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Ejemplar homenaje a Verdi

Sábado 07 de julio de 2001

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, con la dirección de Pedro Ignacio Calderón y la participación del Coro Polifónico Nacional (dirección: López Puccio) y de los siguientes cantantes: Mónica Ferracani (soprano), Alejandra Malvino (mediosoprano), Carlos Vittori (tenor) y Tamás Szüle (bajo). Programa: Misa de Réquiem, de Giuseppe Verdi. En el Auditorio de Belgrano. Nuestra opinión: muy bueno.

La reanudación de los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional en su acostumbrada sala del Auditorio de Belgrano atrajo, con la Misa de Réquiem de Verdi, gran cantidad de público que colmó la sala.

La expectativa se vio ampliamente satisfecha por el rendimiento que tuvo la Sinfónica en esta noche especial, con la dirección de su titular, Pedro Ignacio Calderón, así como también el desempeño del Coro Polifónico Nacional, preparado por Carlos López Puccio. La Sinfónica no sólo sonó muy bien, sino que estuvo en todo momento compenetrada con el espíritu de la obra, un fresco emocionalmente rico, de hondos y vigoroso contrastes dramáticos que, si bien no puede ser catalogada como música eclesiástica, sí es música religiosa de conmovedores acentos.

La Sinfónica Nacional volvió a brillar en el ámbito del Auditorio de Belgrano
La Sinfónica Nacional volvió a brillar en el ámbito del Auditorio de Belgrano. Foto: F. Marelli

Compuesta en memoria del eminente poeta italiano Alessandro Manzoni, por quien el compositor de Busseto tenía una admiración rayana en la devoción, esta "Messa de Réquiem" configura un verdadero monumento que enaltece la gloria del compositor. Su escritura orquestal -dentro del estilo verdiano- se adecua en todo momento al texto, y la coral, con un entramado consistente, refleja con brillo esa convicción.

Las cuatro voces solistas y el coro a los que confió los textos religiosos se conjugaron en todo momento con la Sinfónica, que si bien ocupó el primer plano del proscenio, no incidió en el equilibrio sonoro general. Coro y solistas alcanzaron, asimismo, momentos de magnífica conjunción.

Vigor dramático

Ello se percibió desde el comienzo conjunto, que se inició con un pianísimo de particular efecto dramático al ampliarse las voces en un crescendo operístico que desembocó en el Kyrie . Los golpes de timbal que preludian el siguiente Dies Irae , de carácter terrible, y las voces exaltadas del coro proclamando el Día de Ira se vieron refirmados por los sones de las trompetas. Una y otra vez reaparecerían estas palabras, como en Rex Tremendae , vaticinando el fin de los tiempos, o implorando piedad, con un efecto sobrecogedor, plenamente logrado.

Las voces solistas se vieron más favorecidas en los registros femeninos. Particularmente en el caso de Mónica Ferracani, de hermoso color vocal, que no desdibujó su calidad en las tesituras más agudas y las mayores intensidades, en las que se sobrepuso al caudal orquestal y coral conjunto.

También resultó interesante la intervención de la mediosoprano Alejandra Malvino, particularmente en los fragmentos solísticos, como el Liber scriptus , si bien algo contenida en su expresión, pero siempre afinada en toda la extensión del registro. Fue meritoria la actuación del tenor Carlos Vittori, si bien se lo oyó algo exigido en las notas agudas del Ingemisco , y el bajo Tamás Szüle, no obstante eficaz en Tuba Mirum , junto al coro,tuvo en Confutatis un rendimiento algo inferior a lo requerido por la partitura verdiana, siempre consistente en lo referente a esa cuerda.

El cuarteto de solistas tuvo eficaz desempeño en Lacrymosa , uno de los momentos antes apuntado sobre la feliz combinación de aquéllos con el coro. Y en Domine Jesu (casi operístico) el rendimiento de las cuatro voces fue sumamente equilibrado.

Otro de los momentos logrados del Réquiem fue la fuga a dos coros en el Sanctus , por el vigor conjunto de coro y orquesta que alcanza dimensión sinfónica, y el Libera me , para soprano y coro, que contiene una gran fuga final, de estremecedores acentos que el sector de bajos del coro repite una y otra vez ( "Dies irae, dies illa..." ) y la soprano Mónica Ferracani supo transformar en dulce ruego, con sutil modulación de su voz en el "Libera me..." final, con los atenuados ecos del coro.

El ejemplar homenaje al genio de Verdi tributado por la Sinfónica en el Auditorio de Belgrano evidenció así un alto nivel de rendimiento interpretativo, lo cual ejercerá sin duda un efecto tónico en los vaivenes de la temporada musical de este año.

Héctor Coda

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