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Abren un sitio histórico cerrado durante 300 años

Cultura

Un espacio de la iglesia de San Ignacio se convertirá en museo

La Manzana de las Luces, paseo obligado en los recorridos turísticos de la ciudad de Buenos Aires, siempre tiene algún secreto por exhibir.

A partir de los últimos días de junio, el público podrá visitar un espacio que permaneció cerrado durante más de tres siglos: se trata de una de las dos galerías altas de la iglesia de San Ignacio, la más antigua de esta capital, emplazada en la esquina de Bolívar y Alsina. Comenzó a edificarse en 1661 y su construcción actual se completó en 1722.

El lugar, desde donde se puede gozar de una visión privilegiada del templo, fue restaurado para convertirse en una suerte de pequeño museo. Allí se presentará una colección de obras sobre este sitial histórico, realizadas por artistas plásticos argentinos. Además, se expondrán doce piezas que sobrevivieron a la quema de la iglesia en 1955 y que fueron recuperadas por especialistas.

Las nuevas obras de restauración que emprendió la Dirección Nacional de Patrimonio, Museos y Arte en conjunto con el Instituto de Investigaciones Históricas de la Manzana de las Luces, constituyen un llamado de atención sobre el avanzado deterioro del histórico edificio y sus imágenes. Según los impulsores del proyecto, se necesitaría más de un millón de pesos para una refacción completa de la construcción.

"Con esto queremos resaltar los valores y las significaciones del templo y provocar la restauración definitiva del edificio", sostuvo Liliana Barela, directora nacional de Patrimonio. responsable de las obras.

"La idea es convocar a empresarios o inversores. Es un horror que no se haya restaurado una iglesia de esta magnitud", comentó Marcela Garrido, presidenta del Instituto de Investigaciones Históricas.

La restauración

Las obras y piezas recuperadas fueron realizadas entre 1750 y 1850 y se encontraban almacenadas tras el deterioro que sufrieron en junio de 1955. En esa ocasión, tras las medidas que adoptó Juan Domingo Perón para separar la Iglesia del Estado, varios templos de la ciudad fueron saqueados e incendiados. Entre las llamas, la iglesia de San Ignacio perdió obras de arte, reliquias y la totalidad de sus archivos.

Entre las doce piezas trabajadas por la restauradora Cristina Lancellotti se encuentra una imagen de San Felipe Neri de 1805, a la que le falta la mano que sostenía una cruz. También hay partes del antealtar y fragmentos de retablos.

"El objetivo fue recuperar estas piezas como monumentos históricos, como documentos que la gente pueda interpretar. Es una restauración más arqueológica que ilusionista", especificó Lancellotti.

La Manzana de las Luces, como se conoce al emplazamiento original de la orden jesuita en Buenos Aires, está delimitada por las calles Bolívar, Moreno, Perú y Alsina, en el centro histórico y fundacional de esta ciudad.

La construcción de la iglesia comenzó en 1661 de la mano de la orden jesuita, fundada por San Ignacio de Loyola y asentada en la región 50 años antes. Según se estima, los trabajos de edificación finalizaron en 1675, pero su forma actual proviene de las construcciones llevadas a cabo entre 1712 y 1722 por Juan Kraus, arquitecto alemán y miembro de la orden.

El templo fue consagrado en 1734 por el entonces obispo de Paraguay, fray José Palos. Desde entonces, fue testigo privilegiado de los grandes momentos históricos de la vida colonial y moderna, desde las invasiones inglesas hasta las quemas del 55. En 1942, la iglesia fue declarada monumento histórico nacional.

Además de la iglesia, la Manzana incluye también a los colegios Nacional y San Ignacio. Sus túneles subterráneos o los edificios donde años atrás funcionaron la Universidad de Buenos Aires y la Legislatura porteña son recorridos todos los fines de semana en las visitas guiadas que organiza el instituto.

"Alguna vez me han dicho que es la iglesia más compleja de Buenos Aires, por su diversidad de visitantes. Aquí vienen desde turistas hasta estudiantes de arquitectura, pero lo importante es que, además de ser un gran museo, es una realidad viviente", contó Francisco Delamer, que desde hace más de cinco años es el párroco de la iglesia. .

Ignacio Buquete
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