A tres años del nacimiento de la coalición
La Alianza, después de su Normandía
La fuerza integrada por la UCR y el Frepaso sufrió redefiniciones, pero sus socios no han adquirido una identidad común
En los febriles días de la transición presidencial, un dirigente con acceso al piso 19 del Hotel Panamericano, en el que Fernando de la Rúa armaba su gabinete, imaginó una figura dramática para el período que se aproximaba, la llegada al Gobierno.
Lo que venía, dijo, sería como el desembarco en Normandía: los primeros soldados en pisar la playa caerían bajo las ráfagas de las metrallas enemigas, dejando un tendal sobre la arena. Serían los batallones que llegaran después los que ganarían la batalla.
La Alianza, en efecto, tuvo su Normandía: en los meses que lleva en el Gobierno, hubo figuras que cayeron, otras que subieron y unas cuantas redefiniciones.
A tres años de su fundación, la coalición prácticamente no se ha ampliado hacia el interior del país (como lamentó recientemente el jefe de Gabinete, Rodolfo Terragno) y sus miembros, radicales y frepasistas, no han adquirido una identidad común. Sin embargo, las mediciones de los encuestadores del oficialismo muestran que la "marca Alianza" conserva su vigor, muy por encima del peronismo.
Con ese dato (los últimos números de la encuestadora Analogías la muestran 14 puntos por encima del PJ en el nivel nacional), la Alianza se concentra ahora en su próxima batalla: si la primera fue llegar al Gobierno y la segunda ocupar los espacios de poder, la que se aproxima es por montarse sobre la marca Alianza para copar el Senado el año próximo.
Pero pasó Normandía
En el Frepaso, que atravesó el trance más traumático, los principales heridos fueron, en distinto grado, sus dos dirigentes más populares desde la fundación de la fuerza. Graciela Fernández Meijide había perdido dos elecciones consecutivas (la interna por la candidatura presidencial y la gobernación de Buenos Aires) cuando se convirtió en ministra de Desarrollo Social. La denuncia contra su cuñado, que desde la intervención en el PAMI supuestamente favoreció a su esposa, prestadora de la obra social, terminó de hacer añicos su imagen pública. Su popularidad está por el piso, según las encuestas conocidas (también las del oficialismo, confirmó un funcionario que tuvo acceso a ellas: no llega a los dos dígitos).
Carlos "Chacho" Alvarez, el líder político del Frepaso, se ató a la suerte de De la Rúa contra el reclamo de sus bases. El shock que causó en el Frepaso su apoyo sin fisuras al Presidente quedó en carne viva cuando una decena de diputados oficialistas, casi todos del Frepaso, participó hace un par de meses de una marcha en contra de la política económica del Gobierno. Desde entonces actúan casi como un subbloque.
Alvarez ha dejado, por ahora, de recorrer el país para ampliar el Frepaso, como hizo en mayo último al volar hasta Río Negro para bendecir la llegada a su partido del intendente de Cipolletti, en quien ha puesto fichas como próximo gobernador. Aunque maneja las intendencias de tres partidos del conurbano; de la ciudad de La Banda, en Santiago del Estero, y de Rosario (en la figura de un socialista), el Frepaso sigue siendo casi inexistente en la mayoría de las provincias.
Sorpresivamente, Aníbal Ibarra, el dirigente más popular (en su distrito) del Frepaso recuperó el espíritu original de esa fuerza en la Capital Federal y su proyecto está acotado a la ciudad, como ocurrió con el Frepaso en su nacimiento y consolidación. Asumirá la Jefatura de Gobierno cinco días después de este aniversario de la Alianza.
Situación en la UCR
El radicalismo, por su parte, ha quedado prácticamente afuera del Gobierno, con la excepción del grupo representado en el Ministerio del Interior por Federico Storani. El partido se aglutinó alrededor de Raúl Alfonsín, quien se ha convertido en la voz crítica de mayor peso en el oficialismo. "Cree que el Gobierno es muy lento, que faltan políticas sociales y de activación de la economía", insisten cerca del ex presidente, que se ganó un reproche de De la Rúa por haber dicho lo primero en público. Alfonsín considera que "no hay espadas alfonsinistas" en el Gobierno.
Sin poder en la administración nacional, el partido aspira a quedarse con todos los cargos legislativos que le sea posible en las elecciones del año próximo.
Un dirigente radical que participa del "equipo 2001", como se autodenominó el grupo de campaña que ya inauguró la Alianza, explicó que las mayores dificultades del armado del mapa 2001 -candidatos a senadores y diputados- es "la interna radical".
El delarruismo también ha cambiado. En su interior se consolidan los jóvenes por sobre la vieja guardia delarruista, que ha tenido sus dificultades. Por razones ideológicas, Fernando de Santibañes es el miembro más cuestionado del Gobierno; Nicolás Gallo está por perder una batalla con la apertura de las telecomunicaciones, por nombrar sólo a dos de los mejores amigos del Presidente.
Conocidos como "grupo sushi" (por invención de la revista Noticias), articulados alrededor de Antonio, el hijo del Presidente, los jóvenes han crecido en influencia y poder, infiltrados en zonas clave del Gobierno. Formaron hace ya varios meses el "equipo 2001" y recorren el país diseñando las candidaturas para el año próximo (acaban de sumar a Storani, a Rafael Pascual y a Alberto Flamarique).
La coalición aspira a ganar, en el mejor de los casos, la mitad de los senadores que poblarán la renovada Cámara, pero para eso deberán lograr que la "marca Alianza" conserve su popularidad. .
Por Graciela MochkofskyDe la Redacción de La Nación
