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Loable iniciativa

Viernes 07 de diciembre de 2001

La crisis está entre nosotros e impone, a cada argentino, limitaciones e ineficiencias que resulta imposible superar individualmente. Se hace forzoso, pues, un gran trabajo mancomunado por medio del cual los habitantes de este país restablezcan las normas solidarias de la sustancia nacional. Sin excepción, nos hallamos en la obligación de aportar al éxito de ese implícito plan de reconstrucción y no hay duda de que casi todos lo harán, según enseña la historia, tan rica en ejemplos de pueblos que se alzaron ante el mal destino y consiguieron destruir las vallas que éste se empeñaba en erigir.

Por supuesto, no todos aportan en igual medida. Es natural y justo que cada cual lo haga de acuerdo con lo que puede y sabe, y también que dé más quien más ha recibido de la vida. La Alumni Foundation de Argentina (Alfa) ha concebido la noble iniciativa de potenciar capacidades individuales en la magna tarea de restaurar en el país el decoro, la prosperidad y las actitudes inteligentes que nadie habrá de negar como deseo para la patria.

Alfa reúne a 3200 profesionales que han estudiado en universidades extranjeras y que ahora, de regreso tras esa enriquecedora experiencia, desean contribuir con sus conocimientos y su visión del mundo al mejoramiento de nuestra vida comunitaria, ámbito en el que en su momento hallaron no sólo sustento afectivo, sino también las adecuadas condiciones intelectuales y formativas que les permitirían, más tarde, madurar en lo personal y en lo profesional mediante cursos que tuvieron la fortuna de poder seguir en algunos de los más afamados centros mundiales de estudio.

Esas personas pasaron por Cambridge, Oxford, Harvard, Columbia, Yale, Lovaina, la Sorbona y otros muchos lugares cuyo prestigio hace innecesarias las referencias y las enunciaciones elogiosas. Algunos acaban de hacer ese viaje en pos de la excelencia y son, por lo tanto, jóvenes; otros lo han hecho hace ya décadas y suman hoy, como es lógico, a los méritos de una prolongada trayectoria, la marchitez del rostro. Sus especialidades, por otra parte, abarcan las mil y una disciplinas del conocimiento actual, desde la técnica y las destrezas administrativas a los frutos siempre prometedores de la gran tradición científica y humanística.

En todos los casos, es mucho lo que pueden dar en cuanto a elementos activos capaces de actuar en beneficio de la sociedad argentina, esencialmente la experiencia, la formación académica y la visión del mundo de que pudieron imbuirse durante su fecunda ausencia. Desde distintas esferas, a partir de puntos muy apartados del mapa del saber, pueden acercar considerable ayuda al objetivo que se ha fijado la entidad: "contribuir al desarrollo académico, social, tecnológico y económico de la Argentina, con vistas a integrar nuestro país a la economía internacional".

Valen, ciertamente, las perspectivas que esa contribución abre en lo que toca a contactos, enfoques y actualizaciones. Pero no menos valen la intención solidaria, la voluntad de permanecer unidos al destino de la tierra en que nacieron. Muy grandes son los problemas que se afrontan en la hora presente y uno de los más graves riesgos que existen es que su dimensión e intensidad terminen ahogando no pocas iniciativas generosas que inevitablemente prosperarían en un trance favorable. Ojalá Alfa consiga romper, en su cometido destacado y aleccionador, ese círculo vicioso que porfía en rodear a la Argentina.

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