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"No podía creer que no me hubiesen dejado morir"

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Resucitada: desde Noruega, habla la esquiadora sueca que revivieron tras permanecer 40 minutos bajo el hielo.

"No sé si fue un milagro", asegura. Pero después de que su caso apareció el viernes último en la prestigiosísima revista científica The Lancet -y que reflejó ayer La Nación - Anna Bagenholm, una joven sueca de 29 años, no sólo entró en la historia de la medicina sino que se volvió la presa favorita de los medios internacionales.

No es para menos: después de caer en un arroyo cuando esquiaba en las montañas de Noruega, quedó clínicamente muerta con una hipotermia de 13,7 grados centígrados. Nunca antes se había recuperado alguien de una condición así.

Los médicos que la atendieron coincidieron en señalar que fue casi un milagro. Ella simplemente está agradecida de haber podido volver a esquiar ("es mi única pasión", confesó), y de ir recuperando de a poco una vida normal, según aseguró a La Nación en el diálogo que mantuvo desde Noruega.

-¿Qué recuerda del tiempo en que estuvo congelada?

-¡Ningún túnel negro con luz al final, como me preguntan mis amigos! Creo que la naturaleza es muy piadosa, porque no recuerdo nada desde dos días antes del accidente hasta un par de semanas después. Mis compañeros me contaron lo que pasó, los médicos agregaron otro poco y finalmente armé mi propia historia, pero tuve una amnesia total que es bastante frecuente en estos casos.

-¿Era un camino especialmente peligroso el que recorría?

-Digamos que era de rutina. Yo busqué un trabajo como cirujana en un pequeño hospital ártico sólo para poder esquiar todos los días, así que mi vida eran esos paseos fuera de pista. Pero justo ése lo habíamos tenido que planear un poco más porque había que trepar bastante, con pieles de foca en la base de los esquíes.

-¿Qué sintió al recobrar el conocimiento?

-Muchísima bronca hacia quienes me habían salvado. Imagínese, estaba postrada en la cama, sin poder mover el cuerpo y sin ninguna seguridad de que esa condición no sería permanente. Ellos eran mis amigos, me conocían desde siempre y sabían lo importante que era el deporte y la vida activa para mí; no podía creer que no me hubiesen dejado morir.

-¿Y después?

-Por supuesto que me arrepentí muchísimo y les pedí perdón. Ellos entendieron, porque siendo médicos saben que es una reacción normal en el paciente. Y además, pronto comencé a recuperar el uso de mis piernas, aunque mis manos tardaron bastante más.

-¿Quiso volver a esquiar?

-Fue lo primero que quise hacer. Realicé un primer intento en octubre, pero por mis problemas neurológicos apenas si podía caminar. Desde entonces no paré, y hoy me deslizo con facilidad por la nieve. Incluso el fin de semana último estuve cerca del lugar del accidente.

-¿Se siente partícipe de un milagro?

-Siento que tengo un buen cuento para contarles a mis nietos y bisnietos, y me divierte ser yo misma un caso del Lancet, que siempre leía. Pero soy médica, por lo que lo tomo con una cuota de pragmatismo y, además, todavía tengo que luchar con algunas secuelas que no sé si algún día se van a ir. Denme un par de años y les diré si fue un milagro. Y como sé de las maravillosas montañas que tienen ustedes en el Sur, quizás hasta lo haga personalmente. .

Juana Libedisnky
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