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Chicos y animales, una experiencia que cura

Niños y adolescentes con problemas de salud mental aprenden el oficio de cuidadores, lo que los ayuda a integrarse y valorarse

Domingo 03 de febrero de 2002

Enrique tiene 18 años y un físico que muchos de los que pasan horas en el gimnasio envidiarían. "¿Qué fierros? -dice riéndose-. Es por levantar tanto a los lobos marinosÉ"

Enrique integra el equipo de cuidadores del acuario del Zoológico de Buenos Aires. Pero no es un muchacho común. Llegó allí hace un par de años, cuando durante su tratamiento en el Hospital Infanto-Juvenil Carolina Tobar García los especialistas pensaron que aprender una tarea nueva y estar en contacto con los animales lo ayudaría. Así se integró al programa Cuidar Cuidando, organizado desde hace once años por el zoológico y el hospital.

La idea es ofrecer un espacio nuevo a niños y a jóvenes internados o con tratamiento ambulatorio, con problemas psicológicos o emocionales que les dificultan establecer lazos e integrase.

"Al principio estuve dos años en el serpentario -recuerda Enrique-. Sí, tenía miedo, pero nunca tuve problemas con las víboras. Yo les daba de comer."

"Enrique logró mucho -explica Juan C. Vasen, miembro fundador de Cuidar Cuidando, médico psicoanalista y especialista en psiquiatría infanto-juvenil-. Tenía paralizada su capacidad de aprendizaje. Cuando empezó a venir al zoológico pudo aprender el oficio de cuidador de animales y establecer una relación muy buena con el cuidador que le enseñaba, quien lo estimuló para que aprendiera a leer y a escribir."

Parece magia. Pero no lo es.

Del otro lado de las rejas

Estos niños y jóvenes (de entre 8 y 21 años), que a menudo sufren patologías graves (psicosis, esquizofrenia, autismo, severos trastornos de conducta), reciben en el zoo un abanico de posibilidades. Visten el uniforme de cuidador y se convierten en aprendices de un oficio especial, que supone un gran desafío para la mayoría de los mortales: estar en contacto con los animales, pero del otro lado de las rejas.

"Los animales representan algo que les interesa y les gusta -dice Vasen-. El efecto es muy distinto del de trabajar con una mascota, un animal doméstico. Estos animales, en cambio, dan la posibilidad de entrar en relación con los aspectos menos domesticados de uno mismo, pero puestos en el otro. Poder intervenir sobre estos aspectos con el bagaje de conocimientos que le transmite el cuidador deja a los chicos menos vulnerables frente a sus propias ferocidades, que muchas veces, especialmente en este tipo de patologías, se vuelven autodestructivas."

Si bien la relación chicos-animales es un pilar del programa, no es menos importante el vínculo que establecen con los cuidadores, que se integran a la tarea por propia voluntad. "Los cuidadores son ubicados en un lugar admirado -dice Vasen-. No reciben ninguna capacitación especial. Lo que sirve es el trato directo que entablan con los chicos."

Sobran las anécdotas de cuidadores que recibieron regalos para el Día del Padre y de chicos a quienes el cuidador les organizó la fiesta de cumpleaños.

Aprendices con diploma

Actualmente, concurren unos 50 chicos y jóvenes (en su mayoría varones, por el tipo de tareas), pero han pasado por allí más de 200. Cuatro de ellos fueron contratados por el zoológico. Un caso es el de Enrique, el del acuario, que trabaja de 8 a 13, de lunes a viernes, y cobra 350 pesos.

"Enrique es un fenómeno -dice Marcos, cuidador del acuario-. Se incorporó muy bien, nos da una gran mano. Trabajé antes con Pablito, que también fue contratado. Sí, al principio me costó un poco. Uno los trata de igual a igual y a veces les cuesta seguir la indicación: barrer, limpiar, a nadie le gusta hacerlo. Pero se adaptan y responden muy bien."

Cuidar Cuidando es coordinado por la doctora Ana Papiermeister y cuenta con el apoyo del director del Hospital Infanto-Juvenil Carolina Tobar García, doctor Roberto Yunes. El programa tiene auspicio de la Unicef y fue declarado de interés nacional.

"Cuando los chicos alcanzan cierto rendimiento, el zoológico los incentiva con una beca de $ 50 si vienen dos veces por semana y de $ 100, tres veces -explica Vasen-. Eso tiene un efecto terapéutico muy bueno, porque los ubica en un espacio de trabajadores. Cuando salen se llevan un diploma de aprendiz de cuidador.

"Un indicador de la importancia -agrega Vasen- es que un alto porcentaje regresa a la escuela. Nuestra propuesta comienza cuando han salido de la crisis. Esto es como un puente entre el adentro y el afuera que les permite sentir protección y cuidado y, a la vez, adquirir confianza y desarrollar habilidades."

Vasen, como todo argentino, se lamenta al observar el panorama. "Cuando empezamos, en el 90, éramos mucho más optimistas -dice-, pero a partir de allí la desocupación fue un azote para todos, y más para estos chicos. En este aspecto, sin duda, quedamos por debajo de nuestras expectativas."

Por Gabriela Navarra De la Redacción de LA NACION

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