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Universidad: una elección vinculada con la autorrealización y la salida laboral

Estudiar una carrera después de los 30

Cultura

En el país son 160.000 los universitarios mayores que vuelven a las aulas para buscar un título

Alejandra Veloso Trigo es profesora de Historia en cuatro escuelas medias. Tiene 36 años y aprovecha las mañanas, mientras su hija va al colegio primario, para estudiar. Cursa la licenciatura en Historia -una carrera de dos años abierta a graduados terciarios- en la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref).

"Me recibí de profesora a los 25 años y mi aspiración era entonces casarme y trabajar en la escuela. Lo hice, pero la licenciatura siempre estuvo en mi mente", contó a LA NACION. La apertura de la Untref a pocas cuadras de su casa, en Caseros, la decidió: "En 1997 me anoté en una materia de la licenciatura para probar, junto con otras compañeras de trabajo. Empecé con miedo, porque no conocía el nivel de exigencia y no sabía si iba a poder con todo".

Hoy le faltan cursar dos seminarios para recibirse. "La universidad me ayudó como persona, me vinculó con gente que sabe más; es un ambiente que incentiva", afirmó, y aseguró que se siente cómoda con sus compañeros, en su mayoría de su edad y docentes. "Somos más conscientes del estudio y lo tomamos como algo personal", dice.

En el país, los estudiantes mayores de 30 años que asisten al nivel superior son casi 160.000 y representan algo más del 10% de los universitarios. Aunque la cifra se mantuvo casi estable en los últimos años, la apertura de la educación universitaria a distancia y las carreras que permiten a graduados terciarios completar una licenciatura en pocos años, como la que cursa Alejandra, están impulsando cada vez a más adultos a las aulas.

Para ellos, la universidad es una verdadera elección. Quienes deciden retomar una carrera interrumpida o hacer sus primeros pasos en las aulas universitarias después de cumplir los 30 llevan una carga más pesada que sus compañeros recién salidos del secundario: un trabajo y una familia.

Eso le sucedió a Daniel Cardozo, de 34 años. Hace un mes se recibió de profesor de Historia en la UBA, carrera que empezó en 1989. "Nunca dejé de cursar, pero tuve que hacerlo muy lentamente porque trabajaba en una fábrica de 7 a 16 y tengo un hijo", contó a LA NACION.

Hace tres años comenzó a manejar un comercio, lo que le dejó más tiempo libre. Ahora, aspira a "buscar horas como profesor e integrarme en un equipo de investigación". Además, quiere completar su tesis para ser licenciado.

Cuando personas como Alejandra y Daniel explican por qué se decidieron a estudiar, en todos aparece una sensación clara de realización personal más que la búsqueda del crecimiento laboral. Por eso no están apurados por recibirse y, al contrario, cursan las materias a su propio ritmo, casi saboreando despacio la experiencia.

En general más aplicados que sus compañeros recién salidos del secundario, los mayores de 30 diseñan complicadas estrategias para estudiar, una actividad que suele ocuparles las madrugadas, las noches y los fines de semana.

Según las estadísticas de la Untref, el promedio de edad de sus 1160 estudiantes es de 30 años, cifra que asciende a 38 si se consideran sólo las carreras de "complementación docente", como Geografía e Historia. Allí estudia Javier Gómez, de 36 años, quien optó por Administración de Empresas. "Lo hago por aspiraciones personales de realización", afirmó a LA NACION un rato antes de rendir un final. Javier trabaja en el área de ventas de una empresa financiera.

Lleva un buen ritmo de estudio y está terminando su tercer año. "Elegí esta carrera porque es versátil y te permite desempeñarte en distintos ámbitos", y aspira a que el título universitario lo ayude a "desarrollar una actividad propia", explicó.

Interés por el conocimiento

En la Universidad de Buenos Aires (UBA), unos 25.000 estudiantes tienen más de 30 años (alrededor del 11%), una cantidad que en promedio se mantiene casi sin cambios en los últimos tiempos, según contó a LA NACION la secretaria académica, Alicia Camilloni.

Para Camilloni, estos estudiantes responden a ciertos perfiles definidos: "Los que ya tienen un título y cursan su segunda carrera; los que tienen estudios terciarios y los completan en la universidad; las mujeres que retoman tras haber tenido sus hijos, y los alumnos que trabajan y prolongan el estudio hasta después de los 30".

La más elegida

Filosofía y Letras es un caso aparte. Allí, casi el 30% de sus 13.000 estudiantes tiene más de 30 años. La vicedecana, Marta Souto, despliega los números ante LA NACION y agrega datos: "A eso hay que sumar que el 68,5% es población femenina y que el 71,8% de nuestros alumnos trabaja".

Según Souto, las razones de este perfil particular incluyen una motivación por el conocimiento a la hora de optar por una carrera, que prevalece en los adultos o en quienes ya tienen un título.

"Las carreras que dictamos, como Letras, Historia o Artes, son cursadas por personas interesadas en el estudio, la investigación y la docencia. Cuando un alumno las elige no está buscando directamente una inserción profesional, aunque estas carreras la tienen, sino que está motivado por el conocimiento", dijo la vicedecana.

En números

En Europa: en España, el porcentaje de estudiantes mayores de 30 años alcanza el 9,24%, y sigue en aumento. Sin embargo, todavía no alcanza al Reino Unido, donde la cifra ronda el 50%.

Humanísticas: en la UBA, las facultades de orientación humanística reúnen la mayor cantidad de estudiantes mayores. Además de Filosofía y Letras, las estadísticas incluyen Psicología (20%), Derecho (18%) y Ciencias Sociales (13%). En este grupo aparecen, además, Agronomía (uno de cada cinco alumnos) e Ingeniería (16%).

Cifras más bajas: las carreras con menor cantidad de alumnos de más de 30 años son Odontología (10%) y Arquitectura (8%). .

Por Raquel San Martín De la Redacción de LA NACION
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