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Una afección de chicos y adolescentes: suele aparecer entre los 10 y los 13 años

En nuestro país, el tratamiento de la escoliosis muchas veces llega tarde

Ciencia/Salud

Según los especialistas, los problemas socioeconómicos hacen difícil el acceso a los tratamientos

Hasta no hace mucho, los pediatras que se encontraban ante una chica con escoliosis no dudaban en aconsejar a sus padres que la mandaran a practicar natación o a estudiar ballet. Existía la creencia de que estas actividades, muy saludables por cierto, enderezarían como por arte de magia la columna torcida.

Hoy, la creencia de que la escoliosis es resultado de la mala postura corporal ha caído en desuso, y aunque todavía no se logra comprender del todo cuál es su origen, los pediatras derivan a quienes la padecen a especialistas en esta afección que recurren a métodos altamente efectivos y cada vez menos agresivos para detener y, en muchos casos, hacer retroceder esta enfermedad que afecta al 3% de la población de 16 años.

Asignatura pendiente

Pero la posibilidad de frenar y de enderezar las columnas desviadas por la escoliosis depende en gran medida de qué tan temprano sean su diagnóstico y su tratamiento. Y es en este punto que nuestro país, a pesar de contar con centros médicos y especialistas de primer nivel, presenta una asignatura pendiente con estos chicos.

"Son muchos los casos graves que vemos aquí", confiesa el doctor Carlos A. Tello, jefe de la unidad de Patología Espinal del Hospital Nacional de Pediatría Juan P. Garrahan, que recibe pacientes derivados de todo el país. "Dadas las condiciones socioeconómicas de la Argentina, siguen llegando chicos que por lo avanzado de la enfermedad deben ser tratados quirúrgicamente, medida terapéutica que se reserva para los casos más severos".

Para Tello, lo que falla no es tanto el diagnóstico precoz, sino la posterior derivación del paciente para que el tratamiento se brinde lo antes posible. "Actualmente -explica- el inconveniente es la dificultad o incluso a veces la imposibilidad de acceder a los tratamientos por cuestiones socioeconómicas. Las condiciones actuales hacen que un padre que vive en Jujuy no pueda traer a su hija a tratarse a Buenos Aires o a algún otro centro urbano donde se ofrecen los tratamientos más complejos."

Sin embargo, este especialista es optimista en relación con la deficiente regionalización de la atención de la escoliosis. Desde el hospital Garrahan, cuenta, "hemos desarrollado una política educativa y formativa de becarios provenientes de diversos lugares del país, para que una vez de regreso en su medio hagan la detección y traten precozmente a sus pacientes".

Buscar y corregir

La deformación de la columna conocida como escoliosis suele ocurrir en la preadolescencia, generalmente entre los 10 y los 13 años, cuando los chicos pegan el estirón , y es mucho más frecuente entre las chicas que entre los chicos (hay ocho afectadas por cada varón).

"Durante la infancia y la adolescencia, que es cuando el chico está en crecimiento, su columna comienza a crecer en forma asimétrica (torcida) en vez de hacerlo con la forma que nuestro reloj biológico dispone: derecha", explica el doctor Tello.

El 80% de los casos de escoliosis responde a la forma llamada idiopática (un eufemismo que indica que todavía no se sabe cuál es su causa), mientras que el 20% restante es resultado de otras enfermedades, como la parálisis infantil o la poliomielitis.

"La única prevención que existe para la escoliosis es el diagnóstico precoz -afirma-, y para ello hay que ir a buscarla. Pero no sólo deben buscarla los pediatras sino también los papás."

La escoliosis se desarrolla lentamente y en silencio: no duele, no trae temperaturas altas y ocurre en pleno período de salud, la infancia y la adolescencia. "Se produce en esa edad en que las chicas comienzan a tener pudor y empiezan a estar cada vez más fuera de la vista de la mamá (se bañan y se visten solas); es decir, se dan todas las condiciones como para que pase inadvertida."

Finalmente, en la playa o en la pileta, cuando los papás notan algo raro en la columna de sus hijas, el problema puede ya estar bastante avanzado. "Los papás simplemente deben saber que la escoliosis puede existir -afirma Tello-, y para sospechar su presencia basta con hacer que los chicos se inclinen hacia delante, mirándolos de espaldas, para ver si hay alguna asimetría: si hay un hombro más bajo que otro, por ejemplo".

Ahora, una vez detectada la presencia de la escoliosis, el tratamiento a elegir depende de un par de factores. "En primer lugar, no todas las escoliosis progresan, algunas pueden quedar estancadas -apunta este especialista-; por eso, en las escoliosis leves a veces tan sólo hay que hacer un seguimiento del chico para ver si la deformación evoluciona. Hay que tomar siempre en cuenta si el chico tiene más o menos crecimiento por delante, porque en la medida en que haya mucho por crecer la deformidad puede aumentar".

En los casos leves y moderados en que al chico le falta crecer, se recurre a corsets que actúan como tutores, reencauzando el crecimiento de la columna. En los casos más graves, la indicación es la cirugía que, a través de elementos metálicos e implantes de hueso del propio paciente, busca estirar y corregir las curvas anormales.

"Con estos métodos se logra una columna estable, en la que no progresa el trastorno", asegura Tello.

Una posible explicación

  • "Tenemos muchas teorías, pero todavía no sabemos claramente por qué las columnas de los chicos con escoliosis comienzan a torcerse", reconoce el doctor Carlos Tello. Según este especialista, actualmente se cree que la culpa la tendrían ciertas alteraciones del sistema nervioso central que gobierna nuestra postura, simetría y reflejo; estas mínimas alteraciones causarían a su vez desarreglos hormonales transitorios que llevarían a la orientación anormal de la columna vertebral.
Por Sebastián A. Ríos De la Redacción de LA NACION
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