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Murió Jorge Novak, obispo de Quilmes

Martes 10 de julio de 2001

Quien pretenda revisar la historia de la Iglesia Católica en la Argentina durante los años de desencuentro y frustración que siguieron a 1976 no podrá, en ningún caso, prescindir de la conmovedora y aguerrida figura del obispo Jorge Novak, que ayer entregó su alma a Dios a los 73 años, cuando estaba próximo a cumplir sus bodas de plata como titular de la diócesis de Quilmes.

Monseñor Novak murió ayer a las 4 de la mañana en el Sanatorio Modelo de Quilmes, donde había sido operado días atrás por un tumor en el estómago. Fervoroso defensor de los derechos humanos, incansable predicador del Evangelio -que él interpretó siempre como un mandato que obligaba a practicar la solidaridad con los pobres y desamparados-, Novak fue uno de los pastores católicos argentinos que asumieron con fervor visceral, en los años 70, las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

Por la firmeza indoblegable con que enfrentó al gobierno de facto instaurado el 24 de marzo de 1976, su nombre se hermana con el de otros prelados argentinos de su misma generación, como el desaparecido Jaime de Nevares y el hoy obispo emérito Miguel Esteban Hesayne, titulares de las diócesis de Neuquén y Río Negro, respectivamente. Como ellos, Novak logró que su diócesis fuera un baluarte de la lucha contra los abusos perpetrados desde el poder en el contexto de la represión antiguerrillera.

Nadie podrá decir jamás, sin embargo, que el obispo de Quilmes fue complaciente con los violentos y los subversivos. Al contrario, abominó siempre de la violencia en todas sus manifestaciones y fue un apóstol infatigable de la causa de la paz, la misericordia y el amor al prójimo. "La violencia -dijo más de una vez- es antievangélica, sólo sirve para engendrar nuevos odios y deja siempre sin resolver los problemas de fondo." Demostró su lealtad a esos principios cuando condenó severamente, muy poco después de que se produjera, el ataque al regimiento de Tablada.

La comparación con Nevares y Hesayne surge del ardor con que los tres se enrolaron en la línea más enérgica y radicalizada del progresismo posconciliar, pero sus métodos, pensamientos y concepciones pastorales no fueron iguales. Cada uno de ellos le imprimió a su gestión diocesana un estilo diferente, un sello propio intransferible, que tornaría falsa, aventurada, cualquier equiparación.

Los grandes rasgos de Novak fueron la sobriedad, el rigor, la austeridad. Por su rectitud, pagó un alto precio cuando los catequistas de su diócesis fueron calumniados y agredidos, a veces salvajemente, por los represores de turno. Pero ni la barbarie ni la persecución injusta consiguieron alterar la serenidad interior del obispo de Quilmes, que mantuvo su calma ante las más aberrantes situaciones, sin dejar por eso de ejercer en todo momento la férrea defensa de su gente, de quienes lo acompañaron siempre con fidelidad en el servicio apostólico, en la adhesión inconmovible a las grandes causas que conforman el núcleo de la doctrina de Cristo.

Trayectoria

Nacido en 1928 en San Miguel Arcángel, provincia de Buenos Aires, Jorge Novak era muy joven cuando ingresó en el seminario de los padres del Verbo Divino, de Rafael Calzada, donde hizo sus votos perpetuos como religioso en 1953. Al año siguiente fue ordenado sacerdote. Completó sus estudios en Roma, en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde se doctoró en Historia de la Iglesia.

En agosto de 1976 Pablo VI lo designó primer obispo de Quilmes, responsabilidad que ejerció durante casi un cuarto de siglo, con el acento puesto en la fidelidad a la opción preferencial por los pobres a la que convocó el Concilio Vaticano II. Sus documentos y homilías repercutían profundamente en la comunidad católica.

Entre 1997 y 2000 presidió la Comisión de Pastoral de la Salud del Episcopado. En 1982 contrajo en Costa Rica una enfermedad que lo mantuvo paralizado, pero pudo recuperarse casi totalmente. Cofundador del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, del que fue copresidente hasta su muerte, en el año 2000 publicó un libro que tuvo una cálida acogida. Su título lo dice todo: "Esto no es marxismo, es Evangelio".

La injusticia social y el drama del desempleo lo obsesionaban. "Asistimos a una de las peores opresiones contra la familia obrera: su exclusión del mundo del trabajo, que la condena a una situación colindante con la peor de las esclavitudes", dijo hace apenas dos meses. Y agregó: "La sociedad democrática no debe esperar a que aparezcan estallidos sociales para hacer justicia con el trabajador".

Sus mensajes pastorales por Radio Provincia, las marchas por la solidaridad que solía encabezar, su constante defensa de la familia, su militancia en favor del ecumenismo y el diálogo interreligioso, entre tantas otras manifestaciones de su fervor apostólico, son parte de un legado que difícilmente se borrará de la memoria colectiva, sobre todo en la zona sur del Gran Buenos Aires, a la que consagró lo mejor de su energía espiritual.

La misa exequial y el sepelio

Los restos del obispo de Quilmes, monseñor Jorge Novak, serán despedidos hoy con una misa exequial presidida por el Nuncio Apostólico, monseñor Santos Abril y Castelló, en la Catedral de Quilmes, y luego será sepultado en la misma sede religiosa. Según informó el Obispado, la misa de despedida será a las 19 en la Catedral, ubicada en Rivadavia y Mitre de esa ciudad del sur bonaerense, tras la cual sus restos serán sepultados allí mismo, junto a los del obispo coadjutor, Gerardo Farrel.

Por Bartolomé de Vedia De la Redacción de La Nación

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