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Un neurólogo argentino con fama mundial

Se trata del profesor Roberto Sica, que ocupa un cargo nunca alcanzado antes por otro médico local

Sábado 28 de julio de 2001

Por primera vez, un argentino fue elegido uno de los cinco directores de la Federación Internacional de Neurología. Es el doctor Roberto Sica, jefe de la División Neurología del hospital Ramos Mejía.

Sica, de 60 años, se convierte así, al mismo tiempo, en el primer latinoamericano que accede al cargo de director de la Federación, una entidad fundada hace casi 60 años e integrada por unos 25.000 neurólogos de 110 países. Los otros cuatro directores, que ocuparán la posición durante los próximos cuatro años, son neurólogos de Japón, Australia, Holanda e Inglaterra.

"Por favor, no destaquen mi persona -dijo Sica al recibir a LA NACION en su sencillo despacho del hospital Ramos Mejía-. Esta decisión de la Federación Internacional de Neurología no es mérito de una persona. Se debe al alto nivel de la neurología argentina, que, pese a todos los problemas del país, es la principal de América latina.

El profesor Roberto Sica, con el fondo del hospital Ramos Mejía
El profesor Roberto Sica, con el fondo del hospital Ramos Mejía. Foto: Julián Bongiovanni

"El hecho de que un neurólogo argentino ocupe un puesto de dirección -agregó- significa un acceso bastante más directo a las actividades de la Federación. Pienso que esto permitirá a la Sociedad de Neurología Argentina acceder a los diferentes comités que la integran y facilitar la integración de nuestros especialistas allí."

Novedades en el frente

Roberto Sica fue elegido durante el último Congreso Mundial de Neurología, realizado recientemente en Londres, Inglaterra. El especialista argentino indicó que durante la reunión quedó confirmada la importancia que otorga la neurología mundial a la experimentación en terapias génicas. "Todavía no se utilizan en ninguna enfermedad humana -aclaró Sica-. Pero éste era un camino impensado hace diez años. Y hoy existe."

El neurólogo explicó que sobre la base de la existencia de células multipotenciales en el sistema nervioso central del adulto, que pueden migrar a distintas zonas del cerebro, es posible pensar -al menos, teóricamente- en terapias capaces de hacer que esas células se dirijan hasta el sitio del cerebro deseado y se diferencien en células adultas con la misma función que la de aquellas que se perdieron como consecuencia de alguna enfermedad.

"En Parkinson, por ejemplo -ilustró Sica-, la lesión principal está en la vía nigra del cerebro. La idea sería dirigir células totipotenciales a esa zona, y hacer que se conviertan en células dopaminérgicas. Esas son las que están en la sustancia nigra y producen el neurotransmisor que falta en los enfermos de Parkinson. Algo similar, aunque más complejo, podría aplicarse en el Alzheimer, donde están involucrados varios tipos de células cerebrales. En la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), el desafío sería reemplazar las células motoras dañadas. Y en la esclerosis múltiple, reemplazar oligodendrocitos , un tipo de glía, la célula nerviosa que sirve de sostén y nutrición, y que es la que se lesiona en esta enfermedad."

Para Sica, sin embargo, hay un gran desafío: conocer el origen de estas enfermedades. "Si no atacamos la causa inicial -dijo-, las nuevas células nerviosas sanas también se enfermarán."

Otro aspecto importante de la reunión mundial de neurólogos, dijo el doctor Sica, es la reconceptualización del concepto de rehabilitación. "Hoy está más que confirmado -dijo el experto- que el cerebro adulto lesionado, por ejemplo debido a un accidente cerebrovascular, es capaz de readaptarse y que cuando se afecta un área, otras comienzan a activarse y al cabo de un tiempo son capaces de compensar gran parte de la pérdida producida por la lesión."

Esta posibilidad, basada en la plasticidad cerebral, hace que los tradicionales tratamientos rehabilitadores, basados en algunas sesiones semanales durante un lapso corto, deban convertirse en continuos y permanentes. "Es el único modo de restablecer una función. Y esto tiene beneficios médicos, sociales y económicos", dijo Sica.

Por otra parte, el especialista indicó que otra línea de investigación que hoy despierta interés es la aplicación de factores tróficos para el tratamiento de las enfermedades neurológicas que más preocupan. Estas sustancias, de las que se conocen algo más de 35 -la primera fue descubierta por la científica italiana Rita Montalcini, en la década de 1940-, son producidas naturalmente por el cerebro y mantienen saludables a glías y neuronas.

"La idea -sintetizó Sica- es que mejorando la nutrición de las células se podría retrasar su muerte. La clave pasa por conseguir formas de administración que alarguen la vida útil de estos factores una vez introducidos en el organismo. Se experimenta con cápsulas de liberación prolongada y con ingeniería genética: lograr que una célula del organismo sea programada para fabricar algún factor trófico neuronal y reintroducirla en el sistema nervioso del paciente."

Los trabajos y los días

El doctor Roberto Sica, profesor titular de Neurología de la Universidad de Buenos Aires, está casado con Sigrid Cremerius, de ascendencia alemana, médica hematóloga del hospital Castex, de San Martín.

El matrimonio tuvo tres hijos: Demián, de 36 -"se llama así por Hermann Hesse", explica el neurólogo-; Darío, de 34, y Diana, de 33. El mayor es ingeniero agrónomo, el segundo no es egresado universitario y se dedica a actividades agrarias y la menor es abogada. Sica tiene siete nietos: cuatro varones (Agustín, Julián, Facundo y Matías) y tres niñas (Florencia, Julieta y Rocío).

Escribió cinco libros, más de 170 artículos científicos y 30 capítulos de libros de su especialidad.

El doctor Sica residió en Canadá y en Inglaterra. Durante 17 años tuvo un subsidio especial de la Organización Mundial de la Salud.

Actualmente, el profesor Sica dirige la División Neurología del hospital Ramos Mejía, de Buenos Aires, centro de referencia nacional para epilepsia, miastenia gravis, Parkinson, Alzheimer, cefaleas, demencias, enfermedades cerebrovasculares y esclerosis múltiple.

Gabriela Navarra

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