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Mesurada Pasión de J. S. Bach

Pasión según San Mateo, de J. S. Bach, BWV 244, (sobre capítulos 26 y 27 del Evangelio según San Mateo y libro de Christian F. Henrici "Picander"), por la Orquesta Sinfónica Nacional (director titular, P. I. Calderón), Coro Polifónico Nacional preparado por su titular, Carlos López Puccio, y Coro Nacional de Niños, preparado por su directora, Vilma Gorini de Teseo. Solistas principales: Hans-Jürg Rickenbacher (evangelista), Adriana Fernández (soprano), Bernarda Fink (contralto), Marcus Ullmann (tenor), Marcos Fink (Jesús) y Víctor Torres (bajo y Poncio Pilatos). Dirección: Michel Corboz. Presenta la Orquesta Sinfónica Nacional en colaboración con la Asociación Festivales Musicales de Buenos Aires. En el Auditorio de Belgrano. Nuestra opinión: Muy bueno

Sábado 05 de agosto de 2000

Frente a lo inefable, toda palabra suena vana, exigua, insignificante.

Muchas veces la música de Bach nos coloca de cara a lo inexpresable.

Tal el caso de la Pasión según San Mateo, obra cumbre, por su grandiosidad, elocuencia, unción religiosa y sorprendente vigencia, de la música sacra de todos los tiempos.

La musicología podrá desmenuzarla de mil modos y con diversa erudición. Pero ¿cómo referir, explicar, adentrarse en las profundidades de la simbiosis perfecta entre la dramática narración bíblica a cargo del evangelista, el lirismo piadoso y entrañable de las arias y los recitativos ariosos en las voces solistas, la mística de esos himnos transidos de emoción que son los corales armonizados magistralmente por Bach, y la impresionante monumentalidad de los dobles coros, como ese inicial de "Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen!" (Ayudadme, hijas mías, a llorarlo), con su conmovedora melodía cantada por los los niños, "O Lamm Gottes..." (Cordero inocente); el de lacerante belleza que cierra la primera parte de esta Pasión "O Mensch, bewein´ dein´ Sünde gros" (Oh, tú, que lloras sin cesar) y el final de la obra, también doble coro en tiempo de sarabanda, significativo de la dulce muerte según el sentimiento luterano, escrito en tonalidad mayor?

La historia de la pasión, crucifixión y muerte de Jesús según el evangelista Mateo ha conmovido tanto al Bach creador, que no solamente compuso la genial partitura e intervino activamente en la elaboración del libro que encomendó a Picander, sino que hasta pocos años antes de su muerte revisó su obra, intuyendo quizá la magnitud y trascendencia del legado maravilloso que ofrecía a la humanidad.

La versión de Corboz

La discografía existente nos suele precipitar inexorablemente en las odiosas comparaciones, sobre todo cuando se trata de obras maestras. La Pasión según San Mateo ha recibido diferentes tratamientos interpretativos, según se trate de versiones históricas o revisiones contemporáneas.

Quien ha podido disfrutar de aquellas magníficas traducciones corales de cuarenta años atrás, difícilmente podrá sentirse conmovido frente a los nuevos enfoques sobre la música sacra de Bach. Es que los tempi de otrora, en las Pasiones, parecían hundirse más en el misterio del Gólgota y convocaban a profundizarlo con mirada minuciosa y pulso moroso, atento a la gravedad del tema.

La concepción de Corboz, en cambio, pareciera adherirse a las nuevas visiones bachianas en cuanto a la aligeración, en general, de esos tempi. Lo comprobamos ya en el doble coro inicial, donde el maestro Corboz sigue -tal vez por haber interpretado unas cien veces esta Pasión o quizá por saberlo- la sugerencia de Albert Schweitzer:"Para interpretar este trozo tal como fue concebido por Bach hay que tomar el movimiento considerablemente más rápido de lo que se hace de ordinario, apoyar con fuerza el staccato..."

Lo propio ocurrirá en el doble coro final "Wie setzen uns mi Tränen nieder" (Velámosle llorando, tristes), como sucede antes en el coral (número 16) "Ich bin´s ich sollte büssen" (Yo soy el vil culpable), en el clásico coral (número 21, repetido en el 23 y en otros tramos) "Erkenne mich, mein Hüter" (Señor, yo soy tu siervo) y demás.

No obstante hay tramos corales, como el número 35, que cierra la primera parte, donde, pese a la liviandad del ritmo no se menoscaba la belleza y la unción. Y otros, como el coral 49 "Bich ich gleich von dir gewichen" (Si de tí mi pie se aleja) donde la devoción y la delicadeza conforman una trama maravillosa, y también en el 72 "Wenn ich einmal soll scheiden" (Señor, cuando la hora me llegue). Tales aceleraciones del pulso no alcanzan a diluir notoriamente el clima de devoción que impregna la obra. Así se tornan elocuentes en el dramatismo de la segunda parte de esta Pasión, sobre todo con la irrupción de personajes como Caifás, Pedro y las criadas, Pilatos y la turba alucinada.

La Orquesta Sinfónica ha conquistado un nuevo lauro al internarse con la autorizada batuta de Corboz en el universo de Bach. El coro preparado por el flamante director López Puccio ha dado su primer examen con felicitado, tanto por su cohesión y excelentes ensambles, como por su ductilidad en la plasmación del estilo. También los niños ratificaron su excelente preparación.

Entre los solistas cabe resaltar la labor de Hans-Jürg Rickenbacher como expresivo evangelista, Bernarda Fink por la impecable calidad vocal y la emoción transmitida, y Marcos Fink por un Jesús imponente y conmovedor.

El canto de Adriana Fernández fue creciendo en la asimilación del estilo y en piedad. Marcus Ullmann, con voz pequeña, cumplió con dignidad su rol de tenor. En cuanto a Víctor Torres se acercó tentativamente (sin dar en las notas graves) a su papel de bajo y de Pilatos, superándose en uno de los pasajes más atrapantes: la hermosísima aria final "Mache dich, mein Herze rein" (Purifícate, corazón mío).

Michel Corboz nos ha entregado una visión respetable, digna y despojada de sobrecarga emotiva de este monumento sonoro.

René Vargas Vera

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