", dice Julio Pesce.

Pesce trabaja para la Dirección de Pesca de Chubut. Desde hace tres semanas vive en una casa rodante junto a la ría, controlando a los pescadores, y al menos tres veces al día camina los mil metros que lo separan de la playa frente al viejo hotel para ver a las ballenas.

Tiene, además, otras hipótesis: "Me han dicho que desde el mar hasta la cordillera, más de 600 kilómetros, a la altura del paralelo hay minas de oro, de plata y de fluorita. A lo mejor eso, también. A lo mejor quieren explotar esas minas", dice, y mira enojado el cartel tras la tranquera con candado que dice "Ministerio de Economía de Río Negro. Prohibida la entrada".

Mapas diferentes

Los mapas no dejan de ser curiosos. Si se mira el de división política, la frontera entre el sur de Río Negro y el norte de Chubut es una línea recta y perfecta que corre bajo (o supuestamente bajo) el paralelo 42. Si se mira, en cambio, el de la Dirección de Catastro e Información Territorial en Rawson, la línea recta se quiebra en decenas de fragmentos que suben y bajan sin ningún orden.

"Esta es la realidad", dice Mabel Alvarez de López mientras señala el plano.

Ella es agrimensora y directora Provincial de Catastro, y lo que muestra es el límite real entre las dos provincias, dado por el dibujo caprichoso de las estancias.

"Las primeras mediciones se hicieron para delimitar las propiedades, y los límites se establecieron a partir de esas mediciones." En el mapa que ella señala, campos rionegrinos entran en Chubut, y estancias chubutenses se internan en Río Negro. "Las diferencias son menores", explica. "Entre el trazado del paralelo que tenemos y los campos "corridos" en uno y otro lado la diferencia nunca llega a los mil metros."

¿Se puede medir todo de nuevo y separar las dos provincias con una línea recta? "Se puede, claro, pero hay que pensar en un trabajo sobrehumano y en unos costos altísimos. Imagínese lo que costaría hacer de nuevo todas las mensuras y las escrituras, que tendrían que pagar los propietarios. Y dentro de tres o cinco años, cuando la geodesia avance, otra vez todo. ¿Y así para siempre...?"

Final de película

Puerto Lobos ya no existe, pero la cuestión limítrofe se extiende sobre él.

Las versiones son tantas como se pueda esperar: que Río Negro quiere explotar desde su territorio el avistaje de ballenas y hacer un Puerto Pirámides propio, que hay ciertas minas en la Sierra del Medio donde se habrían hallado grandes yacimientos de oro y uranio, que el conflicto no existe y lo inventaron los gobiernos provinciales, sacudidos por la crisis.

Si ésta fuera una película de intrigas, ahora estaríamos viendo un plano abierto con el pueblo fantasma desperezándose junto a la playa. Si alguna vez fue próspero, hoy apenas es bello. El día es diáfano y el mar es azul; el sonido de fondo es el ruido de las olas y los chillidos de las gaviotas. Las ballenas juguetean a metros de la costa, tras la arena gruesa que va formando un piletón a lo largo de la bahía.

Poco a poco el plano se va cerrando, hasta centrarse en una mano que muestra un pequeño aparato negro con forma de control remoto o teléfono celular. En una pantalla de cristal líquido aparecen números y signos. El aparato es un GPS, pequeña estación geodésica satelital que sirve para medir sin errores una posición determinada en grados de latitud y longitud.

Primerísimo plano de la pantalla. Los números y los signos parpadean unos segundos hasta definirse, y acaban por ubicar inequívocamente a Puerto Lobos en relación con el paralelo 42.

Y entonces, justo en ese momento, la imagen empieza a borrarse y sobreimprimen los títulos.

¿Importará tanto, después de todo, saber si Puerto Lobos está unos metros más al Norte o más al Sur? .

Por Jorge Camarasa
Enviado especial
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