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El nuevo buque de la Armada hizo su primer viaje oficial

Información general

El ARA Patagonia unió Buenos Aires y Puerto Belgrano

A BORDO DEL ARA PATAGONIA.- Zarpó y la Dársena Norte fue pronto un manchón de Buenos Aires. Poco después, liberado del remolcador, el buque se inclinó y entonces, a través del ventanal del puente de mando, las miradas encontraron un horizonte diagonal.

"Estribor 1-0-5", había dicho el comandante en la primera orden del primer viaje oficial del Patagonia, el nuevo buque logístico de la Armada Argentina. No iba solo: junto con él habían zarpado el destructor Heroína y las corbetas Granville, Parker y Guerrico. La flota ya se deslizaba completa por el canal, en fila, rumbo al mar.

El destino era la base naval de Puerto Belgrano, en Punta Alta, al sur de la provincia de Buenos Aires, el lugar donde el Patagonia volvió a la vida: allí lo repararon tras ser adquirido a la armada francesa, hace dos años. Y el 12 de julio último fue incorporado oficialmente a la Flota de Mar, luego de una ceremonia en el Apostadero Naval Buenos Aires.

"Este es un buque clave para la Armada porque implica tener capacidad logística móvil: podremos abastecer de combustible, víveres y municiones a toda una flota. Ya verá mañana en qué consisten las maniobras", dijo el capitán de fragata Alvaro Manuel González Lonzieme, comandante del Patagonia, mientras miraba desde el puente de mando las balizas del canal.

La vida a bordo

Para llegar desde allí hasta el camarote asignado hubo que atravesar una serie infinita de escalerillas empinadas, que se redujeron a cuatro cuando el desconcierto se esfumó. Eran dos habitáculos amplios: la antesala, con mesa, sillas y un juego de living, y el dormitorio, con doce camas distribuidas en cuatro cuchetas. Las comodidades incluían un cuarto de duchas, pues el camarote estaba previsto como alojamiento del personal femenino.

"Las damas serán bienvenidas -exclamó el suboficial segundo José María Romero mientras redactaba un informe en la mesa del recibidor-. Eso sí, deberíamos cambiar la mentalidad machista, que nos hace tratarlas como si tuvieran privilegios."

A media tarde, cuando todavía no se había alcanzado el mar abierto, se hicieron las pruebas del sistema de protección antiquímico-bacteriológico-nuclear, que no es otra cosa que rocío de agua lanzado sobre el buque por decenas de pulverizadores. Aunque el líquido ayuda a eliminar las partículas nocivas, el proceso se complementa con el cierre hermético de todas las aberturas de la nave.

Un rato después, el jefe de Control de Averías se presentó en el puente; el agua brillaba en su piloto y en su cara: "Solicito permiso para informar al señor comandante". La venia fue inmediata y el marino continuó: "Hay varias cañerías oxidadas, pero ya están identificadas. Las demás funcionan a las mil maravillas".

Con la llegada de la noche se aplacarían los rostros y las voces. Luego de la cena y después de la charla, sólo quedó escuchar un partido de la selección argentina de fútbol o ver una película, de guerra, claro. Hasta que dieron las diez y los parlantes bramaron: "Silencio. Silencio. Silencio..."

Los atributos del Patagonia

El amanecer encontró al Patagonia entre las corbetas y el destructor, una ubicación que le es natural: "Como no tenemos sistemas defensivos, los demás deben protegernos", explicó el capitán de corbeta Ricardo Gómez, un apasionado por el océano que decidió hacerse marino en Chaquiago, Catamarca, sin haber visto más agua que la que junta la lluvia.

Al lado, con los brazos cruzados sobre el barandal de la cubierta, el suboficial principal José Palomo se extasiaba con las toninas que daban brincos alrededor del buque. Y vio un signo: "Tonina que mucho salta, la calma espanta. Habrá tormenta".

No la hubo, pero el mar se mostró agitado durante toda la mañana. Eso no impidió que se iniciaran las prácticas de reabastecimiento de combustible: la corbeta Guerrico, ya pronta, se deslizaba a la par del Patagonia. "Será una de las primeras experiencias con este buque, aunque conocemos la tecnología desde que participamos en el operativo Unitas", comentó el comandante.

La primera etapa se cumplió con normalidad. Con un fusil FAL se lanzó una soga hacia la proa de la corbeta; allí los marineros la atraparon y ataron otra cuerda en el extremo. Por fin, desde el Patagonia recogieron la guía original hasta que apareció la nueva. "Como ve, el cable tiene banderines cada cinco metros: así, con un golpe de vista, medimos la distancia entre los buques", explicó el capitán Gómez.

Un procedimiento similar en el centro de las naves las hubiera conectado mediante un grueso cable de acero, por donde girarían las roldanas de la manguera. Pero el mar estaba picado y nadie en la corbeta podía mantenerse en pie; su comandante lo advirtió: "¡El agua está barriendo la cubierta, no quiero perder a nadie!", gritó por el megáfono.

La operación debió suspenderse hasta el día siguiente, pero las prácticas militares continuaron.Esa noche, el cielo se iluminó con tres bengalas y los rayos colorados que lanzaron las corbetas: "Balas trazadoras, 40 milímetros", explicó el capitán de corbeta Alfredo Blanco, segundo comandante del Patagonia.

La última jornada de navegación comenzó a las siete de la mañana, cuando tronaron los parlantes: "Diana. Diana. Diana". Al rato llegó el helicóptero que transportaba al contralmirante Alberto Pico, comandante de Operaciones Navales, y al contralmirante Julio Vara, comandante de la Flota de Mar.

Se iniciaron las maniobras y pudieron terminarse. Sólo faltaba llegar a puerto. Por eso todos se arrimaron a las duchas.

Mejorará la autonomía de la flota

El ARA Patagonia permitirá mejorar notablemente la autonomía de la flota de la Armada en alta mar: sin este buque logístico, una formación de seis naves no podía estar más que nueve días en el mar; con él, puede mantenerse 60 días sin necesidad de volver a tierra.

El buque está tripulado por 164 efectivos y tiene 157,80 metros de eslora, con una autonomía de víveres de 45 días. Su capacidad de carga incluye 8400 toneladas de combustible, 140 toneladas de agua destilada, 170 toneladas de provisiones, 150 toneladas de municiones y 50 toneladas de repuestos.

La embarcación puede suministrar combustible y provisiones a cuatro buques al mismo tiempo, dos de cada lado, y, en casos extremos, a otro por popa. Además cuenta con quirófano, consultorios médicos y odontológicos, una cama ortopédica y una sala de internación.

Padrino francés

Rebautizado Patagonia en la Argentina, el nombre de este buque era Durance para los franceses. Es que su tradición naval indica que las naves deben tener nombres vinculados con la geografía del país. Como Durance es un río, se decidió que el padrino fuera el alcalde de alguna población atravesada por aquél.

Esa persona fue Paul Dijoud, el actual embajador francés en la Argentina, que se emocionó al reencontrarse con el buque en la ceremonia de incorporación a la Armada Argentina, el 12 de julio último. .

Pablo Guercovich
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