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TV y libros: ¿nada que ver?

Los dos responden a la ley del mercado: lo que más vende no siempre es lo mejor, coinciden tres especialistas en ambos temas

Domingo 17 de septiembre de 2000

"Comprarás lo que puedas vender; exhibirás lo que vendas. Y uno que otro que te guste aunque no se venda, porque por algo es tu librería y no la de otro." Nobleza obliga, este fragmento de "Memorias de un librero", de Héctor Yánover, fue el disparador de una idea. En días en los que se habla de la "TV basura", la confesión de un librero es la llave que abre un pensamiento, porque -palabras más, palabras menos- la frase puede ser equivalente a la de cualquier gerente artístico de la televisión: "Programo lo que la gente quiere ver. Si no se ve, no vende, y si no vende, no sirve. Y de vez en cuando pauto algo que me guste para ganar un Martín Fierro".

Podría suceder que a la pantalla chica y a las librerías les pase lo mismo y, sin embargo, no se ha acuñado, por ejemplo, el concepto de "libro basura". Tal vez porque, en general, se tiene al libro como sinónimo de cultura y a la televisión como vehículo de anticultura. O mejor: el libro es un objeto de prestigio que se exhibe y la televisión es tal vez un desprestigio que si, se consume, se oculta.

"La gente confunde -dice, como si no dijera nada, Héctor Yánover, con el respaldo de su biblioteca de pared a pared-. La gente cree que el libro es cultura cuando el 80 por ciento de los libros es basura." Así comienza una charla cuando el que tiene algo que decir no calla. Osvaldo Quiroga, Cristina Mucci y Héctor Yánover habitan dos mundos: el de los libros y el de la televisión. Los tres tienen algo que decir y los tres hablaron con La Nación .

El dedo en el best seller

La lista de best sellers es a los libros lo que el rating a la televisión. En estos días, en el rubro "Novela, cuento y poesía", los más vendidos son:

"Harry Potter y la piedra filosofal", de J. K. Rowling.

"Don José", de José I. García Hamilton.

"Amarse con los ojos abiertos", de J. Bucay y S. Salinas.

"Harry Potter y el prisionero de Azkaban", de J. K. Rowling.

"La última confesión", de M.West.

"La ignorancia", de Milan Kundera.

En el rubro "Ensayo, biografía y varios", figuran:

"La resistencia", de Ernesto Sabato.

"No seré feliz pero tengo marido", de Viviana Gómez Thorpe.

"¿Quién se ha llevado mi queso?", de Spencer Johnson.

"Conocer a Dios", de Deepak Chopra.

"Manual del guerrero de la luz", de Paulo Coelho.

"Una extraña dictadura", de Viviane Forrester.

"Son los más vendidos, y salvo algunos -separa la paja del trigo Osvaldo Quiroga, de "El refugio de la cultura" (sábados, a las 20, por Canal 7)-, son los peores también. Paulo Coelho, que es un espanto, que es un mal escritor, es uno de los que más venden. Un tipo macanudo, por supuesto. "Harry Potter...", en cambio, es un producto popular e inteligente, como "La fiesta del Chivo". "No seré feliz pero tengo marido" es un libro tonto, de chimentos de alcoba, un libro autorreferencial sin el talento de Woody Allen."

Como librero y conductor de "La librería en casa" (lunes y sábados, por Canal á), Héctor Yánover asegura que la lista de best sellers no coincide con lo mejor de su librería. "Los best sellers conformaron un género que siempre está a la cabeza de las ventas. Vienen propulsados desde los Estados Unidos por una maquinaria infernal. No hay quien no se entere de que esos libros han aparecido. Se venden millones de ejemplares, luego se hacen películas y todos los diarios y revistas recogen las alternativas del escritor: dónde fue a bosquejar y pergeñar la historia general, cuánto de dinero le adelantaron y demás. Así que cuando aparece el libro es como que llega Papá Noel, tan esperado."

El sistema de promoción del best seller suena familiar. Hace meses que se habla del programa holandés "Big brother" ("El gran hermano", para los españoles), hace tiempo que se comentan las alternativas de "Survivor" ("Expedición Robinson", para los argentinos). Son formatos que se venden en el mundo gracias a la globalización televisiva. No hay quien no esté enterado de que se encierra a un grupo de gente para grabarlo ininterrumpidamente, o que se abandona a unas personas en una isla donde deberán sobrevivir. Todos los detalles se han ido anticipando y ya se presiente el rating del debut como resultado de esa ansiedad prefabricada.

Una intriga colectiva

Además de sus consideraciones acerca de los best sellers, Yánover asume ciertos problemas de gravedad con otro de los más vendidos: "A Paulo Coelho no lo puedo leer. Se me cae de las manos. Nunca he podido leer una página hasta el final. Comprendo que haya gente que se alimente ahí, y como se venden centenares de miles de sus libros he intentando leerlo varias veces porque quiero entender por qué se vende tanto. Y entonces tomo el libro decidido a leerlo y a la cuarta línea es como si me cortara con el filo de una Gillette, y a la séptima me digo: "¿Por qué tengo que leer esto?"

