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Sólo se difunde uno de cada diez casos de abuso sexual infantil

El 50% de las veces no existen signos visibles en los niños victimizados

Jueves 15 de noviembre de 2001
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LA NACION

Hay un mundo sórdido y sombrío que habitan por la fuerza los seres más vulnerables. Un mundo gobernado por la más patética de las ironías: aquellos que deben cuidar a los niños abusan de ellos. El abuso sexual infantil -de eso se trata- no pertenece sin embargo al terreno del descuido. Ataca, hiere y lastima, más allá del cuerpo, la dignidad del ser humano y es, según la Sociedad Argentina de Pediatría, una de las principales formas de maltrato infantil. Tan oculta a veces, que sólo uno de cada diez casos de abuso sexual infantil se dan a conocer.

"En la Argentina no tenemos estadísticas precisas, pero en los hospitales vemos cada vez más pacientes abusados", dice el doctor Gregorio Rowensztein, jefe de Consultorios Externos del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y secretario general del II Congreso Argentino de Pediatría General Ambulatoria, que se inicia hoy en Buenos Aires con la participación de unos 2500 pediatras argentinos y extranjeros. El tema tendrá su espacio entre las 120 actividades que incluye este encuentro científico, en el que se resalta el rol del pediatra como médico de cabecera de niños y adolescentes.

La historia se repite

"Quizá no se trate de nuevos casos de abuso -afirma Rowensztein-, sino de que los habituales ahora salen a la luz."

Definido como la implicación de niños o niñas en actividades sexuales destinadas a satisfacer necesidades de los adultos, "el abuso sexual se basa en tres pilares: abuso de poder, existencia de una persona vulnerable (en este caso un menor de 18 años y con una diferencia de cinco años de edad con el abusador) e intencionalidad del que abusa", explica la doctora Gloria Sacroisky, jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Tornú y miembro del comité científico del congreso.

En el abuso sexual no se repiten más que esas características. Por lo demás, pobres y ricos, jóvenes y viejos, vecinos y amigos, y hasta los propios padres se cuentan a menudo entre los autores de las vejaciones que, en el caso de estos últimos, llegan a violar aquella prohibición (el incesto) que constituye el fundamento del pasaje de la naturaleza a la cultura. Las consecuencias son graves, aún cuando otras leyes, las escritas en los libros de derecho, permitan separar al abusador del niño cuando existan sospechas de abuso.

La violación sexual, en sentido literal, es la forma más tremenda de abuso, pero "el manoseo, el mostrarse desnudo delante de los hijos, la pornografía, el hacer participar a los chicos de actividades sexuales de los adultos y, obviamente, la prostitución infantil también se consideran formas de abuso", dice la doctora Sacroisky.

La experiencia indica que la mayoría de los abusadores son hombres. En ocasiones, la historia se repite: las madres de niños victimizados frecuentemente pasaron por situaciones similares.

Marcas invisibles

Las marcas que deja el abuso sexual son cicatrices más enclavadas en la emoción y la mente, que en la fisonomía corporal: "Se traducen en disfunciones sexuales en la adultez, y problemas de relación interpersonal. Sobre todo porque la mayoría de las veces permanecen ocultas por años. Hay que pensar que en más del 50% de los casos no existen signos visibles del maltrato, que muchos chicos tienen vergüenza de contar lo que les pasa y que, en ocasiones, los adultos no prestan atención a frases como Mi papá me toca demasiado ".

La negativa de los adultos y el acumulado temor a contar esa verdad que duele produce a menudo la retracción de los chicos, aun cuando se han decidido a contarlo todo. Así, el problema se agrava, entrando en un círculo vicioso que tortura.

Como médicos de cabecera, "los pediatras están capacitados para detectar precozmente éste y otros problemas relacionados con el maltrato -afirma el doctor Juan Ursomarso, presidente del mencionado congreso-. La detección precoz es indispensable para evitar grandes secuelas." Después, el tratamiento es multidisciplinario e incluye la participación de pediatras, psicólogos, asistentes sociales.

Si bien es complejo prevenir a un niño de un abusador, "es importante enseñarles a los chicos que su cuerpo les pertenece; que pueden cerrar la puerta de su habitación para tener intimidad y, sobre todo, hay que tomar en cuenta algunos indicios físicos o de cambios de conducta que puedan hacer sospechar el abuso", explica la doctora Sacroisky.

A veces, el dolor que se vive en la penumbra no necesita ser expresado con palabras. Hasta los más pequeños pueden mostrar en un dibujo el tremendo secreto que llevan guardado. Hasta en eso pueden contar su verdad. Sólo necesitan que los mayores los escuchen y les crean.

Signos de alarma

Aunque el ocultamiento del abuso sexual suele ser una de las barreras con las que se encuentran los pediatras, existen signos de certeza (embarazo, contagio de una enfermedad de transmisión sexual, señales evidentes de violación) a los que se suman signos de alarma, como el incremento de fobias y miedos, la masturbación compulsiva (más allá de la autoexploración normal de los chicos), los trastornos del sueño y de la conducta, la enuresis agravada o repentina, las vulvovaginitis persistentes, las fugas del hogar e incluso los intentos de suicidio. "Esto no significa que por sí solos estos signos indiquen abuso, pero evaluados en conjunto pueden ayudar al diagnóstico y tratamiento del problema", dicen los pediatras.

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