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El cirujeo se convierte en trabajo informal

Una investigación de la Universidad Nacional Gral. Sarmiento dice que 100.000 cartoneros operan en el área metropolitana

Domingo 01 de julio de 2001
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LA NACION

Es un ejército de sombras que se desplaza con sigilo antes de que las luces de la ciudad se apaguen por completo. Cada uno avanza con un carro, unas cuantas bolsas, un gancho, una trincheta o algo con qué cortar.

Operan en el centro y en los barrios. Su lema es "abrir, buscar, clasificar, cargar y desaparecer". La penumbra y la indiferencia los hacen invisibles. No pocas veces, la única evidencia de que pasaron por allí son las bolsas de basura despanzurradas de un tajo certero sobre la vereda.

Comercializar lo que otros desechan es el recurso del que se valen muchos para ganarse la vida. Una investigación de la Universidad Nacional General Sarmiento estima que en la región metropolitana trabajan 100.000 cirujas, que en su mayoría proceden del conurbano y operan en la Capital.

En el Gobierno de la Ciudad son más cautos. No hay cifras oficiales, pero manifiestan su preocupación por la expansión de esta actividad y evalúan sistemas alternativos para recolectar los residuos.

Ciruja es la palabra que el lunfardo utiliza, sin reparos en trazar una similitud entre la labor de estos buscavidas y la de los cirujanos, "por aquello de revolver con hierro", explica un diccionario. Como el médico con el bisturí, el ciruja "opera" la basura hasta encontrar algo que le sirva para subsistir. Este oficio, si acaso lo es, creció a la sombra de la ilegalidad -ya que está prohibido por la ordenanza 33.581 y por la ley 10 del Código Contravencional de la ciudad- y de la mano de la necesidad.

Según la investigación que la Universidad Sarmiento realizó durante tres años, casi la mitad de los cirujas son nuevos en el oficio y en su currículum arrastran experiencias como operarios de fábrica, albañiles, vendedores o mozos.

"Es decir que casi el 50% de quienes hoy viven de lo que encuentran en la basura hace cinco años estaban integrados al sistema formal de empleo. Son desocupados devenidos cirujas", explicó Francisco Suárez, el antropólogo que tuvo a cargo el capítulo sobre los circuitos informales de recuperación de residuos.

Tal es el caso de Antonio Matto. Tiene 43 años, una esposa, dos hijos y una casa que mantener. Hace un año lo echaron de la fábrica donde trabajaba como pulidor. "Me presenté en miles de clasificados. Mientras espero que me llamen, hago algo para que mi familia pueda comer", cuenta. Son las 18.30 y él, con su carro, avanza por las calles de Belgrano con las manos renegridas de tanto abrir y cerrar bolsas con basura. Relata cómo fue su primera vez: "Nunca lo había hecho y, con más de 30 años de trabajo, fue un shock. Abrir, revolver, elegir. Pero, aun si es humillante, creo que es más digno que robar", dijo.

Puerta a puerta

Una de las consecuencias de esta actividad, quizá la más visible, es el estado de las calles después del horario de oficinas y hasta que pasa el camión que recoge la basura.

"Buscamos disminuir el tiempo de exposición de los residuos en la vía pública para desalentar el cirujeo -explica Gabriela Faustinelli, directora de Higiene Urbana-. Por eso, en zonas donde se generan muchos residuos, como en Puerto Madero y en la calle Florida, las empresas retiran las bolsas puerta por puerta."

Además de la suciedad, el cirujeo entraña el problema del trabajo infantil. Familias enteras acuden para revolver la basura y encontrar "algo útil". Esta cronista de La Nación abordó el tren del ferrocarril Mitre que sale a las 18.30 de José León Suárez, llamado tren de los cirujas , fletado desde octubre último por TBA como servicio "exclusivo" para quienes viajan con sus carros hasta la Capital. Más de 300 familias, en las que abundan los chicos, lo abordan.

"No tengo con quién dejarlos", explica Alejandra Machado, de 33 años, que subía acompañada por dos de sus seis hijos. Hasta hace dos años trabajaba como costurera. "Pero se acabó y ahora tenemos que salir todos para juntar 300 pesos para el mes", dice.

La preocupación por el trabajo de los menores, en condiciones insalubres y que muchas veces los obliga a abandonar los estudios, llegó al Ministerio del Trabajo. La Comisión Nacional de Erradicación del Trabajo Infantil, que preside Leandro Halperín, realiza gestiones con el Municipio de San Martín para crear de una guardería nocturna, que abrirá sus puertas en agosto para que los chicos no acompañen sus padres a revolver basura.

"Otra de las iniciativas apunta a que los cartoneros se organicen como un microemprendimento, que tengan seguridad social y que para obtener ese beneficio sea condición que sus hijos no abandonen el sistema educativo", explicó Halperín.

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