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Sacrificios que no acercan a Dios

Opinión

Por Abraham Skorka
Para LA NACION

Las postrimerías del siglo XX fueron testigo de un despertar religioso, tanto en Oriente como en Occidente. Tal como lo describió y analizó Gilles Keppel en su famoso estudio La revancha de Dios , paralelamente a la finalización de la Guerra Fría y al desarrollo de una realidad globalizada surgió un retorno a las prácticas religiosas en sus formas más tradicionales y, en muchos casos, a sus expresiones más fanáticas. La guerra que la humanidad sufre en estos días, aunque resultante de múltiples factores, es justificada por uno de los contendientes con argumentos religiosos. La inmolación de miles de individuos en los ataques suicidas del 11 de septiembre, los sufrimientos de muchos pueblos embarcados en esta nueva contienda, se los pretende justificar en términos de la voluntad divina. Por lo cual, el concepto de sacrificio, en las distintas religiones y civilizaciones, amerita ser analizado, para la mejor comprensión de uno de los dramas de nuestro tiempo.

Tanto en la concepción pagana como en la bíblica aparece el concepto de sacrificio. Desde los albores de la humanidad, cuando el hombre comenzó a buscar una presencia divina en su existencia, concibió la idea de que los dioses deben ser honrados mediante ofrendas dedicadas a ellos, los sacrificios. "Sacrificio" en el léxico bíblico se dice korban , vocablo cuya raíz es la misma que la del verbo que significa "acercarse": aquel que pretende hallarse cerca de Dios debe honrarlo mediante la entrega de alguna de sus posesiones. La Biblia prescribe todo tipo de ofrendas: para expiar transgresiones, de agradecimiento o simplemente al visitar el santuario para revelarse delante de Dios.

En el paganismo hallamos el concepto de sacrificio en el mismo sentido. Sócrates antes de su muerte, tal como se relata en el Fedón , le ordena a Critón sacrificar un gallo a Esculapio, en paga o agradecimiento a la deidad de la medicina, ya que mediante la muerte se libraba de todos los males de la vida. En ciertas culturas se desarrolló la creencia de que las deidades requieren las ofrendas para su alimentación. Resulta interesante enfatizar el hecho de que en culturas y civilizaciones tan distantes como las del Lejano y Medio Oriente, las precolombinas y las de Oceanía, es dado encontrar el concepto de sacrificio en los rituales del culto.

Sin embargo, hay una diferencia radical y profunda entre la visión bíblica y la pagana al respecto. El Dios bíblico, a diferencia de las deidades, no necesita del sacrificio. Es por una profunda necesidad del hombre de expresarse mediante ofrendas en su búsqueda de Dios, explica Maimónides ( Guía de perplejos , III, 32), por lo que la Torá le prescribe al pueblo de Israel la forma de entregarlas, e impone reglas a fin de marcar notoriamente diferencias sustanciales con las ofrendas que solían hacer los pueblos paganos a sus deidades. La plegaria es, en la concepción bíblica, el grado máximo de acercamiento al Creador.

En ciertos medios paganos, los sacrificios humanos, igual que ciertas expresiones sexuales aberrantes, formaban parte del ritual con que se honraba y rezaba a las deidades. De tal modo, se relata en Reyes II, 3:27, el rey de los moabitas sacrificó a su primogénito para invocar el favor de la deidad, en medio del fragor de la batalla. La Torá contempló la necesidad humana de relacionarse con su Creador mediante un acto de dadivosidad, pero prohíbe terminantemente ( Levítico 18:21) y califica de "abominación" los sacrificios de niños que solían ofrendar los antiguos habitantes de Canaán a sus ídolos ( Deuteronomio 12:31).

El resumen de la postura bíblica al respecto, numen y esencia del judaísmo, cristianismo e islam, lo hallamos en las palabras del profeta Miqueas (6:6-8): "¿Con qué me presentaré ante el Señor y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante ƒl con holocaustos [...], le daré mi primogénito por mi rebeldía, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, ƒl te ha declarado lo que es bueno y pide de ti: solamente hacer justicia, amar la misericordia y caminar con humildad junto a tu Dios".

La Biblia propone al hombre un credo que se sustenta en dos principios indisolublemente concatenados entre sí: el rechazo de todo culto pagano ( Guía de perplejos , III, 29) y la creencia en un Dios trascendente y absolutamente espiritual. De acuerdo con esta cosmovisión, la realidad de nuestros días, en la que se inmolan y son inmolados miles de personas, en la que la justicia es un artilugio manipulado por manos corruptas, la misericordia es una mera virtud proclamada pero no practicada, y la humildad, desechada, merece ser definida como absolutamente pagana.

Realidad pagana

El siglo XX se caracterizó por el surgimiento de ideologías a las que los pueblos rendían pleitesía, igual que a los líderes y partidos que las encarnaban. Se crearon mitos de pureza de raza, superioridad cultural, e ideologías que de por sí debían ser la panacea para todos los males sociales: a todos ellos se ofrendaron millones de vidas. La ironía fue tan grande, que al aborrecible asesinato de millones de judíos se le dio el nombre de "Holocausto", vocablo con que se designa el sacrificio que se hace quemando íntegramente en el altar el animal ofrendado a Dios. Una vez que los pueblos advirtieron la vacuidad de sus deidades, se rebelaron contra ellas y destruyeron sus efigies, sólo para volver a construir otras. La realidad pasada, tanto de Oriente como de Occidente, y la presente están conformadas por múltiples componentes y actitudes paganos.

De acuerdo con el salmista, la cercanía a Dios se logra a través de una invocación sincera, como dice el versículo: "Cercano está el Señor a los que lo invocan, a los que Lo invoquen con sinceridad" (145:18), y no con pretendidas ofrendas que en muchos casos no son más que una expresión de las más execrables pasiones humanas. .

El autor es rector del Seminario Rabínico Latinoamericano M. T. Meyer y rabino de la comunidad Benei Tikva.
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