A estas alturas la TV no está sola. Atrevidos todos a quitarle algo de culto al objeto libro, no sorprende cuando Cristina Mucci, que desde 1987 está al frente de "Los siete locos"(jueves y domingos, por Canal á), marca sus diferencias: "Los más vendidos tampoco son para mí los mejores libros. Por ejemplo, Ana María Shua acaba de presentar "Botánica del caos", un libro precioso pero para exquisitos. Nunca lo vas a ver entre los best sellers. Ahora, la misma Ana María Shua escribe "El marido argentino promedio" y vende".

Y entonces no se sabe si es una cuestión de títulos o de contenido, o de ambos a la vez. Hace 16 años, en 1984, la miniserie "Historia de un trepador" tuvo a uno de los mejores malos de la ficción televisiva: Guillermo Francella en el papel de un detective siniestro. Ese personaje le valió al actor el ascenso de extra a reparto. El éxito le llegó luego, bajo los nombres "De carne somos" y "Brigada Cola".

Vendedores de ilusiones

Será que los nombres tienen su peso, será que cuando el hombre lee para soñarse -sin escalas- en una versión mejorada prefiere un título como "Manual del guerrero de la luz". Mucci se suma al grupo de intrigados por el furor de ventas de Paulo Coelho. Pero alcanza a revelar otro fenómeno: "Chopra a mí no me mueve un pelo, pero vi la industria que tiene alrededor. Cuando llegué al hotel donde habíamos convenido la entrevista no me dio la menor bolilla, no me registró. Se prendió la luz de la cámara y Chopra me miraba como si me amara. Hubo un corte. El tipo miró el reloj, preguntó cómo iba la venta de sus conferencias pagas. Le dijeron cuánto. Después se encendió la luz de la cámara de nuevo y me siguió amando, explicándome la trascendencia de la vida. Chopra es una industria".

La historia se repite. No es la primera vez que cuando se enciende la luz aparece el amor. Desde el ciclo de entretenimientos "Nico", en el que Nicolás Repetto jugaba telefónicamente con las concursantes, el actual conductor de "Sábado bus" sabe que la gente perdona. "El otro día te vi en la calle y sos muy antipático", le recriminaban, por caso, las participantes: el derroche de simpatía tamaño 20 pulgadas se contraponía a la sequedad de Repetto en la panorámica realidad.

La historia continúa y la lista de best sellers también. "De "Amarse con los ojos abiertos", de Bucay -prosigue Mucci-, directamente digo: "Eso no", y fijate en qué lugar está ubicado en ventas. "No seré feliz pero tengo marido" ni lo abrí. No tengo tiempo de ver todos los libros que me mandan. Por otro lado está "La fiesta del Chivo", uno de los mejores libros que han salido este año."

Revelaciones y copias

El libro de Vargas Llosa ya no está entre los más vendidos, pero lo estuvo una larga temporada. Y no sólo es un éxito de ventas, sino además un producto de calidad. El alma vuelve al cuerpo y, al menos, se comprueba que una buena historia siempre vende sea donde sea que fuere contada. ""Vulnerables" me ha parecido un programa maravilloso", comenta Quiroga, y gracias al grupo de psicoanalizados del doctor Segura la TV ofrece su propia contrapartida.

¿Cuándo un libro se aleja de la cultura? "Cuando está mal escrito, cuando está mal hecho, mal cuidado. No hay nada más asqueroso que un libro mal escrito -define Cristina Mucci-. A veces salen productos apurados. Para vender el tema del momento también salen porquerías."

Lo dicho vale para la televisión en términos de programas improvisados, presentadores que desconocen el uso del subjuntivo, ciclos que mal imitan el exitoso producto ajeno que sí está bien hecho. Y así como en la pantalla chica hoy rige el reality show, en el terreno de las letras parece que la moda también es dictadura: "Acá se abusó mucho de la novela histórica -explica Mucci-. Como es un género que vende o vendió, empezaron a buscar temas berretas: el romance de no sé quien con no sé quien, por una autora que ni sé quién es. Muchos libros se hacen por encargo, venden y saturan. Se llaman instant books porque los escriben en dos minutos para que no se termine la actualidad del tema. Cuando las editoriales ven una veta la siguen, como pasa en la televisión".

Marcas registradas

Mirtha Legrand, Adrián Suar, Mario Pergolini, Marcelo Tinelli son marcas. Las letras tienen las suyas: "Vargas Llosa es una marca. García Márquez también. Sabato es una marca más allá de lo que diga. Vende. Tiene un público fiel. Llegar a esa categoría es muy difícil", señala Mucci.

