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La balsa Atlantis descansa en un museo en la ciudad de Dolores

Información general

En 1984 cruzó el océano Atlántico; permanecía en un astillero en Mar del Plata

MAR DEL PLATA.- Ilógico, paradójico, toda una ironía. La balsa Atlantis, la misma con la que en 1984 un grupo de aventureros marplatenses cruzó el océano Atlántico en una travesía de casi dos meses, descansa ahora en Dolores, donde será la máxima atracción de un parque temático que su ciudad de origen jamás le pudo ofrecer.

Como último homenaje, sus propietarios la pasearon por última vez frente al mismo mar sobre el que demostró su aptitud ante condiciones adversas. La llevaron desde el puerto local, por todo el circuito costero, hasta el obligado desvío hacia la ruta 2.

En la despedida, varios vehículos acompañaron con bocinazos y banderas argentinas el camión que transportó esta embarcación construida íntegramente con troncos, cañas y sogas de selvas septentrionales.

"Nos la llevamos con el dolor de tener que dejarla fuera de Mar del Plata, pero con el orgullo de saber que hubo quienes se preocuparon y le darán un lugar para que perdure para las próximas generaciones", señaló Horacio Giaccaglia, que durante aquella gesta fue el cocinero de la tripulación.

Alfredo Barragán, quien allá por 1980 propuso a sus amigos la travesía, buscó un argumento que lo conformara, al menos personalmente. "Se va a Dolores -dijo-, que es en donde yo estaba cuando se me ocurrió esto de cruzar el océano en balsa."

Además de Barragán y de Giaccaglia, asumieron el desafío Jorge Iriberri, Daniel Magariños y Félix Arrieta, este último un camarógrafo que registró en cintas de video todo el viaje. El material ha recorrido el mundo como testimonio del lema que los marinos se impusieron antes de aquella partida: "Que el hombre sepa que el hombre puede".

La balsa Atlantis partió el 22 de mayo de 1984 desde el puerto de Santa Cruz de Tenerife, en las islas Canarias. Allí inició un recorrido por el océano Atlántico que demandó 52 días de navegación hasta volver a tocar tierra, el 12 de julio, en Caracas, Venezuela.

Todo se olvida

El mundo habló de ellos y de la balsa. Y en Mar del Plata fueron recibidos como héroes, tanto que los navegantes y por sobre todo la embarcación se transformaron en un símbolo de la ciudad.

Pero el tiempo pasa y la memoria colectiva se pierde. Tal vez por eso jamás encontraron en los funcionarios municipales una respuesta a las gestiones que tantas veces iniciaron.

"Tuvimos la oportunidad de hacer el Museo del Mar, que iba a estar en plaza España, en la zona de La Perla, pero cuestiones burocráticas y otros motivos nos obligaron a dejar el proyecto en el olvido", recordó Giaccaglia.

Han transcurrido 16 años desde aquella travesía y la balsa Atlantis jamás halló en Mar del Plata un lugar para ser exhibida y admirada.

Por el contrario, apenas consiguió cobijo en el astillero de Federico Contessi, en el corazón del puerto, donde, aun a riesgo de complicar la operatividad de su planta, cedieron un tinglado para guarecerla. Allí mismo fue acondicionada para ser transportada hasta Dolores.

Y si bien la partida iba a ser en silencio, eligieron rendirle a la Atlantis el último homenaje. Sus viejos tripulantes se instalaron en la proa para saludar a la gente, que los despidió con aplausos, quizás sin saber que nunca más la volverán a ver en Mar del Plata.

La balsa, paradójicamente, va a descansar muy lejos del mar. Pero para satisfacción de sus gestores, habrá encontrado un lugar digno donde cumplir su última misión en tierra: ser un símbolo de valentía y optimismo para las próximas generaciones. .

Darío Palavecino
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