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Los treinta gloriosos

Por Julio César Moreno Para LA NACION

Miércoles 12 de diciembre de 2001

El siglo XX fue el siglo más sangriento de la historia, durante el cual se libraron dos guerras mundiales que dejaron un saldo de 37 millones de muertos la primera y 80 millones la segunda, además de la destrucción de media Europa. Fue también el siglo de los grandes genocidios (contra el pueblo armenio primero, contra el pueblo judío después), y de los grandes totalitarismos: Hitler y Stalin fueron los arquetipos de esa forma totalitaria de la modernidad que eclipsó las grandes conquistas de los siglos precedentes (la Ilustración, el liberalismo, la democracia).

¿De qué quejarse, pues, de esta "primera guerra del siglo XXI", si tiene antecedentes tan funestos como los mencionados? ¿Acaso el Holocausto o los bombardeos a Hiroshima, Nagasaki o Dresden no tuvieron una dimensión infinitamente mayor que el ataque a la Torres Gemelas o la represalia norteamericana contra el régimen talibán? ¿No hay una continuidad entre esta primera guerra del siglo XXI y las guerras del siglo pasado? El coronel Christoper Bourne, jefe de los marines que entraron en Afganistán, les dijo en su arenga: "Hace sesenta años los Estados Unidos fueron atacados en Pearl Harbor y nueve meses después los marines desembarcaron en Guadalcanal. Hace siete semanas nuestra patria fue atacada de nuevo, y ésta es vuestra Guadalcanal: ellos iniciaron esta guerra, ustedes la finalizarán".

Pero, además de un siglo de sangre y guerra, el siglo XX fue, en los intervalos de paz, una especie de nuevo siglo de oro, de prosperidad y progreso. Los "treinta gloriosos años" (1945-1975) parecieron cambiar el curso de la historia. Pese a la Guerra Fría, a la confrontación Estados Unidos-Unión Soviética, a múltiples guerras regionales (Corea, Vietnam), a los dolorosos procesos de descolonización en Africa y Asia (que están en la raíz de la actual crisis internacional), los "treinta gloriosos" parecieron constituir un nuevo punto de partida. Para Estados Unidos, Europa Occidental e incluso América Latina fueron los mejores años del siglo, aun en sus zigzagueos y recaídas (incluso sus regresiones políticas). El Estado social de derecho o el Estado del bienestar se convirtió en el nuevo paradigma universal, a cuyos pies se rindieron a fines de los años 80 la URSS y sus países satélites.

La pax argentina

La Argentina estuvo al resguardo de los grandes conflictos de la primera mitad del siglo pasado. La alternancia de radicales, conservadores y peronistas, de gobiernos de jure y de facto no alteró la fisonomía de un país que durante décadas gozó de los beneficios del aislamiento y la prosperidad. Los "gloriosos años" fueron en nuestro caso mucho más de treinta, y se terminaron con la violencia y el terrorismo de la década del 70 y posteriormente con la quiebra de nuestro Estado del bienestar, de esa sociedad equilibrada, con predominio de la clase media, que siempre fue.

El autor es licenciado en filosofía y periodista.

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