Milan Kundera es marca. "Es un autor para mucha gente", dice Yánover. Pero Kundera, que está en la lista de los más vendidos con "La ignorancia", no es el mismo de "La broma" y "La insoportable levedad del ser". "Ahora repite -explica Yánover-, repite el esquema, repite las situaciones. ¿Por qué? Porque él empieza a escribir por necesidad y sigue escribiendo porque es un negocio y porque el propio peso de su fama lo obliga."

Aparece la fuerza de la industria y los dos mundos, el de la televisión y el de los libros, vuelven a cruzarse. ¿Es que Mariano Grondona es el Milan Kundera de la TV? "Mariano Grondona está cambiando, está haciendo una televisión más frívola. Pero para mí es un periodista respetable. Quizás algo hay respecto de la fuerza de mercado que los obliga a ubicarse de una manera distinta de la que lo harían si no tuvieran la presión del rating, que es la presión de los anunciantes y la presión de la venta y del dinero", señala Quiroga.

La raíz de todos los males

"Quién es más de culpar, el que peca por la paga o el que paga por pecar", decía sor Juana Inés de la Cruz. Detrás de cada boom televisivo o literario están quienes compran y quienes detienen la marcha del control remoto. Detrás de cada decisión de programación de un canal y de la selección para la vidriera de una librería está el interés de los televidentes y el de los lectores.

Cuenta Yánover que Aldo Pellegrini, el pope del surrealismo argentino, una vez puso una librería para vender sólo poesía y ensayos sobre poesía. Le preguntó a Yánover a quién debía comprarle esos libros. El dueño de la librería Norte le dio los datos de las editoriales y, al final, le dijo: "Anotá también el teléfono de quien te va a vender Doña Petrona". Aldo largó una risotada. A los tres o cuatro meses sonó el teléfono en lo de Yánover. Era Pellegrini:"¿Me podés dar el teléfono para comprar Doña Petrona?", dijo. Yánover le contestó: "Bienvenido a la hermandad librera".

Nadie desea pelear contra molinos de viento, es decir, pretender reemplazar los géneros populares. "¿Cómo sería una programación ciento por ciento cultural? Sería un embole", se pregunta y se responde Cristina Mucci. Entonces, si la televisión tiene sus Chopra, sus Coelho -¿será Gelblung uno de ellos?-, sus Kundera, y si las librerías que lo tienen todo sólo venden lo que a estas alturas ya se sabe que venden, parecería que la batalla está perdida. Salvo que no se trate de que "Fugitivos", "Hablemos con Lía" y "Memoria" estén demás sino que otros productos están de menos porque no tienen quien los mire. Y como prueba está el exquisito "Historias debidas" (jueves, a las 23, Canal 7), que no sólo no hace 20 puntos de rating sino que a veces no logra sumar un punto.

"Tenemos diez años de frivolidad marcados a fuego. Si no se soluciona de fondo y profundamente el tema de la educación, tampoco vamos a hablar de vender los mejores libros ni de escuchar la mejor música ni de consumir la mejor televisión. Todo de fondo tiene que ver con la educación. Por eso el Estado tiene que invertir en educación y en cultura", dice un contundente Osvaldo Quiroga.

Mientas tanto, Cristina Mucci calla, pero sólo aguarda su momento:"Ahora no veo una disposición del Estado hacia la cultura, y la brecha va a ser cada vez más grande: los analfabetos por un lado y, por otro, la gente culta que accede, que lee. Hay una ley del libro que está guardada no sé en qué cajón de la Cámara de Diputados. En cambio, ahora se puso un impuesto que es un anticipo a las ganancias a los autores. ¡¡Los autores!! ¡¡Que cobran dos mangos!! ¿Por qué no sale la ley de mecenazgo? La única medida seria a largo plazo es la educación y la cultura. Ya lo decía Sarmiento y ahora de eso no se habla".

Son preguntas sin respuestas. Al parecer, de nada vale programar a la Filarmónica de Berlín en el horario central de la TV ni ubicar "Tierras de fronteras", de Héctor Tizón, en el lugar más privilegiado de la vidriera librera porque, como cita Mucci:"No se puede amar lo que no se conoce".

Hace más de quince años eran épocas de Sidney Sheldon. Y también de "Los autonautas de la cosmopista", de Julio Cortázar, de "Cuarteles de invierno", de Osvaldo Soriano, de "El capitán de ultramar", de Jorge Amado.

Eran épocas de "Porcelandia", sí. Y de "La señora Ordóñez", con Luisina Brando y Arturo Bonín, de "Cuentos para ver", de Beatriz Matar, de "Situación límite", de Alejandro Doria.

Eran tiempos en los que los españoles no vendían la versión castellana de un gran hermano holandés sino que hacían gala de su fuerza de impacto con "Los gozos y las sombras", "La barraca" y "Anillos de oro".

Hace más de quince años...

Miriam Molero

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