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La autoridad en la empresa

El arte de la jerarquía consiste en lograr resultados con los menores conflictos

Economía

Ejercer correctamente el poder significa cumplir con las funciones encomendadas

Hacer es uno de los motores fundamentales del hombre. Y como todos podemos hacer cosas, esto significa que todos tenemos poder porque para hacerlas necesitamos tener poder, aunque sea diferente y en distintas medidas. De una forma u otra cada uno de nosotros ejerce alguna manera de poder y ésta se convierte así en una necesidad básica de todo ser humano.

Hay quienes dicen que no tienen poder o que no quieren tenerlo. No es cierto. La cuestión es qué tipo de poder tenemos y cuál nos gusta.

Hay muchos tipos de poder y no todos significan que se pueda dar órdenes. A través de lo que se hace se limita e influye en la vida de otros y puede ser que ese poder nos permita dar órdenes a otros. Lo malo de todo esto es que el poder es un tema vergonzante. Si lo seguimos escondiendo seguirá pareciendo que es malo, que tenerlo es vergonzoso. En cambio si lo exponemos podremos mirarlo, podremos analizarlo y además definir mejor el poder que tenemos y la manera en que lo usamos.

Lo primero que hay que rescatar es que el poder no es malo. En el caso de una empresa, ejercer el poder adecuadamente significa cumplir con la función encomendada. Si el poder no es bueno ni malo, si es sólo un instrumento social, ¿por qué tiene mala fama? La cuestión es cómo sentimos que ha sido utilizado.

Cuando se pone bajo análisis alguna decisión que parece mala, encontraremos siempre que tiene un ángulo que le da su razón de ser. Entonces, ¿por qué se siente como mala? Quizá lo sea efectivamente, pero en general la cuestión es que quien la ve así, no quiere ver los aspectos que la hacen valiosa.

Los seres humanos tenemos una clara tendencia a tener celos o envidia de quien tiene más que nosotros. En el caso de quien tiene más poder que nosotros, se acrecienta si lo tiene sobre nosotros.

Sentimos un rechazo primario por quien tiene la potestad de decirnos qué debemos hacer. Algunos no aceptan ninguna autoridad.

Si miramos la cuestión del poder desde el punto de vista de quien lo ejerce, no cabe duda de que es fascinante. Si formamos parte de la jerarquía, nuestro pecho se ensancha y una sensación mayor nos invade.

Cuando el nivel jerárquico es mayor, sentimos que somos muy importantes.

El poder de esa importancia es el de la orden inmediata que se cumple. Es el dado con la seriedad que corresponde, aunque ese rictus de seriedad le haga daño a la salud como ya se ha demostrado. Quien lo tiene no sonríe, porque el poder "es una cosa seria".

Es natural que quien tiene poder alguna vez se equivoque y abuse de él, aunque tenga una poderosa razón para hacerlo.

De poco sirve envidiar el poder: quien lo mira desde afuera no sabe los precios que esa persona está pagando. De nada sirve abusar del poder: cada gusto que nos damos redunda en una nueva ineficacia.

El arte de la jerarquía es el de lograr resultados con el menor nivel de conflicto posible.

Nuestra costumbre de que "el hilo se corte por lo más delgado" es la aplicación de una vieja práctica poco útil.

Un manager tiene hoy que saber que coordina grupos de personas de buen o muy buen nivel de conocimiento y que no podrá ordenar qué hacer, pero sí alcanzar lo que se hubieren propuesto. Y que todo acto autoritario lo dejará satisfecho frente al espejo, pero le complicará los resultados.

El autor es consultor en management y recursos humanos. .

Por Jaime Maristany Para LA NACION
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