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El fuego de las cantatas de Bach

Ultima sesión de la temporada de la Academia Bach de Buenos Aires, con comentarios y dirección general del maestro Mario Videla. Obra. Cantata BWV 76 "Die Himmel erzahlen die Ehre Gottes", de Juan Sebastián Bach, con la participación de los cantantes Mónica Capra, Virginia Correa Dupuy, Gabriel Renaud y Alejandro Meerapfel; Orquesta de la Academia Bach y Grupo de Canto Coral (dirección. (Néstor Andrenacci). En la Iglesia Metodista Central. Nuestra opinión: Muy bueno
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12 de octubre de 2000  

En cada cantata, o en cada una de las Pasiones de Bach, late el universo de su fe ardiente, que conforta y clarifica el alma del creyente. Pero, además, será imposible a todo aquel que las escuche sustraerse a la inspiración incesante de un mensaje en el que parece surgir la fuente, el fundamento de la música misma.

La última sesión del año de la Academia Bach reservó la Cantata 76 ("Los cielos proclaman la gloria del Dios") como testimonio de ese fuego perenne, cuya llama fulgurante ilumina el desacralizado paisaje espiritual de nuestro tiempo con fuerza inusitada.

El propio Bach explicitó de manera inequívoca el propósito de su nueva vida en Leipzig, en cuya iglesia de Santo Tomás debía inaugurar el oficio religioso con esta cantata, en el segundo domingo de Trinidad de 1723. Después de explicar estas particulares circunstancias, el maestro Videla, que une a su profundo conocimiento de Bach una apreciable amenidad al relato académico, leyó el acta de compromiso suscrito ese año por el flamante Cantor de Leipzig. Al asumir el cargo, entre sus numerosas obligaciones se proponía interesar a los jóvenes "no sólo en la música vocal, sino instrumental", y procuraría que su música "no suene de modo operístico sino que sirva a los fines de la devoción".Viejos recaudos surgidos ,quizá ,de la prescripción de San Pablo sobre la música en el templo para que ésta no procurara tan sólo halagar al oído.

Lo cierto es que, sea por la densa y rica trama armónica que Bach inauguró de esta manera en Leipzig, o por el magistral manejo de las voces corales y solistas, o por el imperio de la fe que llegaría a los asombrados oídos de la feligresía con nuevos acentos iluminando los textos religiosos, constituye esta Cantata destinada a la gloria divina una obra maestra de singular trascendencia.

Otro aspecto al que se refirió Videla es la manera de cumplir Bach con aquel propósito incorporando aquí algunas formas de la música instrumental, como el preludio y la fuga, a la música vocal de la cantata. También a la incorporación de instrumental a la orquesta de cuerdas, dos oboes, un oboe d´amore en la sinfonía que inicia la segunda parte de la cantata, así como una trompeta barroca, que confiere brillo a no pocos números de la obra, una viola da gamba, además del órgano. Los catorce números de que consta la obra, fragmentada en coros, recitativos y arias, fueron animados con certera unidad de sentido desde el podio.

Cupo al coro un papel destacado en la proclamación exultante de la gloria divina. En cuanto a los solistas, el tenor Reanud comunicó emoción en sus recitativos, si bien se lo notó exigido en la afinación en ciertas coloraturas, especialmente en el sector agudo. La calidad vocal y el fraseo de la soprano Mónica Capra en sus arias y recitativos acompañados alcanzaron niveles estimables de rendimiento, así como aconteció con la contralto Correa Dupuy en cuanto a la afinación y el en textos transidos de unción. Su arias y recitativos alcanzaron íntimo y grave carácter emocional.

Destacado, el barítono Alejandro Meerapfel interpretó con perfecta dicción y claro acentos, afinación y carácter, sus recitativos acompañados -excelente en el primer recitativo de la segunda parte- ("Que Dios bendiga al rebaño fiel..."), un verbo exaltado que Bach coloca a continuación de la sinfonía mencionada (que seguía, en el oficio, a la prédica sobre una epístola de San Juan).

La interpretación de esta obra tuvo en general buen ajuste y balance instrumental y coral, y hubiera sin duda contribuido al logro de una versión irreprochable una mejor afinación de la trompeta y una expresión más contenida de su línea melódica. Detalles aparte, la Academia Bach sumó en esta oportunidad un lauro de singular valor estético y espiritual a sus reconocidos logros en el pródigo año Bach.

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