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Es récord el número de policías muertos

Durante lo que va del año fueron asesinados 55 efectivos de la Federal, casi un 60 por ciento más que los fallecidos en 2000
Ricardo Larrondo
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19 de diciembre de 2001  

La sucesión de muertes de policías en enfrentamientos, en los últimos tiempos, se ha convertido en una noticia de poco peso y eso deja al desnudo otra faceta peligrosa de la crisis social y económica que atraviesa el país.

Pocas veces en su historia, la Policía Federal perdió tantos efectivos como en este año. El triste récord alcanzó a 55 efectivos muertos y a 132 con heridas y mutilaciones.

Desde 1976, año en que la violencia alcanzó su punto más alto en la lucha contra la subversión, la fuerza federal no tenía tantas bajas. Muchos de los 59 oficiales y suboficiales -entre ellos el propio jefe de la fuerza, general de brigada Cesario Angel Cardozo- fueron víctimas mortales de la guerrilla.

En aquel año, el golpe más duro que soportó la fuerza ocurrió en el mediodía del 2 de julio, cuando estalló una bomba en el colmado comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal: la onda expansiva, el fuego y las esquirlas acabaron con la vida de 21 hombres y mujeres de la fuerza y dejaron más de 70 heridos y mutilados.

En 1871, epidemia y muerte

La policía, hasta ese entonces, no había tenido tantas bajas desde 1871.

Según dio cuenta LA NACION en sus ediciones de la época, a lo largo de aquel año murieron 54 efectivos, 32 de los cuales resultaron contagiados por participar de las tareas de atención y traslado de enfermos y de cadáveres que fueron afectados por la epidemia de fiebre amarilla.

Aquel mal fue tan terrible que obligó al entonces presidente Domingo Faustino Sarmiento a disponer un receso administrativo y parlamentario indefinido. En marzo de aquel año, la gran cantidad de muertos hizo necesario que se habilitara el nuevo cementerio de Chacarita: la epidemia dejó alrededor de 14.000 muertos.

Ahora, sin epidemia ni subversión por medio, el número de policías muertos en lo que va del año llegó a 55, según expresan los datos oficiales. Además, en comparación con 2000, la cantidad de policías asesinados creció casi un 60 por ciento, según las estadísticas del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

La última víctima mortal fue el cabo Gustavo Ortega, que murió anteayer, tras 24 horas de agonía. El último domingo recibió varios disparos en la cabeza, en el tórax y en uno de sus brazos, cuando enfrentó a tiros a cuatro delincuentes que intentaron asaltar un supermercado en Villa Devoto.

De esos 55 policías asesinados, 29 de ellos eran policías retirados, es decir, que no tenían la obligación legal de enfrentarse al delito, pero igual lo hicieron. Otros 15 policías fueron asesinados al resistirse a asaltos o al tratar de frustrar robos -generalmente perpetrados por dos o más ladrones a la vez- cuando salían o llegaban a sus domicilios, casi todos situados en el Gran Buenos Aires. Resta contabilizar los 11 policías que encontraron la muerte en enfrentamientos cara a cara con los delincuentes en la Capital.

Esto refleja que el delito no se detiene. Pese a que aún no hay cifras oficiales de este año sobre la cantidad de delitos penales que condenó la Justicia, los observadores se muestran escépticos respecto de que se detendrá la línea ascendente de hechos criminales en nuestro país. Según las estadísticas proporcionadas por el Registro Nacional de Reincidencia (RNR), entre 1999 y el 2000 las condenas a personas que cometieron delitos penales crecieron un 39%.

Más reincidentes en las calles

Otro factor que no hay que dejar de lado, según apuntan especialistas, es realizar modificaciones en la legislación penal para endurecer penas y reducir determinados beneficios procesales a quienes infringen la ley.

Pese a que en muchos países desarrollados -como los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Francia- cambios como los citados no erradicaron la delincuencia, pero sí pusieron freno a los delitos más violentos, en particular a los cometidos contra civiles y efectivos de las fuerzas de seguridad (ver infografía comparativa).

Hace pocas semanas, ante la preocupación de sectores de la opinión pública por esta serie de crímenes de policías, el presidente Fernando de la Rúa instó al bloque oficialista de la Cámara de Diputados a que reflotara un demorado proyecto del legislador radical Víctor Fayad.

Pocos días después, en el recinto se le dio media sanción a la iniciativa, que permitiría modificar el artículo 80 del Código Penal y aumentar a la pena a reclusión o prisión perpetua a quien asesine a un policía, tal como ocurre en los Estados Unidos y en otros países europeos.

Otro tema por analizar es quiénes, en general, son los que hoy matan a policías. Las estadísticas oficiales revelan que, a lo largo de este año, el 80% de los acusados y condenados por asesinatos de policías son reincidentes, muchos de los cuales ya han estado en la cárcel por delitos violentos.

Por lo que hoy, al ser sorprendidos in fraganti delito, sin medir los riesgos, prefieren enfrentar a tiros a la ley antes de volver a prisión. Lo que demuestra las fallas también del sistema penitenciario en la rehabilitación y recuperación de los detenidos.

Los reincidentes no sólo atacan y matan policías, sino también a civiles, sus principales víctimas, por lo que varios especialistas opinan que habría que revisar la legislación y actualizarla a los riesgosos tiempos que se viven.

El mismo RNR, en sus estadísticas de 1999 y 2000, reflejan que los reincidentes condenados en procesos penales crecieron casi un 34% y se cree que en las cifras de este año seguirán en forma ascendente.

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