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En la Argentina: la ingesta promedio es de 12 gramos diarios, pero no se recomiendan más de cinco

Alerta sobre el daño que provoca la sal

Ciencia/Salud

Si de salero en la mesa se trata, lo que abunda daña... y mucho. Según datos de la Fundación Cardiológica Argentina, en nuestro país se consumen en promedio 12 gramos por día (4 kilos por habitante por año), una cifra difícil de digerir si se toma en cuenta que la medida aceptable para prevenir la hipertensión arterial -un mal que en la Argentina causa 300 mil muertes anuales- es de 5 gramos diarios y que, para los pacientes hipertensos, la indicación es de apenas 2 gramos.

El tema no es menor, sobre todo si se considera que "disminuir en 3 gramos la dieta diaria de sal baja la presión sistólica (la "máxima") en 5 puntos y la presión diastólica (la "mínima") en 2,5 puntos.

Si esto ocurriera, dicen los expertos, en la Argentina se evitarían nada menos que 10 mil muertes anuales: "Bajar en 5 puntos la presión diastólica disminuye un 38% el riesgo de padecer un accidente cerebrovascular y un 16% el de sufrir un infarto de miocardio", afirma el doctor Jorge Tartaglione, vicepresidente de la mencionada fundación.

Las cifras locales indican que el 23% de la población es hipertenso, aunque la mitad desconoce su condición. Y un condimento que agrava la situación es que "si bien nuestro objetivo como brazo a la comunidad de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) es educar a la población para que disminuya el consumo de sal es importante destacar que las consultas en prevención primaria son pocas, porque la mayoría de los pacientes acude al médico cuando le duele algo. Además, según datos de la SAC, el 30% de la población no tiene acceso al consejo médico", afirma el cardiólogo.

Lo paradójico de la cuestión es que "la alta presión sanguínea se incluye entre los factores de riesgo modificables de enfermedades cardiovasculares, un grupo de patologías que ocupan el primer lugar entre las causas de muerte en nuestro país, con el 36% del total -relata la doctora María Inés Sosa Liprandi, vicepresidenta de la fundación-. La enfermedad coronaria, que ocupa gran parte de los casos, es multifactorial y sobre ella inciden los hábitos y las costumbres alimentarios".

El organismo humano recibe el aporte de sal necesario a través de la ingesta de los alimentos naturales y el agua. "El consumo de sal constituye un mal hábito adquirido que responde a pautas culturales perfectamente modificables", dicen los especialistas.

Por eso, uno de los pilares en la prevención de las enfermedades cardiovasculares son "las medidas higiénico-dietéticas, entre ellas, la disminución del consumo de sal".

Cloro y sodio

Un gramo de sal está compuesto por un 60% de cloro y un 40% de sodio. Si bien estas sustancias son necesarias para el organismo está comprobado que, en cantidad abundante, pueden dañar el aparato cardiovascular.

"El 39,4% de la cantidad de sodio que consumimos los argentinos la aporta el agregado de sal en la mesa, el 33% los alimentos manufacturados (por ejemplo panes, quesos, fiambres, caldos, leche en polvo, conservas), el 33% los naturales (carnes, algunas verduras como el apio, los palmitos, la zanahoria, la soja), el 10,6% los de repostería, el 6% el agua, y el 8% se reparte entre otros (papas fritas, maníes, arroz integral, copos de maíz)", dijo el doctor Tartaglione.

Según el especialista, "no sólo hay que evitar la cocción de los alimentos con sal y el agregado posterior, sino también consumir aquellos con bajo contenido de sodio (frutas y verduras) y utilizar aquellos cuyo rótulo indique que tienen bajo contenido de sal, ya que esto es importante tanto para los pacientes con hipertensión arterial como para la población en general, como medida preventiva".

Con respecto al agua mineral, "la Sociedad Argentina de Cardiología y la Fundación Cardiológica Argentina consideran bajas en sodio aquellas aguas que contengan menos de 10 mg por litro".

¿Y los productos dietéticos? "Dietético no significa sin calorías, sino que ese producto fue modificado respecto de su estado original -advirtió el cardiólogo-. Hay muchos alimentos dietéticos que tienen las mismas calorías que los comunes, como el pan de gluten o el chocolate diet."

Los productos sin sal también son dietéticos, "pero no son reducidos en calorías, por lo tanto para la prevención de las enfermedades cardiovasculares es de suma importancia que los productos estén bien rotulados o identificados en sus etiquetas para que el consumidor pueda elegir libremente el producto que desea según sus necesidades", agregó el especialista. .

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