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El ruido en las aulas afecta la audición y el rendimiento escolar

Un trabajo de la Mutualidad Argentina de Hipoacúsicos alerta sobre el tema

Sábado 09 de marzo de 2002

Chicos desatentos, que pierden rápidamente el interés y se dispersan. Docentes agotados, con gargantas que al fin del día parecen haberse deslizado sobre un áspero campo de batalla.

El culpable de este escenario tan ingrato no es otro que el ruido, un reconocido factor de stress que irrita, aumenta la inseguridad y disminuye la concentración y, en el ámbito del aula, impacta negativamente sobre el aprendizaje y el rendimiento escolar.

Un estudio de la Mutualidad Argentina de Hipoacúsicos (MAH) realizado en 2000 sobre ruido de fondo de aulas en escuelas primarias de Capital Federal y Gran Buenos Aires determinó que sus niveles son notablemente superiores a los recomendados internacionalmente.

Foto: LA NACION

“Por esta razón –explica el ingeniero Horacio Cristiani, director de la MAH–. es que podemos considerar a estos alumnos en situación de riesgo educacional por fallas en el canal de comunicación que establecen con el docente. Esto impacta tanto en el aprendizaje como en la salud.

Para que la información verbal llegue a los alumnos en forma clara y completa la voz del docente debe superar al menos en 10 dB (decibeles, unidad logarítmica en que se mide el sonido) la relación entre la señal (voz del maestro o maestra) y el ruido.

“El problema –señala Cristiani– es que el ruido de fondo es de alrededor de 70 dB, 20 dB más que el recomendado. Entonces el docente, para ser escuchado, tiene que elevar la voz (casi a 80 dB), algo difícil de sostener mucho tiempo porque produce una gran fatiga vocal.”

La licenciada Mabel L. de Boffi, fonoaudióloga y coordinadora de Investigación y Docencia de la MAH señala que la fatiga, sin embargo, no es sólo para los docentes. En las aulas, los alumnos se exponen todo el tiempo a un ruido de fondo y a una voz que no demandan simplemente adaptación de su sistema auditivo (la adaptación es fisiológica y da tiempo a la recuperación del oído luego de los estímulos).

En aulas ruidosas, la estimulación que recibe el oído es intensa y continua, por eso la recuperación de ese noble sentido que nos conecta con el mundo circundante es más lenta y produce un desgaste neuronal. Es decir, fatiga.

Un trío peligroso

¿Cómo se compone ese ruido de fondo que amenaza el rendimiento y la salud en el aula? “Debemos considerar tres efectos que inciden en la inteligibilidad del mensaje que el docente desea transmitir –añade el ingeniero Cristiani–. Por un lado, la distancia entre el alumno y el docente. El siguiente factor es el ruido de fondo en el aula, que puede provenir de fuentes externas (calle, patios internos o externos) e internas, generado en el aula por los mismos alumnos, que en especial cuando son pequeños son especialmente ruidosos. El tercer factor que incide en el problema es la reverberación: el efecto producido por los rebotes de la onda sonora en paredes, piso, techo y todos los objetos del aula, que hace que el alumno no sólo reciba el mensaje hablado en forma directa, sino innumerables copias de ese mensaje, fruto de la reflexión sobre paredes y objetos del recinto. Este eco es sin duda muy atractivo en una sala de conciertos, pero no en un aula.”

Estrategias de solución

El ingeniero Cristiani demuestra preocupación por el tema. “En este contexto en que vivimos –afirma–, donde a veces los chicos tienen la mitad de días de clase de lo que deberían, parece pretencioso hablar de este tipo de cosas, pero si encima los pocos días de clase los tienen en condiciones no adecuadas, el resultado final es mucho peor.”

El especialista señala que el fenómeno estudiado del alto nivel de ruido en el aula se da especialmente en grandes centros urbanos y tanto en escuelas públicas como privadas, “aunque notamos que en las instituciones privadas que habían sido diseñadas arquitectónicamente con el objetivo de ser escuelas había mejores resultados porque tanto el diseño como los materiales utilizados eran apropiados. En las escuelas públicas, en cambio, especialmente si habían sido edificios destinados a otro fin y no se adaptaron o si se trataba de establecimientos muy antiguos, con techos muy altos, que generan un alto nivel de reverberación, y materiales de buena calidad, pero no aptos el ruido era superior”.

¿Soluciones? “Es fundamental elegir materiales sonoabsorbentes que disminuyen o impiden el eco –dice Cristiani– Son sustancias sintéticas que pueden aplicarse sobre el techo, el piso y las paredes que mejoren la aislación acústica. Las cortinas son también una forma de disminuir el nivel de ruido y un mejoramiento de la aislación de puertas y ventanas. Además, deberían programarse mejor los recreos y los horarios para garantizar que nunca un aula esté expuesta a un patio mientras los alumnos están en clase.”

Finalmente, el ingeniero Cristiani señala que la contribución de la MAH es sólo un estudio piloto y a pequeña escala para llamar la atención sobre las condiciones acústicas del aula, algo que parece no haber motivado demasiado interés hasta ahora.

“Ahora sería necesario el estudio de las condiciones acústicas de las aulas argentinas, que nunca se hizo a gran escala –agrega el experto–. Nuestros resultados están a disposición de funcionarios y todo aquel interesado en la cuestión.”

El problema no es solo argentino, ya que la investigación local se basó en trabajos realizados en los Estados Unidos, que hallaron altos niveles de ruido en las aulas y motivaron planes de mejoramiento de las condiciones acústicas en unas 300 escuelas.

“La idea es que las autoridades comprendan que así como importan ciertas condiciones sanitarias básicas en un establecimiento educativo, como por ejemplo baños e instalaciones limpias, también se debería exigir que las aulas tengan las condiciones acústicas adecuadas para la actividad educativa.”

Condiciones mínimas

“Así como importan ciertas condiciones sanitarias básicas en una escuela, por ejemplo baños e instalaciones limpias, también debería exigirse que las aulas estén acústicamente preparadas para la actividad educativa.”

Ing. Horacio Cristiani

Por Gabriela Navarra De la Redacción de LA NACION

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